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Luna de miel anticipada

En materia económica el objetivo declarado de las autoridades entrantes es la expansión del producto y del empleo formal, mejorar el funcionamiento de la economía mediante la introducción de algunas reformas y la preservación de la estabilidad económica.

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Luna de miel anticipada

Es usual que a los gobiernos se les conceda una “luna de miel”. Cien días de trato benevolente. En ese período la crítica urticante se pospone para no molestar el arrobo de los gobernantes y para que puedan disfrutar del encanto de los amores nuevos. Luego llegarán los cardos, espinas, incomprensiones; compensados, tal vez, por la satisfacción del deber cumplido.

Todo augura que el inicio del conteo de la “luna de miel” se va a anticipar; será ya mismo y va a durar menos de lo usual. De hecho, con el anuncio de las primeras designaciones del gabinete el reloj ha liberado el desplazamiento de sus agujas.

Hay expectativas muy altas de que la andadura comience bien. El gobierno, que aún no lo es, pero se siente como si lo fuera, está compelido a adoptar medidas trascendentes, a riesgo de que si no lo hiciera perdería el fuelle que necesita para henchir las velas y navegar.

Hay dos aspectos sensibles que ameritan atención inmediata.

El primer aspecto, sin dudas, el sanitario. La epidemia se ha ido de las manos, en el peor momento, cuando el turismo, motor principal del aparato productivo, tendía a comenzar a operar y a ir expandiendo su capacidad. Han surgido brotes de contagio del coronavirus de relativa intensidad y la capacidad hospitalaria se ha resentido.

Es urgente actuar sin demora, en acción conjunta de las autoridades sanitarias que llegan y de las que salen. Las primeras porque continuarán dando el frente a la crisis sanitaria; las segundas porque ostentan la legalidad hasta el 16 de agosto. Ambas a dos.

Lo ideal sería aplicar intervenciones radicales en los sectores de mayor incidencia de los brotes, no en toda la geografía nacional. Y generalizar, eso si, las pruebas de PCR y la obligatoriedad de mantener la distancia física, el uso de mascarillas en espacios públicos y el lavado de manos, con sanciones inmediatas a quienes violen esas disposiciones. Aparte de preparar con mayor esmero recintos y hospitales de campaña para alojar a los contagiados que no requieran de cuidados intensivos, pero deban quedar aislados.

El segundo aspecto sensible es el económico. La economía está resentida. No tolera más restricciones, so pena de desinflarse. Aherrojarla de nuevo sería suicida. Empeoraría los efectos de la pandemia. Agregaría turbulencia económica, peligrosa y mortal.

En materia económica el objetivo declarado de las autoridades entrantes es la expansión del producto y del empleo formal, mejorar el funcionamiento de la economía mediante la introducción de algunas reformas y la preservación de la estabilidad económica.

Las autoridades se inician con el respaldo de la población a su programa y su confianza en la capacidad del grupo humano que habrá de dirigir las distintas instituciones públicas. En el equipo recién presentado (faltan algunos más por darlos a conocer), se muestran caras cuyo perfil arroja conocimientos, experiencia, seriedad. Inspiran respeto.

La gente está atenta y observa. Dejar atrás vicios viejos es lo que el sentido común manda.

Cualquier vacilación comprometería la imagen del cambio. Hay que tener cuidado en no abrir interrogantes serios.

No hay misterio, ni es asunto de gurús.

Lo básico y sano es gastar en la hacienda pública corriente lo que se tiene, no más. En la hacienda extraordinaria lo que no se tiene, pero se busca en la medida de lo necesario y prioritario. Fijar el crecimiento de la emisión monetaria en un rango limitado y dejar que la acumulación de activos internacionales defina el tamaño permisible del déficit cuasi fiscal para que los precios relativos queden bajo control.

Amén de liberar recursos del sistema financiero y de capitales hacia la producción y el empleo formal.

Eso y poco más, en lo grueso. En el detalle, cuestión de matices. Salvo que el detalle implica resolver asuntos fundamentales, como el de la deuda cuasi fiscal y del sector eléctrico, sin cuya solución real, no pospuesta ni mediatizada, es difícil que se alcance el desarrollo. Y, por tanto, el cambio.

En la ciudadanía que se mueve al compás de los tuits, Instagram, Facebook y otros artilugios dependientes de la electrónica y del internet, se nota un trajinar de colmena, incesante.

Esta red de información y desinformación es uno de los caminos que conducen al dilema que se presenta a los gobernantes: decidirse a hacer lo que prometieron, transformar, cambiar, aun sea a costa de perder apoyo, o mediatizar las ejecutorias. Es de esperar que ese gusanillo perturbador no encuentre cabida y muera en capullo antes de ser larva.

TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.