En la frontera de la piel: violencia de género
Para todos los extractos de la sociedad dominicana, el 2011 terminó con un saldo muy alarmante de la violencia contra la mujer. El volumen de feminicidios aumentó en más de 229 casos, calculándose un episodio sangriento cada 48 horas durante todo el año. Para los inicios del 2012 nos cobijan las mismas incertidumbres y las dudas sobre quiénes podrían ser las próximas víctimas a nivel nacional.
Unidos a estos eventos contra la mujer dominicana, asistimos de igual modo, al auto asesinato de hombres agresores contra sus parejas o ex/parejas y de víctimas infantiles hijos/as huérfanos de una madre o de un padre sin vida. Este tipo de violencia, articula una red de sucesos que cuestiona la entraña misma del núcleo social dominicano. Ante estos acontecimientos, parece ser, que la psicología moderna tiene muy pocas herramientas para ayudarnos a entender, lo que sucede en la sique de un hombre que es capaz de quitar la vida de la mujer que dijo amar, la suya propia y la de unos hijos que alguna vez abrigó entre sus brazos y junto al calor del corazón.
No simplemente nos encontramos ante una familia destruida sino ante una sociedad dominicana en crisis en lo más profundo de su matriz organizativa. Amenazar la zona donde una sociedad produce sus relaciones íntimas, como es el núcleo familiar, está significando que el sentido y el futuro del grupo no simplemente está en franco deterioro sino en las andaduras progresivas de su misma descomposición.
Ya no estamos ante una "epidemia" silenciosa de feminicidios sino ante una desgarradora realidad. Nos preguntamos por las causas que han originado estos acontecimientos brutales y cómo detener este desajuste social, antes de que nos hagamos insensibles a la búsqueda de soluciones pertinentes y apropiadas. ¿Qué fue lo que se descontroló, se desajustó o se desvalorizó en la sociedad dominicana, para que llegáramos al extremo de tocar de manera violenta el lugar de gestación de la vida misma?
La sociedad dominicana enfrentada a esta situación, se encuentra sin los instrumentos institucionales adecuados para buscar soluciones pertinentes a este grado de violencia. Los fondos y los medios jurídicos y económicos son extremadamente limitados para hacer frente a una realidad que no tiene la característica social de ser coyuntural sino permanente y estructural.
El nivel de frustración social y existencial por el que atraviesan las relaciones sociales en la sociedad dominicana, no solo se manifiesta violentamente contra la mujer, sino que revela los límites de la masculinidad que estructura el discurso de poder que sostiene el entramado nacional. La revalorización de la mujer dominicana, tiene como eje vital una nueva racionalidad femenina, la cual está enfrentada ante la masculinidad imperante.
No hay duda de que la mujer tiene una real y más efectiva participación en el interior del espacio social dominicano. Para observar este fenómeno creciente solo tenemos que contemplar las aulas de nuestras escuelas y universidades repletas de mujeres en más de un 70%. ¿Dónde están los varones que deberían estar equilibrando esta situación dentro del espacio educativo? La nueva generación femenina no solamente quiere un hombre que le ofrezca recursos sino también afecto y respeto. Con esto no queremos simplemente afirmar que la masculinidad dominicana está en franca desventaja y que el fenómeno de capacitación femenino derrocará al macho en su estilo de agenciarse el centro del poder social.
No estamos ante una guerra de sexos. Lo que sí está manifestando la emergencia femenina es que el futuro inmediato de la sociedad dominicana tiene que integrar en condiciones más equitativas, sus nuevas demandas de participación como sujeto/a activo de una nueva producción social. Es por eso que en un futuro, igualmente cercano, estaremos enfrentados a que las posiciones de mando en los diferentes escenarios sociales, también estarán ocupadas por los más capacitados. La cuestión es que los más capacitados parece ser que serán las mujeres, lo cual es un desafío para el sistema educativo nacional y para la sociedad en general.
El discurso de posicionamiento del hombre dominicano, hasta ahora situado como soberano absoluto en el espacio social y familiar, está siendo revisado y cuestionado no simplemente por nuevas angustias económicas y sociales sino por una nueva inteligencia femenina con autonomía para decidir sobre su futuro y bienestar personal.
La condición general de la masculinidad dominicana rezagada en sus esquemas clásicos y con muy pocas posibilidades de apertura crítica de sí misma, no sabe cómo comportarse ante una mujer con más presencia social, mayor demanda de una relación equilibrada, más poder económico, con un intelecto más cultivado, más definida en su mundo afectivo y con más poder sobre el manejo de su cuerpo. La incapacidad unida al poder, además de manifestar su incompetencia, tiene la dudosa virtud de ser violenta.
Unidos a estos eventos contra la mujer dominicana, asistimos de igual modo, al auto asesinato de hombres agresores contra sus parejas o ex/parejas y de víctimas infantiles hijos/as huérfanos de una madre o de un padre sin vida. Este tipo de violencia, articula una red de sucesos que cuestiona la entraña misma del núcleo social dominicano. Ante estos acontecimientos, parece ser, que la psicología moderna tiene muy pocas herramientas para ayudarnos a entender, lo que sucede en la sique de un hombre que es capaz de quitar la vida de la mujer que dijo amar, la suya propia y la de unos hijos que alguna vez abrigó entre sus brazos y junto al calor del corazón.
No simplemente nos encontramos ante una familia destruida sino ante una sociedad dominicana en crisis en lo más profundo de su matriz organizativa. Amenazar la zona donde una sociedad produce sus relaciones íntimas, como es el núcleo familiar, está significando que el sentido y el futuro del grupo no simplemente está en franco deterioro sino en las andaduras progresivas de su misma descomposición.
Ya no estamos ante una "epidemia" silenciosa de feminicidios sino ante una desgarradora realidad. Nos preguntamos por las causas que han originado estos acontecimientos brutales y cómo detener este desajuste social, antes de que nos hagamos insensibles a la búsqueda de soluciones pertinentes y apropiadas. ¿Qué fue lo que se descontroló, se desajustó o se desvalorizó en la sociedad dominicana, para que llegáramos al extremo de tocar de manera violenta el lugar de gestación de la vida misma?
La sociedad dominicana enfrentada a esta situación, se encuentra sin los instrumentos institucionales adecuados para buscar soluciones pertinentes a este grado de violencia. Los fondos y los medios jurídicos y económicos son extremadamente limitados para hacer frente a una realidad que no tiene la característica social de ser coyuntural sino permanente y estructural.
El nivel de frustración social y existencial por el que atraviesan las relaciones sociales en la sociedad dominicana, no solo se manifiesta violentamente contra la mujer, sino que revela los límites de la masculinidad que estructura el discurso de poder que sostiene el entramado nacional. La revalorización de la mujer dominicana, tiene como eje vital una nueva racionalidad femenina, la cual está enfrentada ante la masculinidad imperante.
No hay duda de que la mujer tiene una real y más efectiva participación en el interior del espacio social dominicano. Para observar este fenómeno creciente solo tenemos que contemplar las aulas de nuestras escuelas y universidades repletas de mujeres en más de un 70%. ¿Dónde están los varones que deberían estar equilibrando esta situación dentro del espacio educativo? La nueva generación femenina no solamente quiere un hombre que le ofrezca recursos sino también afecto y respeto. Con esto no queremos simplemente afirmar que la masculinidad dominicana está en franca desventaja y que el fenómeno de capacitación femenino derrocará al macho en su estilo de agenciarse el centro del poder social.
No estamos ante una guerra de sexos. Lo que sí está manifestando la emergencia femenina es que el futuro inmediato de la sociedad dominicana tiene que integrar en condiciones más equitativas, sus nuevas demandas de participación como sujeto/a activo de una nueva producción social. Es por eso que en un futuro, igualmente cercano, estaremos enfrentados a que las posiciones de mando en los diferentes escenarios sociales, también estarán ocupadas por los más capacitados. La cuestión es que los más capacitados parece ser que serán las mujeres, lo cual es un desafío para el sistema educativo nacional y para la sociedad en general.
El discurso de posicionamiento del hombre dominicano, hasta ahora situado como soberano absoluto en el espacio social y familiar, está siendo revisado y cuestionado no simplemente por nuevas angustias económicas y sociales sino por una nueva inteligencia femenina con autonomía para decidir sobre su futuro y bienestar personal.
La condición general de la masculinidad dominicana rezagada en sus esquemas clásicos y con muy pocas posibilidades de apertura crítica de sí misma, no sabe cómo comportarse ante una mujer con más presencia social, mayor demanda de una relación equilibrada, más poder económico, con un intelecto más cultivado, más definida en su mundo afectivo y con más poder sobre el manejo de su cuerpo. La incapacidad unida al poder, además de manifestar su incompetencia, tiene la dudosa virtud de ser violenta.
Diario Libre
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