20180720 https://www.diariolibre.com

«Para el año 2019 el espacio presupuestario para asignación de recursos a políticas priorizadas por el gobierno se verá reducido por las condiciones del entorno internacional relevante para el próximo año. Entre estos se destaca el aumento de los precios del petróleo y el endurecimiento de las condiciones financieras de los mercados internacionales. [...] La política de endeudamiento para 2019 mantendrá flexibilidad para adaptarse a la evolución de los mercados con el fin de obtener condiciones de plazo y costo más favorables para el Estado». Ministro de Hacienda, Diario Libre, julio 16, 2018

Distintas instituciones y agentes económicos han expresado públicamente sus preocupaciones por las agudas dificultades que tienen para conseguir los dólares que son necesarios para sus transacciones internacionales. Es una situación que se repite con una frecuencia tan recurrente que ha ido creando dificultades en las relaciones entre importadores y sus proveedores internacionales. Las largas listas de espera para conseguir dólares dosificados hacen que el comercio y la industria no puedan cumplir con sus compromisos en los plazos establecidos. Para un proveedor extranjero puede resultar incomprensible que su cliente dominicano le diga que tiene los pesos para pagarle, pero que no le ha sido posible conseguir los dólares equivalentes. Si no aparecen los dólares suficientes a la vigente tasa cambiaria no es difícil concluir que esa tasa cambiaria está sobrevaluada, como resultado del alto nivel de control en el mercado de divisas.

Dentro de esta escasez de dólares es que el gobierno ha emitido -la semana pasada- bonos soberanos por valor de US$1,300 millones a un plazo de 10 años y al 6 % de interés. Tres buenas razones pudieron haberse combinado para que dicha emisión se hiciera en estos momentos. La primera estaría asociada con la presente situación del mercado cambiario y la presión que eso significa sobre la tasa de cambio. Dadas las restricciones presupuestarias, al gobierno no le interesa un deslizamiento de la tasa de cambio, pues eso significaría una mayor cantidad de pesos para cumplir con sus compromisos internacionales. La segunda razón pudiera deberse -por un sentido de oportunidad- a las perspectivas de que las tasas de interés internacionales pudieran seguir aumentando en lo que resta de año y hacer, por tanto, más costosas las emisiones en los próximos meses. Y tercero -pero no menos importante-, para asegurarse el flujo de dólares necesarios para terminar a Punta Catalina, ante la imposibilidad de conseguir financiamiento internacional por otras vías.

Cuando hace unos meses el gobierno dominicano emitió bonos internacionales denominados en moneda nacional lo atribuyó a una estrategia de darle una mayor ponderación a las emisiones en pesos; sin embargo, con la nueva emisión se excede en el monto que presupuestariamente se había establecido para las emisiones en dólares durante el presente año. Al parecer la complicada realidad cambiaria está obligando al gobierno a endeudarse en dólares; lo que, a su vez, expone a las finanzas públicas a un mayor riesgo cambiario. Este mayor riesgo pudiera ser mitigado con más endeudamiento en dólares, en una espiral riesgo cambiario-endeudamiento en dólares que podría resultar muy dañina para la economía dominicana.

Uno de los graves problemas con el endeudamiento del gobierno dominicano es que no se observa una relación positiva entre el incremento en el nivel de la deuda pública y el incremento en la inversión pública. Mientras el gobierno se ha endeudado a un ritmo acelerado en los últimos años, el gasto público en inversión luce estancado en alrededor de un 15 % del gasto total. Esto pudiera significar que el endeudamiento no está generando un incremento significativo en la capacidad de generar riquezas en la economía dominicana.

En sentido general, el endeudamiento público debe estar vinculado a proyectos que presenten una relación costo-beneficios positiva para el país. En el caso nuestro, sin embargo, lo que se aprecia es que el endeudamiento público es utilizado, en gran medida, para financiar gastos corrientes. Y esto plantea, como hemos destacado en otras ocasiones, un serio problema para las generaciones futuras que tendrán que pagar nuestras deudas sin que se les haya provisto de la correspondiente capacidad de pago. Para el pragmatismo político esto puede parecer un mero ejercicio teórico, pero las consecuencias son definitivamente muy reales.

Sigue siendo obvio, en consecuencia, que el gobierno no tiene un plan para contener un endeudamiento que progresivamente va deteriorando la sostenibilidad de las finanzas públicas. No podemos esperar que públicamente el gobierno o sus ministros reconozcan esta realidad, pero sí se debe esperar que el gobierno encamine acciones para evitar las consecuencias de una potencial crisis. No hay evidencias de que la gestión fiscal esté actuando en esa dirección.

Lo que sí parece evidente es la estrategia del gobierno de posponer los correctivos o las reformas para más allá del año 2020. Y para ello seguirá endeudándose y, de paso, continuará agotando la capacidad de repago con la esperanza de que una potencial crisis estalle después de las próximas elecciones, con lo que podría hacer lucir como ineptas a las nuevas autoridades, asumiendo que la reelección está constitucionalmente prohibida.

Las crisis de la deuda a veces tienen la trayectoria de un suicida que se lanza del piso cien; cuando se le toman los signos vitales en el piso 50 podrían aparecer todavía como normales... solo todavía... pero la trayectoria ya es irreversible. Es responsabilidad del gobierno no dar ese salto al vacío. No esperen más.

Pedrosilver31@gmail.com

@pedrosilver31

COMENTARIOS
Para comentar, inicie sesión o regístrese