¡Guarocuya, busca esos cuartos!
El celular de Regino no debe haber dejado de sonar...
Nadie duda de que el padre Regino, el de la frontera, pertenece a la Teología Haitiana, y que sólo reconoce como cristianos a los sin papeles del otro lado.
Nunca a los dominicanos.
Sin embargo, las cifras que maneja sobre el negocio de los ilegales son tan asombrosas, que obligan a llevarse la mano a la boca, como mujer ante cualquier sorpresa.
Debieran llamar la atención por lo menos del gobierno, cuya codicia fiscal rompe el bolsillo del contribuyente dominicano, que antes trabajaba para el inglés (el prestamista de la esquina), y ahora para Impuestos Internos.
Siete mil millones de lo que sea, hasta de hojas de palo, es un número a tener en cuenta, mucho más si como en el caso se trata de pesos.
Siete mil trescientos millones de pesos.
Guarocuya, el de la DGII, debiera ir pronto a hablar con el jesuita, y ver en cuál versión de la Biblia se inspira que sus estadísticas son tan alentadoras.
Si la Vulgata, o la Reina Valera, o la más reciente Latinoamericana, pues la lucidez del cura sobrepasa a la de los economistas más acreditados, incluyendo al francés de moda, que ya no es Hebrard, sino el genial Piketty.
Nadie duda de que el padre Regino, el de la frontera, pertenece a la Teología Haitiana, y que sólo reconoce como cristianos a los sin papeles del otro lado.
Nunca a los dominicanos.
Sin embargo, las cifras que maneja sobre el negocio de los ilegales son tan asombrosas, que obligan a llevarse la mano a la boca, como mujer ante cualquier sorpresa.
Debieran llamar la atención por lo menos del gobierno, cuya codicia fiscal rompe el bolsillo del contribuyente dominicano, que antes trabajaba para el inglés (el prestamista de la esquina), y ahora para Impuestos Internos.
Siete mil millones de lo que sea, hasta de hojas de palo, es un número a tener en cuenta, mucho más si como en el caso se trata de pesos.
Siete mil trescientos millones de pesos.
Guarocuya, el de la DGII, debiera ir pronto a hablar con el jesuita, y ver en cuál versión de la Biblia se inspira que sus estadísticas son tan alentadoras.
Si la Vulgata, o la Reina Valera, o la más reciente Latinoamericana, pues la lucidez del cura sobrepasa a la de los economistas más acreditados, incluyendo al francés de moda, que ya no es Hebrard, sino el genial Piketty.
Diario Libre
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