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Cuando el conocimiento se humaniza

Reflexiones sobre la tecnología y la empatía en la graduación de la PUCMM

En mi vida académica pocas veces he asistido a una investidura al finalizar un ciclo de estudios. El pasado sábado ocurrió una excepción. Participé en la 79.ª graduación ordinaria de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), en la que recibí el título de Doctora en Estudios del Español: Lingüística y Literatura.

Era, por supuesto, un momento especial. Cinco años de estudios y alrededor de cuatro dedicados a una investigación doctoral quedaban simbolizados en un título. Pero lo verdaderamente inolvidable ocurrió antes de recibirlo. Mientras desfilaban las autoridades académicas, descubrí entre ellas a mi director de tesis, el doctor Rafael Núñez Cedeño, profesor emérito de la Universidad de Illinois, en Chicago. Me quebré, lo confieso. Mi maestro había viajado desde Chicago para acompañarme en aquel momento.

Su presencia me hizo comprender, quizás, con mayor claridad, la dimensión de su acompañamiento durante todos estos años. Desde que impartió una de las asignaturas del doctorado, asumió mi investigación con un compromiso que trascendió las obligaciones académicas. Hubo rigor, exigencia, orientación y correcciones; pero también confianza, paciencia y una extraordinaria generosidad.

Durante el proceso dejamos de ser únicamente director y doctoranda. Nos convertimos en familia. Y en esa familia incluyo a su esposa, Yulissa, quien también estuvo presente, de distintas maneras, durante esta travesía.

Ver a mi maestro allí adquirió todavía mayor significado minutos después, cuando escuché al rector de la PUCMM, reverendo padre Secilio Espinal, reflexionar sobre la custodia de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial. Una frase quedó resonando en mí: "Actuar con humanidad".

Su llamado era a no permitir que los avances tecnológicos debiliten nuestra capacidad de escuchar, encontrarnos, dialogar, caminar juntos y permanecer atentos a las necesidades de los demás. Entonces volví a mirar a mi maestro, porque actuar con humanidad no es únicamente un desafío frente a la inteligencia artificial. Es una elección cotidiana frente a nuestras propias imperfecciones, nuestras prisas y la indiferencia que tantas veces nos distancia de los demás.

El doctor Núñez Cedeño me enseñó lingüística, investigación y disciplina científica. Me enseñó a buscar más allá de lo evidente, a leer entre líneas, a cuestionar y a dar lo mejor de mí. Pero su presencia aquel sábado terminó enseñándome algo que no figura en ningún programa académico: el conocimiento alcanza su mayor dimensión cuando está acompañado de humanidad.

Delante de usted, maestro, apenas comienzo como investigadora. Me queda muchísimo por aprender. Pero llevo conmigo una semilla que espero cultivar siempre: la curiosidad, el rigor y la búsqueda permanente.

Gracias por venir desde tan lejos para estar cerca. Y, gracias, padre Secilio, por recordarnos desde el pódium que ningún título, ningún avance científico y ninguna inteligencia, por extraordinaria que sea, tendrá sentido, si en el camino olvidamos aquello que nos hace verdaderamente humanos.

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Profesional del periodismo egresada de la UASD. Cuenta, además, con concentración académica en Comunicación Corporativa, Marketing Digital, Español, Lingüística y Literatura.