Más reflexión en esta Semana Santa

La que inició este domingo es la segunda Semana Santa en medio de la pandemia por coronavirus, con la diferencia de que en la del pasado año, las medidas de restricción impidieron que miles de personas se desplazaran libremente por la geografía nacional, ya que estábamos en los momentos cumbres de la propagación del virus.

En este momento, los números que ofrece el Ministerio de Salud Pública indican que ha bajado la cantidad de infectados; lo que, obviamente, llevó al Gobierno a flexibilizar las medidas y permitir que, durante el asueto de la Semana Mayor, el toque de queda inicie a las 7:00 de la noche, con libre tránsito hasta las 10:00 de la noche.

Sin embargo, en lo particular, una información me resulta inquietante: el asesor de Salud, doctor Eddy Pérez Then, advirtió sobre el aumento de la transmisibilidad del COVID-19, por lo que exhortó a la población a continuar con las medidas sanitarias que se han establecido contra el virus.

El jueves, el ministro de Salud afianzó ese escenario y dijo más, poniendo énfasis en el factor de riesgo que representan los jóvenes en la propagación del virus por el nivel de circulación durante el asueto.

Ese escenario podría plantear que, con cuatro o casi cinco días de descanso por la Semana Santa, tanto el éxodo hacia ciudades y el movimiento a lugares de recreación, podrían fácilmente disparar nuevamente el nivel de contagios, así como han advertido varios especialistas de la salud.

Si bien es cierto que necesitamos válvulas de escape como aliciente por el año de encierro que todos hemos vivido durante esta pandemia, igual debemos tomar conciencia de manera individual y responsable, para que el asueto no se traduzca en un nuevo repunte en los casos de contagios y las autoridades se vean, entonces, en la obligación de tomar medidas todavía más drásticas.

Lo ideal sería que este sea un período que nos lleve más a la reflexión que a la diversión. Es lo que conviene al país, según mi criterio.

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