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Presupuesto hospitalario y opinión de “expertos”

En su edición del 13 de julio, Diario Libre publicó un artículo titulado Salud e inmigración ilegal en la República Dominicana de la autoría de mi amigo y colega, doctor Pedro Ureña, y de dicho artículo extraigo algunas reflexiones puntuales con el propósito de mostrar otras aristas no abordadas por el autor en relación con el ¿aparente? bajo presupuesto que el Estado asigna cada año a nuestro Ministerio de Salud.

El único punto que tocaré del articulo del doctor Ureña es el siguiente: “[...] las limitantes presupuestarias quedan a la luz de todo aquel que haya visitado un hospital dominicano. Se requiere mayor inversión para proveer una atención digna, acorde a ese derecho inalienable de todo ciudadano, la salud”.

Me limitaré a comentar este único párrafo para decirles a muchos, incluyendo líderes políticos y médicos cuya competencia y honradez nadie duda, que no es verdad que el problema de la baja cobertura y calidad de la atención sanitaria en nuestro país desaparecerá cuando el Estado eleve el gasto en salud a un porcentaje del PIB no menor al 5%; que el problema no reside en la baja inversión en salud como se dice, sino en el hecho de que el Estado asigna un presupuesto a cada centro hospitalario pero sin decirle a esos centros que las subvenciones recibidas serán por prestaciones de servicios valorados, es decir, contra cumplimiento de un determinado nivel de resultados, de la calidad y cantidad de acciones de salud realizadas, de acuerdo al nivel de responsabilidad y optimización de la gestión de los recursos recibidos y según el nivel de estructuración y organización de los procedimientos empleados para el logro de una gestión financiera eficaz.

Creo que me he ganado el derecho a opinar lo señalado arriba porque acabo de pasar 40 años laborando en el hospital José M. Cabral y Báez, dando asistencia a enfermos, ocupándome de asuntos burocráticos de la institución y enseñando a los médicos más jóvenes, tiempo durante el cual observé que muy pocos del personal de plantilla asume la misión y los valores del hospital, y sin la aceptación de este requisito básico, es imposible planificar, organizar, dirigir y controlar los procesos de atención a la salud que demanda una población.

Ejemplo al canto. En 1988, los consultores de la OPS, impartieron una especie de Diplomado en las aulas de la PUCMM-Santiago para los médicos del Cabral y Báez, a fin de entrenarnos para la puesta en funcionamiento de los llamados “SILOS” (Sistemas Locales de Salud), que así se llamaría lo que hoy conocemos como Unidad o Sistema de Atención Primaria. Aquel año, República Dominicana tenía 11 camas/1000 habitantes. Con la implementación de los “SILOS”, nos explicaba la OPS, ya el país no necesitará una proporción de camas/habitante tan elevada, pues se persigue lo mismo que Inglaterra que en 1945 tenía 8 camas/1000 habitante y mediante el desarrollo de las unidades de atención primaria, ya para 1988 apenas contaba 2.5 camas/1000 habitantes.

Sin embargo, aquella vez fue tan desafiante la resistencia de los médicos y enfermeras y de otros grupos de poder a la instalación de los “SILOS” que el Estado optó por “guardarse la pelota”, como se dice en béisbol. Hoy es común escuchar a los médicos denunciando que no hay suficientes camas en los hospitales. El problema no es la supuesta escasez de camas, sino la omisión de la tarea del médico. ¿Por qué no se ha podido generalizar el Sistema de Atención Primaria? Porque los médicos y los hospitales privados repiten la misma historia de hace 30 años. Hoy como ayer, los médicos siguen ajenos a la misión y los valores del sistema de salud del Estado.

Y lo curioso de ese rechazo de la misión y valores del sistema de salud estatal por parte de médicos y enfermeras, es que esos gremios critican el sistema porque no es tan eficiente como el sistema de salud de Estados Unidos de América. Es decir, han validado una observación frecuente en psicología cognitiva, llamada la “experiencia exhibida”, la cual consiste en que cuando una persona come en un restaurante lujoso, a partir de ahí jamás dice que iba todos los días a la cafetería del barrio a comerse un sabroso chimichurri.

¿Por qué hasta gente educada piensa que nuestros hospitales son deficientes porque el Estado no les cuadruplica sus respectivas subvenciones? Ah, porque eso es lo que dicen los “expertos”. Pero, ¿cuál es la pierna de la cual cojean los expertos, pregunta Nassin Nicolás Taleb (2008), el reputado matemático financiero y ensayista estadounidense? Pues que no saben qué es lo que no saben, se responde.

Parece que los “expertos” no saben que lo que disminuyó la tasa de mortalidad por infecciones en los países desarrollados a partir del 1990, fueron la reducción de individuos infectantes y la disminución de la exposición a la infección por parte de la población susceptible. ¿Y cómo se lograron esos dos objetivos? Mejorando y ampliando los programas de prevención de infecciones virales y microbianas, promoviendo buenos hábitos de higiene y nutrición en la población y controlando los vectores transmisores de enfermedad.

¿Acaso no es eso lo que se persigue con la implementación de las unidades de atención primaria (UAP) que a causa de sus bajos costes resultan eficaces para el logro de un sistema de salud eficiente, preventivo y seguro para todos?

Cuando comiencen a operar las UAP completamente, ya veremos como en vez de dedicar cuantiosos recursos a curar infecciones y complicaciones del parto y el embarazo y de infecciones comunes, los hospitales podrán dedicar más recursos a la investigación biomédica. Y Salud Púbica también podrá dedicar recursos a vigilar y prevenir que haitianos ilegales traigan al país en sus bultos y mochilas, cucarachas y sus ninfas porque a través de estas vienen las chinches, pues las cucarachas comen chinches. Las chinches se esconden en camas y colchones y tras ellas van las cucarachas a las camas, y chinches y cucarachas transmiten enfermedades.

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