John Nash y el equilibrio político
“La teoría de Nash de juegos no cooperativos debiera ser ahora considerada como uno de los avances intelectuales más importantes del siglo XX. La formulación del equilibrio de Nash ha tenido un fundamental y obvio impacto en la economía y las ciencias sociales, que es comparable con el descubrimiento de la doble hélice del DNA en las ciencias biológicas. Pero aun ahora, hay libros sobre la historia del pensamiento económico que fallan en dedicar una sola página al trabajo de Nash.” Roger Myerson, 1999
El trágico accidente automovilístico en New Jersey que costó la vida a John Nash y a su esposa significó un final inesperado para un economista que pasó la mayor parte de su vida atormentado por los perniciosos efectos de la esquizofrenia; hasta tal punto, que se vio imposibilitado de pronunciar el discurso de aceptación del merecido Premio Nobel de economía en 1994, y que compartió –aunque prácticamente nadie recuerda que ellos también fueron galardonados- con John Hersanyi y Reinhard Stelten, dos economistas que expandieron los aportes de Nash hacia juegos repetitivos y secuenciales.
La vida de Nash ha quedado plasmada en la pantalla del cine, mediante la magnífica película novelada
A Beautiful Mind,
encarnada por el actor Russell Crowe, y premiada con cuatro Oscars, incluyendo mejor película y mejor actor; aunque en varias ocasiones se aparta de la realidad, como en el caso del discurso de aceptación del Premio Nobel, en donde supuestamente Nash dedica el premio a su esposa Alicia, algo que no pudo ocurrir, pues no hubo tal discurso. Lo importante, sin embargo, es el duradero impacto que su obra ha tenido en la economía y en otras disciplinas científicas, luego de publicar su tesis doctoral Juegos no cooperativos en Princeton, conteniendo apenas 27 páginas, y sólo una fuente bibliográfica -aparte de una citación propia- demostrando que la carta de recomendación que le escribió un profesor, y que entregó para su aceptación en dicha universidad estaba en lo correcto cuando afirmaba que “este hombre es un genio.” Era lo único que estaba escrito en esa carta.
La teoría de juegos desarrollada inicialmente por Von Neumann y Oscar Morgenstein y ampliada por Nash, Hersanyi y Stelten, ha devenido en un instrumento de gran utilidad para analizar, no sólo las estrategias de las empresas en un ambiente de competencia o no, es también muy útil para evaluar las estrategias que las personas o las instituciones pudieran adoptar en un momento determinado. El equilibrio de Nash, un planteamiento crucial en la teoría de juegos, define la estrategia dominante dada una serie de opciones. Las soluciones pueden ser diferentes, dependiendo de las características de si el juego es de cooperación o no, estático o dinámico, único o secuencial, entre otras modalidades.
En este sentido, la crisis del PLD puede ser vista a través de las herramientas de la teoría de juegos. Cada grupo –reeleccionistas y anti reeleccionistas- desplegaron sus estrategias por el control del poder político a partir del 2016. Una estrategia para ser exitosa tiene que ser creíble. En esa lucha, la única estrategia creíble era la del proyecto reeleccionista, dada la correlación de fuerzas en las distintas instancias de dicho partido, y la disponibilidad de los recursos públicos para viabilizar la aprobación de la reforma en el Congreso Nacional; esto significa que la estrategia de la reelección podía considerarse no sólo como creíble, sino también como dominante. La estrategia anti reeleccionista, fundamentada en una cuestión de principios y de que era inaceptable el proyecto de reforma sin una ley orgánica de convocatoria y un referendo aprobatorio, era todo lo contrario. No lucía creíble, porque ya el órgano superior había tomado una decisión que de no cumplirse hubiese implicado sanciones disciplinarias para los disidentes. Tampoco era dominante, pues no disponía de los medios para imponerla.
Ahora bien, si el objetivo de la estrategia anti reelección era el de obligar a una negociación que evitase el predominio absoluto de una facción en los mecanismos de decisión del PLD, entonces la conclusión es un tanto diferente, pues de acuerdo con las informaciones disponibles, el posible acuerdo entre las partes en conflicto podría incluir la reelección de los congresistas disidentes, y la adopción de la regla por consenso, no por mayoría, en el Comité Político. En la práctica, esto significa que cada parte puede ejercer el derecho al veto.
¿Es éste un equilibrio político estable? La respuesta no puede estar desligada de la dinámica del tiempo. En el corto plazo, da respuesta a la necesidad del PLD de articular una posición unitaria –al menos en apariencia- para las elecciones del 2016. Pero en el largo plazo, podría erosionar la base de participación democrática de un liderazgo emergente dentro de ese partido que podría interpretar el acuerdo como una barrera a sus legítimas aspiraciones. Pero desde el 2006 estos arreglos han logrado administrar los conatos de crisis que han amenazado la unidad partidaria. No tiene por qué ser diferente esta vez; sólo que el tiempo agrava las fisuras.
Pedro Silverio Alvarez
Pedro Silverio Alvarez