Espejo de papel. - El patio vacío
La alegría no debiera morir nunca o, por lo menos, si tuviese que morir, hacerlo con la placidez de una sonrisa que el tiempo agota, y no por el disparo aleve del azar. Milton Peláez era el alma del humor en el cuerpo de los comediantes dominicanos. El pueblo, de su humor, hizo costumbre meridiana. No fue comediante, sino humorista. El comediante hace que se rían de él, el humorista logra que lo hagan con él. El primero consigue carcajadas con el gesto; el segundo, con ideas graciosas. El patio de Medrano, ahora, alegrará algún rincón de nuestro cielo. EPD.
homerofigueroa@hotmail.com
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Diario Libre
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