Quién gobierna nuestras vidas

La realidad demuestra pues, que todo en este mundo tiene sus dos lados opuestos, lo positivo y lo negativo, el bien y el mal, el yin y el yang. Y las redes sociales no son una excepción.

No existe justicia ni poder fáctico de castigo más poderoso que las redes sociales en éste nuestro presente demencial. La vida privada del ciudadano del mundo se cuela vertiginosamente y sin piedad hacia el Internet de los usuarios adictos al espectáculo virtual. Los acontecimientos de la moralidad referentes al poder y al sexo se han sucedido irrefutablemente en el transcurso de la historia del hombre, excepto en su época primaria, cuando aún era incapaz de discernir para sentirse amo y señor de la naturaleza, sin excluir la naturaleza humana.

Vale decir que desde los señores feudales, jerarcas y nobles opulentos en el pasado; y en ésta nuestra era, los poderosos dueños de la política de los pueblos, los influyentes productores del mundo del espectáculo, y otros tantos elementos en posiciones cimeras pueden contarse entre los violadores de todo aquél que desee triunfar en la vida cumpliendo sus aspiraciones, siempre que éste no cuente con los recursos necesarios. Ciertamente que en su estado de impotencia venderían su honra a cambio del éxito soñado. Unos lo harían gustosos; otros, regidos moralmente por su código ético, quedarían marcados psicológicamente de por vida por ese horrible estigma cometido contra su humanidad.

La actriz norteamericana Alyssa Milano, en su “hashtag” conocido con el sugestivo título “Me Too”, causó un contagio viral de las denuncias de experiencias abusivas de parte de los muchos “machos” en perjuicio de las mujeres, y aun de hombres indefensos que vergonzosa y silenciosamente callaban su atropello. A partir de ese suceso, la multitud de abusado(a)s empezaron a denunciar sus propios casos, llegando a saciar los apetitos voraces de sus miembros adictos a todo tipo de sensacionalismos.

El affaire Weinstein en Hollywood llegó a un extremo tal que en la entrega de los premios Oscar, el presentador Seth MacFarlane, tuvo la osadía de bromear sobre la conducta de dicho influyente productor cinematográfico al decir: “Felicidades, señoritas, ahora ninguna de vosotras tendrá que fingir que se siente atraída por Henry Weinstein”. Por sólo mencionar un caso al que siguen innumerables nombres harto reconocidos en el mundo del espectáculo.

En la Casa Blanca, a su vez, el caso Clinton-Lewinsky suscitó tal escándalo que hizo temblar los cimientos de esa mansión presidencial estadounidense. Y en la actualidad, el digno habitante de la misma gran mansión, el rubicundo personaje burlesco, Donald Trump es también acusado de escándalos con féminas. Éstos son solo dos de una larga lista de otros casos de esa misma u otra índole ignominiosa en el mundo.

Y las poderosas redes siguen, al mismo tiempo, sus clamores encendidos de privacidades y sucesos vergonzosos de poder, sexo y miedo sin el menor atisbo de perturbación de muchas conciencias líquidas de la sociedad mundial, escasa de valores morales. Al caso vienen las pederastias de los funcionarios religiosos, encabezando la lista los de la Iglesia Católica atados a su celibato tradicional, con los demás funcionarios de otras iglesias a quienes el dolor de sus avergonzados familiares no los eximen de utilizar su poder hipnótico y potente en aras de abusos sexuales y económicos. El resultado de lo cual tiene consecuencias funestas para aquellos abusados que deben soportar sus pesadillas psicológicas y oníricas, con la disyuntiva de tener que cargar este pesado fardo mientras se esfuerzan en llevar una vida honrosa dentro de la sociedad. No en vano, tratan estos desdichados de defender su honra vilipendiada detrás de un silencio que los conduce a todo género de aberraciones y múltiples adicciones.

Mas es válido insistir en el hecho de que todos estos actos dolosos han existido desde que el hombre estuvo presente en la tierra. Cómo también que siempre han salido a la luz pública sea por medio de la palabra escrita sobre el papel, sea por medio de las populares habladurías generalizadas; pero nunca antes habían tomado éstos la forma de una confesión pública e inmediata expresada en un lenguaje corriente e inteligible para todos los estratos de la sociedad.

En el pasado, por lo demás, antes de ser delatado públicamente, el infractor disponía de tiempo suficiente para analizar, discernir y tal vez enloquecer con lo que más adelante sería expuesto por escrito. Las redes sociales, sin embargo, no permiten al sujeto pasar por todos los procesos mentales de conclusiones secretas, antes de ser publicado su acto doloso.

Muchos han sido los héroes de la historia desacreditados por esta causa.

La realidad demuestra pues, que todo en este mundo tiene sus dos lados opuestos, lo positivo y lo negativo, el bien y el mal, el yin y el yang. Y las redes sociales no son una excepción. En tanto éstas irradian sus noticias por todos los confines del planeta, muchas de las cuales no son sino bajezas y posibles vilipendios, éstas poseen, sin embargo, la sobresaliente cualidad, en primer lugar de proveer valiosa información sobre conocimientos relevantes que antes podían ser conocidos solo mediante libros, revistas y folletos; en segundo lugar, de exigir honradez sin excentricidades ni subterfugios, dado que la vida entera del sujeto se expondría a la desnudez inmediata y pública en el actual gobierno virtual llamado Internet.

Depende de cada sujeto el uso y valor que atribuya a esta nueva forma de poder mundial.

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