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La Asamblea

Los diputados y senadores pueden intentar hacer las cosas bien, es decir, dar la impresión de que respetan los reglamentos y la Constitución y las leyes, o hacerlo con la prisa que ha caracterizado este proceso.

Y la prisa llama la atención. No es el caso del 1994, cuando intentábamos salir de una grave crisis política con el plazo fatal del 16 de agosto, fin del período constitucional, pendiente sobre la cabeza de todos. Ahora mismo no hay crisis en ningún sentido de la palabra, ni espada de Damocles amenazando la cabeza de nadie.

Por eso, la prisa no se entiende, sobre todo cuando ni siquiera el principal beneficiario de la decisión ha dicho esta boca es mía. Es más, los legisladores no saben si el presidente Medina va a aceptar la postulación, pues falta mucho para ello.

La prisa lo que parece decir es que el sector del Presidente es una aplanadora que pretende pisotear todo lo que se interponga a su paso. Pero el Partido de la Liberación Dominicana y sus aliados debieran ser más prudentes que eso.