Guardar en tiempos buenos
He escuchado y leído en los meses que transcurren de este año a las autoridades y a la ciudadanía quejarse por la escasez de agua y el bajo nivel del líquido en los embalses de nuestras represas.
Gracias a Dios, han vuelto las aguas de mayo a bendecir a la República, trayendo consigo vaguadas y tormentas que han desbordado a más de un río.
Muchos países en donde abunda la sequía, desearían gozar de una ubicación estratégica para las lluvias como la que disfruta este país colocado en el mismo trayecto del Sol; como bien lo describió don Pedro Mir.
Pero como el dominicano no crea consciencia del valor del agua y del costo que se requiere para su potabilización, corresponde a las autoridades imponer las sanciones por el mal uso y desperdicio de ese regalo de la naturaleza.
Si es con dolor que debemos aprender, pues que nos duela, pero es preferible que sea racionada y que dure un poco. Más vale prevenir que tener que lamentar, porque los tiempos malos, vienen solos.
Ricardo Figuereo R
Si las lluvias fueran políticas se detendrían en el trayecto y no mojarían la tierra, sólo prometerían hacerlo. Pero no lo son, y, entonces, toda la ecología se enriquece con sus precipitaciones a la vez que denuncian las pésimas estrategias de construcciones de los políticos que vagan por la República prometiendo lo incumplible. Si las lluvias representaran fuentes de trabajo, los dominicanos elevarían su dignidad; y si las lluvias representaran dinero, los pobres dejarían de serlo. Sin embargo, todo ha de manejarse con la realidad de frente: deficiencia, ineptitud, abandono, fraudes, de un lado; o responsabilidad, eficacia, oportunidad, buenos resultados, del otro.
Hector
Diario Libre
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