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Una vista diferente: El chanchullo de la “igualdad”

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Una vista diferente: El chanchullo de la “igualdad”

Hace un tiempito, en Inglaterra, unos ladrones escribieron en la pared de una casa que ellos habían saqueado: “Desgraciados ricos”.

Estas dos palabras capturaron el espíritu de la visión politizada de la igualdad—que no era un crimen cuando alguien estaba en mejor posición que ellos.

Esto, por supuesto, no es el único sentido de igualdad, pero es el sentido predominante en la política hoy día, donde “disparidades” y “brechas” son automáticamente tratados como “inequidades”.

Si un grupo étnico o racial tiene un nivel de ingresos más bajo que otro, es automáticamente llamado “discriminación” por mucha gente en la política, los medios y en academia.

No importa cuanta evidencia exista que diga que hay unos grupos que trabajan más duros en las escuelas, rinden mejor, y gastan más en estudios de posgrado para adquirir talentos y conocimientos en medicina, ciencia o ingeniería. Si los resultados finales son desiguales, eso se trata como una querella en contra de aquellos con mejores resultados, y como signo de una sociedad “injusta”.

Según Thomas Sowell, un economista premiado en la Universidad de Stanford, en California, “la retórica de gente sabichosa muchas veces confunde el hecho innegable de que la vida es injusta con el reclamo de que una institución o sociedad en particular es injusta.”

Los hijos nacidos en familias que los crían con amor y con atención para asegurar que ellos adquieran conocimientos, valores y la disciplina que los convertirá en miembros valiosos de la sociedad, tienen muchos más chances de éxito económico y en otros campos durante sus años de madurez que niños criados en familias que no tienen estas calidades.

Los estudios demuestran que hijos cuyos padres son profesionales hablan dos veces el número de palabras por hora con ellos que los niños de padres de la clase trabajadora--- y varias veces la cantidad de palabras por hora que los hijos de familias que reciben los beneficios de programas del gobierno. No hay manera de que los hijos de estos trasfondos distintos vayan a tener iguales oportunidades de éxito económico o de otro tipo cuando sean adultos.

La falacia fatal, sin embargo, está en el acopio de estadísticas de empleados en un negocio u institución en particular, y tratando las diferencias en el empleo, pago o ascenso de gente de diferentes grupos como muestra de que su empleador ha sido discriminatorio en su trato.

Demasiadas gentes ingenuas aceptan la presunción implícita de que la injusticia tuvo su origen donde las estadísticas fueron recolectadas, lo cual sería una coincidencia increíble si fuera verdad.

Peor aún, alguna gente compra la idea de que los políticos pueden corregir las injusticias de la vida a través de exigencias a los empleadores. Sin embargo, cuando niños criados en maneras muy distintas llegan a un gerente de recursos humanos, el daño ya esta hecho.

Lo que es un problema para los hijos criados en familias y comunidades que no los prepara para vidas productivas puede ser una bonanza para los políticos, abogados y una variedad de Mesías sociales quienes están listos para encabezar fieras cruzadas, si el precio está bien.

Mucha gente en los medios de comunicación y en la “inteligencia” están ya muy dispuestos a echar para adelante en el intento de buscar la igualdad. ¿Pero, la igualdad de qué?

La igualdad frente a la ley es un valor fundamental en una sociedad decente. Sin embargo, la igualdad de trato de ninguna manera es una garantía de igualdad de resultados.

Al contrario, la igualdad de trato hace que resultados iguales serían muy raros, puesto que virtualmente nadie es igual a otra persona en todo la gama de destrezas y capacidades requeridas en la vida real. Cuando hablamos de desempeño, un individua probablemente no es igual a si mismo en diferente días o en diferentes momentos de su vida.

Lo que puede ser una confusión espontánea entre el pueblo en general en cuanto a los sentidos de la palabra “igualdad” puede ser cuidadosamente cultivada por los políticos, abogados y otros con talento en la retórica, quienes pueden explotar esa confusión para su propio beneficio.

Sin tener en cuenta las verdaderas causas de las diferentes capacidades y premios en diferentes individuos y grupos, cruzadas políticas requieren un villano a atacar---un villano lejos de los votantes o de la familia o comunidad del votante. Los abogados también necesitan a un villano a quien demandar. Los medios y los intelectuales son atraídos por las cruzadas en contra de las fuerzas del mal.

Pero no importa si como cruzada o como chanchullo, un concepto confuso de la igualdad es una fórmula para conflictos de nunca acabar que pueden rasgar el tejido de una sociedad---y eso ya ha ocurrido en muchos lugares.

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