¡La reelección, estúpido, la reelección!

El comportamiento político del PRM reprodujo los mismos vicios de la política y partidos tradicionales: No respetar los acuerdos firmados; decir una cosa y hacer otra; no ser transparente y llegar a acuerdos por debajo de la mesa con el adversario. Es el PRD con otro nombre.

¿Quién dijo que a Danilo Medina le preocupa que la recién aprobada Ley de Partidos Políticos incluya una cuota para las mujeres y para los jóvenes o que se establezcan mecanismos para fiscalizar la financiación de los partidos o que se incluya la obligación de rendir cuentas o límites para la duración de la pre-campaña y de las campañas electorales? A la facción de Danilo Medina, que estos temas estén en la ley de partidos no le quita el sueño porque al margen de lo que digan los textos legales, ellos harán lo que resulte de su conveniencia en el propósito de mantenerse en el poder por un nuevo periodo.

Cada movimiento que hace Danilo Medina y su facción está dirigido a crearle condiciones favorables al proyecto reeleccionista, a pesar del rechazo generalizado de la ciudadanía.

Por estas razones, la cuestión política clave para la oposición en toda la discusión de la ley de partidos era finalmente enfrentar y rechazar todo lo que pudiera facilitar o abrir puertas a una nueva reelección y propiciar todo lo que pudiera impedirla.

Derrotar la reelección sigue siendo una cuestión clave en la actual coyuntura. La reelección de Danilo Medina significa la continuidad de una facción voraz que lleva casi 8 años en la dirección del Estado, enriqueciéndose ilícitamente y, de forma irresponsable, endeudando el país. Para llevar a cabo su propósito, el presidente reeleccionista hará a su favor un uso intensivo de los recursos públicos y, además, llevará a la quiebra definitiva la menguada institucionalidad y legalidad democráticas del país. Por eso, todos los aspectos antes citados de la ley de partidos eran importantes, pero su aprobación carece de trascendencia si el precio a pagar era abrirle la puerta a la reelección pues ésta lo condiciona y corrompe todo.

Esa es la experiencia política de décadas en el país y sobre todo fue lo que sucedió en el recién torneo electoral de 2016 en el que precisamente Danilo Medina impuso su reelección. A pesar de que la ley electoral vigente prohíbe la compra de votos y cédulas, la utilización de dinero de origen ilícito, el uso de recursos del Estado o el financiamiento por empresas extranjeras, la vorágine de la reelección le pasó por encima a la ley y no hubo JCE, ni Ministerio Público que investigara y persiguiera la comisión de estos delitos penales electorales y mucho menos Poder Judicial que los castigara.

A Danilo Medina y su facción lo que le interesaba de la ley de partidos era que ésta le facilitara en su partido imponer su reelección. Por eso todo su afán se concentró en las primarias abiertas. Al dejar que sean las cúpulas partidarias quienes decidan el método de elección de los candidatos, y no los estatutos, la facción de Danilo Medina logró el aval de la ley de partidos para, valiéndose de su mayoría mecánica en el Comité Político y en el Comité Central aprobar las primarias abiertas, las que a su vez deberán ser organizadas por la JCE. Las primarias abiertas permitirán a la facción de Danilo Medina imponer en el peledé el proyecto reeleccionista con una intensa utilización de los recursos del Estado, los empleados públicos, los planes de asistencia social, entre otros. Que las primarias las organice la JCE le asegura que el resultado quede investido de la legalidad del órgano electoral.

El Partido Revolucionario Moderno, lamentablemente perdió la perspectiva y confundió el blanco. El problema de la coyuntura no era la ausencia de una ley de partidos, que por demás, sin una ley de reforma a la actual Ley Electoral resulta insustancial. La oposición lo que tenía que evitar era cualquier intersticio por donde pueda colarse la reelección. El PRM se creyó el cuento de que el peledé y la facción de Danilo Medina, con el Estado a su merced, tengan alguna disposición de respetar la legalidad electoral.

Durante meses, el bloque de partidos de oposición discutió las propuestas de ley de partidos y finalmente fijó posición sobre varios temas y de manera central sobre el método de elección de los candidatos, acordando que la ley de partidos debía disponer que cada partido lo hiciera conforme lo dispuesto por sus respectivos estatutos. Los acuerdos de la oposición sobre la ley de partidos fueron firmados e impresos en un folleto; divulgados e incluso entregados ante la comisión del Congreso.

Lo grave no ha sido que el PRM haya variado su posición, que es su derecho, sino la forma atropellante como irrespetó los acuerdos y pasó a asumir, como sin nada, la posición de la facción de Danilo Medina en el congreso y con ello a posibilitar las primarias abiertas y la reelección.

El comportamiento político del PRM reprodujo los mismos vicios de la política y partidos tradicionales: No respetar los acuerdos firmados; decir una cosa y hacer otra; no ser transparente y llegar a acuerdos por debajo de la mesa con el adversario. Es el PRD con otro nombre.

Con su actitud el PRM ha roto la confianza para la conformación de una amplia alianza opositora en capacidad de sacar al peledé del poder. La pregunta obligada es, si ahora, no respeta lo pactado ¿que garantía hay de que mañana investido de poder lo cumplirá?

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