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Sector eléctrico
Sector eléctrico

Vamos a contar verdades, tra la lá, (y 2)

Algo sabemos ya, tra la lá, y es que la solución no es la capitalización del organismo monetario, aún si se cumpliera a cabalidad con el monto anual de la capitalización.

Las causas principales del déficit fiscal son, uno, ¡cadencia!, el gasto público de baja calidad junto con una presión tributaria rígida; dos, ¡atención!, la deuda cuasi fiscal; y tres, ¡marchen!, los subsidios generalizados al sector eléctrico.

Del déficit del gobierno central igual al 3.2% del PIB previsto en el presupuesto para 2017, el Banco Central sería responsable del 0.7% del PIB y el sector eléctrico del 0.9% del PIB, más otro 0.9% del PIB por el financiamiento de US$660 millones a ser gestionado para la planta eléctrica de Punta Catalina.

Como si fuera poco, el Banco Central pondría sobre las finanzas públicas la carga de deuda cuasi fiscal adicional equivalente al 1.4% del PIB.

Siendo así, el déficit del sector público consolidado (3.2 más 1.4) sería igual al 4.6% del PIB, y quién sabe si al 5% del PIB si se agregara el que por inercia genera el resto del sector público no financiero.

De modo que 2.5, más 1.4, suman, tra la lá, el 3.9% del PIB, que estaría siendo generado como déficit para 2017 por estas dos áreas tan emblemáticas, electricidad y Banco Central. Una fruslería, ¿verdad?

¿Habrá algo misterioso que impida a los sucesivos gobiernos solucionar ambos problemas? Y si no, ¿por qué no los resuelven? Una hipótesis es porque son fuentes de poder y de riqueza. Otra porque implica asumir un costo político que los gobiernos se niegan a enfrentar. Puede que haya otras.

Al 14 de noviembre del 2016 los activos del Banco Central frente al gobierno (deuda cuasi fiscal) estaban en RD$514,184 millones, por lo que se habían multiplicado por 3.08 veces con respecto al 2005. Pero el gobierno transfiere anualmente al Banco Central partidas monetarias para ayudarle a cubrir el pago de los intereses a los inversionistas que adquieren certificados, y eso ya asciende a más de RD$160,000 millones.

A su vez, el Banco Central emite certificados que el público o los inversionistas adquieren, y que al 14 de noviembre del 2016 se elevaban a RD$429,490 millones, habiéndose multiplicado por 3.19.

El juego financiero ha venido a ser algo así como “papel con papel se mata”. En lenguaje de villancicos navideños sería “si no me dan de beber, lloro”. O sea, emito deuda y te pago con más papeles. Y con más papeles. Y con más papeles, y esa es la pura verdad, tra la lá. El rol del gobierno es el de pagar los platos rotos y anotar como deuda propia el faltante que dejan las operaciones entre el Banco Central y los adquirentes de los títulos que emite.

Esto causa una hinchazón financiera. Burbuja le llaman a veces, pero solo cuando explotan. Y genera grandes flujos de ganancias y pérdidas asentadas en el aire.

Las operaciones de tesorería del sistema financiero se engolosinan adquiriendo estos papeles de alto rendimiento, sin que haya producción real alguna. ¿Por qué rinden rentabilidad si son estériles, incapaces de fecundar o ser fecundadas? Al mismo tiempo el crédito a la producción pierde terreno, sin contar que tiene que ser solventado a tasas de interés muy altas que sacan de competencia a los agentes de la producción.

Y lo más insólito, el ahorro de los fondos de pensiones, estable en el larguísimo plazo, es sacado de circulación para mantener este esquema de ingeniería financiera, castrando las posibilidades de crecimiento sano de la producción, el empleo, y las exportaciones.

La deuda cuasi fiscal si bien tuvo su origen en el salvamento bancario, se ha convertido en un instrumento de control monetario y se utiliza para anclar el tipo de cambio, lo que explica que la sobrevivencia de la economía se base en el uso, como correctivo, de mano de obra de inmigrantes irregulares (salarios bajos) para poder paliar el sesgo adverso de estas políticas sobre la economía formal.

La economía real sufre un lastre grande en términos de costos financieros altos, insuficiencia de acceso al crédito, no disponibilidad de capitales de largo plazo, baja competitividad, preeminencia del sector informal, desplazamiento de mano de obra nacional por extranjera.

El plan de capitalización del Banco Central lo único que hace es prolongar el problema de la deuda cuasi fiscal en el tiempo, propiciar que adquiera mayor tamaño, y desangrar las finanzas públicas. Lo atinado sería buscar una solución diferente.

Algo sabemos ya, tra la lá, y es que la solución no es la capitalización del organismo monetario, aun si se cumpliera a cabalidad con el monto anual de la capitalización. Pudiera haber soluciones tan diversas como la imaginación o la visión de cada cual. Con que sean más efectivas y no tengan el alto costo de la vigente, habría que darse por satisfechos.

En cuanto al sector eléctrico, lo mas sensato y racional sería que el gobierno se saliera de ese negocio y ejerciera con propiedad y firmeza las funciones normativa y de supervisión con miras a crear un sistema eléctrico competitivo y funcional, y a su vez proceda a definir con mayor equidad a quiénes y por qué subsidiar. Podría mantener, si quisiera, las unidades de generación hidroeléctrica y la red de transmisión, por ser elementos estratégicos.

Si se hiciere así podría recuperar inversiones cuantiosas, frenar la espiral de gastos improductivos, dotar al país de un sistema eléctrico confiable, y cuadrar sus propias finanzas.

Hay tantas cosas por hacer, que tal vez no haya tiempo para actuar en lo importante. ¿No es verdad?, tra la lá.

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