Y la política fiscal, qué (7)*

Filósofo Vitriólico, dígame, y la política fiscal qué.

Debería ser la expresión más refinada de hacer valer los intereses de la nación. El Estado se usa para perpetuar grupos en el poder. De ahí se deriva la debilidad que afecta a las instituciones.

Usted tiene que ser comunista, fascista, subversivo o loco. El Estado nos representa a todos, ¿no es así?

Debiera ser, pero no es.

Entonces, en qué pies estamos parados.

Tú en los tuyos; yo en los míos.

Y la política de ingresos y gastos públicos, qué.

Está sentada en la comodidad de la deuda.

Ahora viene usted con enigmas. Desembuche y déjese de histrionismo.

Debe reconocerse que se han dado pasos para consolidar las finanzas públicas: desde las reformas del Dr. Balaguer al Código Tributario y los aranceles, hasta la prohibición de que el Banco Central financie al gobierno, en adición al ajuste del precio de los combustibles a la paridad, márgenes e impuestos.

Y qué se ha ganado con eso.

Mucho, pero se han dejado abiertas algunas troneras. Una es la permisividad de que ha disfrutado el sector informal. Por ahí merman ¡y mucho! los ingresos fiscales. La otra cara es el endeudamiento público vicioso, que anestesia al gobierno para poner sentido al gasto y lo lleva a posponer el reordenamiento de sus finanzas.

Caramba, es verdad. Pero explíqueme de qué manera el sector informal achica los ingresos fiscales.

Ni los empleadores ni los trabajadores del sector informal pagan los impuestos y las cotizaciones de seguridad social.

Las autoridades dicen que el modelo económico funciona como un papel de música, bien arregladito.

Descansa en el Everest de las remesas y de la deuda.

Qué de malo tienen las remesas, si son una especie de regalo.

Son el indicador más contundente del proceso de desnacionalización que vivimos. En vez de remesas necesitamos trabajo decente para los dominicanos. Exportar bienes y servicios con dedicación, intensidad y arrebato.

Y la deuda, ¿es sostenible?

Hay que frenar ese delirio. Si se perdiera la posibilidad de reenganchar con más préstamos o se encarecieran, pudiera ocurrir un desplome. Lo peor es que el endeudamiento se utiliza para pagar deuda e intereses, contratación de botellas y una supuesta inversión social ligada al afán clientelar. También para subsidiar el derroche de la administración y consumo de electricidad, y asumir el barril sin fondo del cuasi fiscal, en vez de invertir más en proyectos, y contribuir a la creación de empleos formales.

Parecería un país de pariguayos, ¿verdad?

Mira, Abimbaíto, entre el sector eléctrico y el Banco Central son responsables de alrededor de 2/3 del déficit anual.

Y, ¿hay soluciones?

Las hay, pero tienen un costo político.

Todo lo tiene si se va al gobierno para pretender quedarse para siempre y no para gobernar. Esa es la gran tragedia de este pueblo.

El Estado debe ajustar el gasto a los ingresos y cubrir las necesidades prioritarias sin gasto superfluo, ni improductivo. Por ejemplo, cerrando la llave al subsidio eléctrico generalizado y a la asunción de la deuda cuasi fiscal indefinida, sin propósito. Y los ingresos pudieran aumentar con solo cerrar la brecha a la informalidad y frenar la evasión mediante tributos generalizados y tasas bajas.

Si hicieran lo que usted dice, ¿habría mejoría?

Habría estabilidad sólidamente afincada y también desarrollo. Se abriría campo a una política monetaria que contribuyera a mantener tasas de interés bajas y a impulsar la inversión productiva, a la par que el Estado se concentraría en dar calidad al gasto social y a aumentar la dotación de infraestructura de calidad.

Excúseme, filosofo Vitriólico, no veo relación entre este asunto y el problema migratorio, que es sobre lo que estamos hablando.

No la ves, pero no significa que no la haya.

Pues dígame.

Para fortalecer las finanzas públicas, habrá que achicar la informalidad.

Si, pero qué papel cumple la inmigración ilegal en ese escenario.

Es la fuente que alimenta la informalidad. Se ha creado una cadena de intereses múltiples.

Filósofo, entonces es un lío mayúsculo, como una greña imposible de peinar.

Lo importante es rectificar, aunque signifique enfrentar intereses creados, mancuernas consolidadas. Y, para eso, el Estado debería modificar sus políticas erradas: migratoria, laboral, monetaria y fiscal, con olor a pólvora quemada y apariencia de artificio.

Y si no lo hicieran, ¿habría que conformarse?

La reacción vendrá, hasta por simple instinto de conservación. No lo dudes. Más pronto que tarde.

Tirirí tirirí, tirirá, a tocar corneta, que huele a zafarrancho.

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