Estados oligárquicos
La tesis de Juan Bosch de que en la República Dominicana no había un estado burgués sencillamente porque no había burgueses, es válida para gran parte de la América Latina que al expulsar a los españoles a principios del siglo XIX, sustituyó la dominación foránea por una oligarquía terrateniente que era la antítesis de la burguesía.
Como explica Augusto Zamora Rodríguez, en "Ensayo sobre el subdesarrollo. Latinoamérica, 200 años después", el efecto más inmediato de la guerra de independencia fue "desatar la voracidad de las oligarquías nativas, que veían en el movimiento... la ocasión de crear sus propios Estados, no con la visión de modernidad que alumbraba en Europa el movimiento de las nacionalidades, sino con la visión dieciochesca de principados y reinos gobernados por una clase aristocrática. Fue así cómo, en vez de alumbrar Estados modernos, crearon arcaicos Estados oligárquicos, que pasaron a gobernar como si de grandes haciendas se tratara. Estados cuyo fin no era la modernidad propiciada por el liberalismo triunfante... Su propósito era, simplemente, preservar los privilegios de clase y conservar el poder para usufructo y goce de aquellas oligarquías reaccionarias".
Lo hemos vivido en este país, lo que explica cómo en los últimos tiempos se ha creado una oligarquía política, a imagen y semejanza de la otra, que depende del Estado para preservar sus privilegios.
Estas elecciones no son más que la lucha de esa oligarquía, blanca o morada, por preservar su hegemonía.
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Diario Libre
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