20170520 https://www.diariolibre.com

El gobierno sufre, por primera vez en la historia de la política dominicana, una acumulación de crisis, algunas de ellas muy difíciles de resolver. Se perciben en el ambiente nacional las calamidades citadas a continuación:

Los asaltos, atracos y agresiones soportados en este momento por la población, mostrándose desesperada con disminución y abstención de la vida social y de las reuniones comunitarias;

La realidad inocultable de la corrupción en todas sus manifestaciones y en especial el caso escandaloso de los sobornos y sobrevaluaciones cometidos por ODEBRECHT.

Inexplicable o inexplicado aumentos de los feminicidios;

Una creciente deuda externa, agravada ahora por unas tasas de intereses más elevadas;

Falta de pago de la deuda interna, denunciada por el grito de los acreedores, tantos los que han construido obras públicas como por los que han entregado a crédito toda clase de mercancías;

Grave tragedia en la juventud dominicana por el uso de estupefacientes que son recibidos de los narcotraficantes para su distribución entre los drogadictos;

Solución, hasta ahora irresoluta, del tráfico de drogas a través de nuestro territorio que, como se sabe, una parte se queda en suelo dominicano;

Y la incontenible penetración haitiana que causa factores dañinos a todo el pueblo en términos de transmisión de enfermedades y en lo referente al acoplamiento en la sustitución de trabajadores dominicanos.

Muchos desaprensivos claman por cambios radicales sin tener en cuenta el protocolo firmado en Santiago de Chile y la realidad del dominio absoluto del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) del Congreso donde la inmensa mayoría detendría cambios radicales.

Una solicitud valiente y decidida mueve a las multitudes a pedir enjuiciamiento. El castigo a los culpables de la sustracción del erario, sería de momento una anestesia que debe colocar el gobierno en el meollo del entendimiento.

Hasta ahora el régimen se muestra impávido sin visos de estremecimiento ante tantas dificultades, pero en los pasajes históricos de la Humanidad es muy difícil encontrar una similitud, contando desde el sanguinario Artajerjes en Persia, Alejandro Magno en todas sus conquistas o Napoleón Bonaparte como dueño de Europa.

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