09 OCT 2017, 12:00 AM

Las primarias abiertas

Una democracia se hace fuerte cuando es capaz de crear igualdad de oportunidades, de bienestar y de seguridad para todos los asociados

20171009 https://www.diariolibre.com

La facción que dentro del PLD, particularmente en su Comité Político, lidera Danilo Medina, ha impuesto como tema de debate nacional, la introducción de las primarias abiertas en la ley de partidos. Para conveniencia del Gobierno ya de Odebrecht se habla muy poco, el depósito en el Congreso del proyecto de presupuesto para el 2018, que tiene mucha tela por donde cortar, apenas fue tema por 24 horas. Y lo más importante: la ley de partidos políticos ha eclipsado la urgente reforma de la ley electoral vigente que es el tema de real trascendencia para asegurar en el 2020 unas elecciones sin fraude, sin uso de recursos del Estado, con equidad y sobre todo que de ellas puedan surgir representantes electos legalmente y revestidos de legitimidad.

Las primarias abiertas entran en contradicción con aspectos relevantes del régimen que dispone la Constitución sobre los partidos políticos.

El artículo 216 de la Carta Magna, en el numeral 2 atribuye a los partidos -y no a la ciudadanía- hacer “propuestas de candidaturas a los cargos de elección popular”. Si en la lógica del constituyente la propuesta de candidaturas fuera un “derecho ciudadano”, y no de los partidos, lo hubiera consagrado en el título relativo a los derechos fundamentales.

La Constitución lo que sí consagra como un deber ciudadano es el de votar para la elección de los representantes a los poderes públicos y mecanismos de participación popular organizadas por la JCE.

La Constitución consagra el derecho de asociación, con fines lícitos, y las libertades de conciencia y de pensamiento. Por tanto, si como dispone el citado artículo 216, la organización de partidos “es libre”, entonces hay que convenir que en la lógica constitucional los partidos son plataformas políticas organizadas por ciudadanos que se identifican en la defensa de unos principios y valores, que asumen una visión de construcción de la sociedad a cuyos fines se proponen ganar el gobierno para hacer reformas o transformaciones más o menos profundas.

Quien se hace miembro de un partido, en principio, es porque se identifica con sus postulados y acepta regirse por las normas de ese partido y asume cumplir con determinadas responsabilidades. Por tanto, compete a los miembros de todo partido elegir los candidatos que representan su visión de país, para proponérselo a la ciudadanía, y que sea ésta quien decida, en ejercicio de su soberanía, en elecciones libres, plurales, legales, celebradas con transparencia y equidad, los que la representarán en los poderes públicos. Las primarias abiertas reducirán a los partidos a comités de postulación para la elección de muchos candidatos “lechugas”.

Las primarias abiertas obligan a que las campañas de los precandidatos se organicen teniendo como blanco a la ciudadanía en general.

En ese escenario ¿quiénes se postularán como precandidatos? Solo quien pueda sufragar el costo de una campaña pública y de movilizar a millares a votar por él en las primarias. No hay que ser un genio para saber cómo se van a financiar estas precandidaturas. Por eso, las primarias abiertas van a profundizar aún más la crisis de legitimidad y de representatividad de la llamada “democracia representativa”.

En nuestro país las primarias abiertas facilitarán que toda clase de oportunista, demagogo, farsante, clientelista, apoyándose en recursos -en muchos casos de origen ilícito- se convierta en representantes en el Congreso, los ayuntamientos o el Ejecutivo, como agentes libres que irán a esos poderes a representarse a sí mismos o a los intereses de su sector.

Unos para confundir, otros por ilusos, andan proclamando las primarias abiertas como la fórmula para fortalecer la democracia. En realidad lo que hace fuerte a una democracia es la solidez de sus instituciones. El respeto del Estado de derecho por los gobernantes, pautando con el ejemplo, el respeto a la ley por los gobernados. La transparencia y controles en el manejo de los recursos públicos. La ausencia de privilegios y de impunidad. Una democracia se hace fuerte cuando es capaz de crear igualdad de oportunidades, de bienestar y de seguridad para todos los asociados.

Los partidos pueden ser un factor para el fortalecimiento de la democracia. Para ello es necesario trabajar duro en forjar militantes y liderazgos que practiquen la política sujetándose a principios y valores, capaces, con reales convicciones democráticas, con compromiso social y profundo amor patrio.

Danilo Medina está empeñado en las primarias abiertas porque conoce que una amplia franja de la población es vulnerable al clientelismo y al asistencialismo, lo que le permitirá contar con una masa de votantes para construir mayorías dentro de su partido y en los demás partidos.

El PLD pasaría a tutelar a su antojo el sistema político dominicano. Para muchos ciudadanos, el carnet del PLD se convertirá en parte de la documentación de identidad imprescindible. El PLD vendría a ser algo así como el nuevo “Partido Dominicano”. Con una diferencia: en este país, el miedo quedó encerrado en el baúl de un carro el 31 de mayo de 1961.

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