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Vigilancia
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Los franceses fueron estafados

Con entusiasta algarabía he estado escuchando, en los medios nacionales e internacionales, el exitoso complot perpetrado por una élite político-militar que devolvió a casa a dos convictos pilotos franceses, sobre quienes pesaba en el país sentencia de 20 años de prisión por narcotráfico internacional.

La pretendida hazaña ha entusiasmado tanto a sus ejecutores, que en su momento le dio por hacer presencia mediática, convocando concurridas ruedas de prensa, y asistiendo a medios de difusión masiva. Connotadas figuras de ámbito político, militar y del ejercicio legal, pulsean por los créditos protagónicos de la vandálica acción. Increíble pero cierto.

Son éstos algunos de los deslices de la naturaleza humana por las que no pierde vigencia la expresión que nos llega del razonamiento de los sabios griegos, en el sentido de que “hay un sólo paso de la cordura a la locura”, y no deja de ser sorprendente que figuras del democrático y liberal mundo francés, pierdan los estribos y se aventuren a defender sus ideas y creencias al margen de los canales institucionales establecidos mundialmente para tales fines, irónicamente, un legado de la Revolución Francesa para el resto de la humanidad.

Lejos de un acontecimiento heroico, es un hecho vandálico y criminal que coloca una visible mancha negra en la hoja de vida de todos los participantes; sin perjuicio de que se están exponiendo a la mofa internacional de haber sido estafados.

Si en verdad, como con orgullo y jactancia pregonan, invirtieron la suma de 100 mil euros, unos 5 millones de pesos, fueron estafados. Se les olvidó que República Dominicana es una isla con salida abierta por los cuatro costados, con escasa o ninguna vigilancia... Lo menos que debió haber hecho la élite de delincuentes que programó el traslado, fue haber invitado a un cruasán a uno, sólo a uno, de los miles de haitianos que deambulan por las calles, sectores y campos de la República Dominicana, que entran y salen del país cuando se les antoja, sin inconveniente alguno, y a un costo irrisorio; y si no hubiesen querido develar su ignorancia ante un haitiano, quizás por la falsa creencia de la superioridad del colonizador, entenderse con un paquistaní o un chino, le hubiese ahorrado, por lo menos, 3 mil euros, sin pasar por la vergüenza de haber sido estafados.

Lo que sí deben celebrar es la ineptitud de las autoridades dominicanas, quienes contando con herramientas tecnológicas legales, prefieren seguir usando en el siglo XXI, los métodos coercitivos heredados desde la colonia. Y que conste, no sólo han sido los franceses. Ya la frágil memoria social olvidó el escape que inmortalizó a Sobeida, entre otros cientos de rebeldes sin nombres que en el mismo país están evadiendo el endeble brazo de la justicia dominicana.

Y me sigo preguntando, once años después: ¿en qué momento se iniciará la implementación del numeral 5 del art. 226 del Código Procesal Penal, y se comenzarán a colocar LOCALIZADORES ELECTRÓNICOS, como medida de coerción, para evitar la fuga de los imputados?

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