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Haití y las élites

La historia nos enseña que la convivencia pacífica y ordenada entre los Estados sólo es posible cuando coinciden los intereses económicos en ambos lados.

Los políticos pueden no entenderse, pero cuando las élites económicas logran conformar acuerdos de mutua conveniencia, las relaciones entre los pueblos se armonizan, lo que les permite convivir en paz.

Es evidente que las desavenencias actuales entre Haití y la República Dominicana se deben al crecimiento de las élites haitianas que han entendido que deben desarrollarse autónomamente en su territorio, lo cual es correcto.

El problema del lado dominicano es que nuestras élites siempre consideraron el comercio haitiano como marginal. Solo les interesó la mano de obra barata, particularmente en la industrias azucarera, algunos proyectos agroindustriales (café, tomate, arroz), y finalmente, en la construcción.

El comercio nunca les interesó. Pequeñas industrias y granjas de pollos se encargaron de sostener un comercio informal que tenía el mercado natural de algunos pueblos de la frontera.

Cuando las élites haitianas se dieron cuenta del volumen de negocios, comenzaron a mover sus fichas, y hasta ahora lo han hecho con éxito. Lamentablemente, ninguna contraparte dominicana ha tomado la iniciativa para negociar con los haitianos, aunque todas las mercancías que entran a Haití lo hacen por puertos dominicanos.

La ausencia de la élite económica dominicana es la gran causa de los problemas actuales. No es la sentencia.

atejada@diariolibre.com