Reestructuración+Plan+Acción= Éxito
La experiencia me ha demostrado que los planes hay que hacerlos. Que los planes deben estar escritos, no necesariamente en documentos en extremo formales ni pretenciosos, sí en un documento, papel o computador.

En el artículo pasado conversábamos sobre la suspensión de los procesos legales de cobros o las ejecuciones de garantías. Hoy conversaremos sobre dos elementos esenciales en todo proceso de recuperar la solvencia económica de una empresa o negocio: un plan y el accionar para lograrlo.
Decía Pandora a Prometeo y Epimeteo: “Lo único a lo que siempre podían recurrir era a la esperanza”. Es maravilloso siempre tener esperanza. La esperanza es la fuerza que nos permite cada día levantarnos para continuar. Otros le llamarán fe.
En varias ocasiones he mencionado que este es un proceso doloroso. Más que doloroso, desmoralizante, en el que uno fácilmente podría perder las fuerzas y los deseos de continuar. No los pierdas. Busca un amigo, busca un mentor, busca a alguien que te de apoyo moral y sostén emocional para que mantengas las esperanzas o la fe.
Ahora con esperan o fe solamente, no lo vas a lograr. En un artículo anterior citábamos al cuento de Alicia en el país de las maravillas. Alicia: “¿podrías decirme, por favor, que camino debo seguir para salir de aquí?, y el gato responde: “Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar?, y Alicia contesta: “No me importa mucho el sitio...”, y el gato concluye: “Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes.”
Si sabemos que quieres recuperar la solvencia de tu empresa o negocio, ya tenemos un punto de partida. Aun así, debemos ser más específicos. La reestructuración debe tener etapas. Debe existir un plan.
¿En que debe consistir ese plan? Independientemente de los requisitos que exige la Ley de Reestructuración en su artículo 134, el plan debe ser claro. Especifico. Debe contener cuáles son las necesidades. Cuáles son las deudas a pagar y los recursos que se necesitan para mantener el negocio funcionado.
Debemos definir cuál es el negocio que continuará funcionando. ¿Continuará el negocio tal y como está ahora? ¿Le haremos cambios al negocio? ¿Cuáles son esos cambios? ¿Qué costos o recursos necesitan esos cambios?
Otro elemento del plan es la descripción de los recursos con que se contará para ejecutarlo. En esto debemos ser claros. Nada de poner en el plan solo sueños y esperanzas. Debemos poner estos sueños y esperanzas luego de poner las realidades. Si el plan sólo contiene sueños y esperanzas, solo tendremos dudas de parte de los acreedores. Con dudas nos será bien difícil avanzar y tener credibilidad.
Por otra parte, debemos poner claramente cómo vamos a pagarle a quienes le debemos. En qué plazo. Si estos acreedores tendrán alguna garantía. Este programa de pagos debe ser un compromiso inquebrantable. Debemos cumplir a rajatabla.
La experiencia me ha demostrado que los planes hay que hacerlos. Que los planes deben estar escritos, no necesariamente en documentos en extremo formales ni pretensiosos, sí en un documento, papel o computador. Tener el plan en la mente no sirve. Lo que solo está plasmado en la mente cambia con el pasar de los días.
Muy bien, Raymundo, ya tenemos nuestro plan. Ya resolvimos nuestro problema la empresa está recuperada. Ups, no tan rápido. Sin acción no hay nada. Tal vez deberíamos hablar de plan de acción en vez de plan a secas. Sin acción nada se logra.
Estuve buscando quien dijo: “Un sueño sin acción es pura ilusión”. No lo encontré. Tanta gente lo ha dicho que nadie se considera autor de la frase. Dicen anónimo. A veces esos anónimos son más reales que las frases de autor.
Una vez plasmado el plan de acción, entremos en acción. Iniciemos la ejecución de ese plan. Una recomendación muy útil que alguien me hizo en el momento adecuado, fue buscar a alguien a quien mostrarle cómo iba la ejecución del plan. El solo pensamiento de que debemos mostrar a alguien lo que hemos hecho nos da fuerzas para realizarlo. Tal vez debo ser más llano, nos da vergüenza no hacer frente a otra persona.
Otra forma de ver cómo vamos, es medir lo que hacemos. Ya sea que la frase sea de Peter Druker o de William Thomson Kelvin, “lo que no se mide, no se puede mejorar”.
Recordemos, antes de terminar por hoy: “lo que no se define, no se puede medir, y lo que no se mide, no se puede mejorar.” Mejorar=Recuperar.
Raymundo J. Haché A.
Raymundo J. Haché A.