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Las cartas de Lilís

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Las cartas de Lilís

En la Colección Presidentes Dominicanos del Archivo General de la Nación, puede encontrarse el libro titulado Antología de Cartas de Ulises Heureaux (Lilís), editado recientemente por Cyrus Veeser, que podría servir de reflexión para corregir comportamientos que subsisten desde aquella época lejana.

En noviembre de 1896 Lilís escribe a al General Sebastián Valverde: “Usted conoce perfectamente las amarguras del poder, sabe bien que por gusto ni vanidad no ha de quererlo conservar el que como Yo no es vanidoso y le satisface la vida humilde que acostumbra. He consentido en la aceptación de este nuevo ejercicio, porque en conciencia creo que no basta comenzar una obra pública sino que hay la necesidad de darle cima para bien de todos.”

Este argumento del “sacrificio personal en pro del interés colectivo”, o mesianismo, ha sido utilizado por los ocupantes del solio presidencial hasta nuestros días, y se ha convertido en el mayor impedimento al fortalecimiento de la institucionalidad democrática y al desarrollo de la sociedad.

Hoy, que en Brasil se lleva a cabo un proceso judicial que involucra a políticos y empresarios en manejos dolosos por medio de la adjudicación de obras a sobre precio, es aleccionador comprobar cómo funcionaba ese maridaje en tiempos de Lilís.

En febrero de 1895, Lilís le escribe a C. W. Wells, Vicepresidente de la San Domingo Improvement Co, lo siguiente: “Deseo ardientemente el que podamos entrar en posesión de la administración y dirección del Banco Nacional de Santo Domingo, es asunto hoy de vital interés para la buena administración del gobierno, para las especulaciones de la Improvement Company y para nuestras propias utilidades... Conseguida la posesión del banco yo entraré con ustedes en la proporción que mis recursos me lo permitan, y quizás podré suscribir mayor suma que la de $25,000 que reclama usted de mi como ayuda.”

El 11 de diciembre de 1895, le escribe a Y. Mendel, agente financiero del gobierno en París: “Tengo la intención de hacer acuñar aunque sea un millón de pesos en plata conforme a la ley vigente; y entonces agregar a esa emisión el completo de un millón de pesos en billetes de Banco a fin de que circulen en todo el país y que el gobierno haga obligatorio que los derechos fiscales se paguen de la manera siguiente: 1/3 en oro americano; 1/3 en plata del cuño nacional; 1/3 en billetes del Banco Nacional de Santo Domingo.”

Era tal la implicación personal de Lilís en los negocios del Gobierno que en septiembre de 1897 comunica a Y. Mendel: “Deseo vender, a un tipo racional, mis bonos Reclamation Consols que están en poder de usted. Si Wells quiere comprárselos, véndaselos.” Es decir, el presidente dominicano aparece especulando con bonos emitidos por el gobierno dominicano, en dominio total de información confidencial, utilizada para fines particulares.

El 8 junio de 1897 envió una carta a Willard Brown, en Nueva York, expresándole: “El Gobierno tiene pocas tierras baldías y carece por completo de propiedad de esa clase en las cercanías del ferrocarril. Yo si tengo varios lotes considerables, bien situados a la orilla de la vía, fertilísimos y con agua en abundancia, adecuados al cultivo de frutos tropicales; y al ofrecerlos a cualquier empresa de inmigración, lo haré más como patriota que como propietario.”

Luego de haber colocado al banco en una posición financiera insostenible, el 13 de octubre de 1897 le confiesa a C. W. Wells: “Dado que las diferentes maneras que lo hemos utilizado el Banco para escaparnos de apuros ha deteriorado la confianza del público, que nunca se va a recuperar, de modo que si la institución permanece en nuestras manos no gozará de buenas perspectivas de volver a ser rentable, porque el comercio siempre lo verá con desconfianza.”

El 15 de julio de 1897 le dice al General Arístides Patiño, Gobernador de Moca: “Te adjunto una carta que he recibido de Moca informándome de las propagandas que so pretexto de la nueva moneda nacional circulan en esa provincia... Con la moneda nacional se acabarán esas especulaciones y esos prejuicios.”

En el vórtice de la crisis económica en julio de 1898 Lilís responde una carta del Gral. Manuel María Castillo, Gobernador del Distrito Pacificador, reconociendo que “Lo que usted me dice de los billetes es sensible, y convendría ver como haciendo propaganda y llamando y explicándole a la gente más razonable se logra cortar la especulación que se hace con esa moneda. Emitir otra ahora es imposible.”

Pero apenas un mes después, en agosto de 1898, le reclama al Señor Smith M. Weed, de la San Domingo Improvement Co. En N.Y. : “Tengan la bondad de activar la impresión y la remesa, porque tengo imperiosa necesidad de esos billetes. Me urge muchísimo recibirlos.”

En septiembre de 1898 le dice a C. W. Wells: “Si con lo recaudado para el pago del cupón fuésemos a hacer la remesa, al girarla en estos meses se nos reduciría en una tercera parte, y usted sabe que medidas nos vienen las rentas nacionales para que nos resignemos a una pérdida tan cuantiosa.”

En el mismo mes de septiembre de 1898 le escribe al General Teófilo Cordero: “No hay razón para que el comercio continúe sustrayéndose al pago de una tercera parte del valor de los fletes, como se ha sustraído al pago de una tercera parte de los derechos aduaneros, sin más resultado sensible para el público que la carestía y el aumento de precios de los artículos de consumo... El pánico, que es el elemento disolvente de capitales y de crédito, puede destruir en un día la fortuna pública y arrastra con ella todos los valores del comercio.”

Se conoce que Lilís fue ajusticiado en Moca el 26 de julio de 1899, en parte por la ruina en que colocó a los productores de la época, así como por la arbitrariedad y conculcación de libertades que causó su dictadura.

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