“La ‘complacencia’ en cirugía plástica”

“La cirugía estética no es ni más ni menos que una serie de técnicas para aliviar el sufrimiento. Corregir una deformidad o irregularidad importante en el paciente, que le produce sufrimiento mental y quizás físico” (1).
En la sociedad postmoderna la presión ejercida por el mercado de la imagen, que ha sobrevalorado la importancia de los atributos físicos, implementando “la dictadura de la eterna juventud”; ha llevado a que charlatanes oferten soluciones irreales a muchas situaciones relacionadas con la imagen corporal que hoy en día no tienen una resolución satisfactoria, porque la medicina no avanza al mismo ritmo que la tecnología, y eso es debido, a que la ciencia médica requiere comprobación mediante el método científico con todas sus implicaciones bioéticas.
La cirugía plástica debe perseguir la perfección pero dentro de lo que está demostrado y comprobado que funciona adecuadamente. No puede admitir peligros indebidos, y esto sobre todo, porque en la gran mayoría de los casos son personas sanas. Esta especialidad puede contribuir a la resolución de problemas emocionales causados por deformidades físicas que provocan rechazo social. Hay defectos físicos que pueden tener graves consecuencias para la interacción social. La modificación de un aspecto desagradable ayuda a suprimir la barrera interpuesta previamente para las relaciones interpersonales.
El trastorno dismórfico corporal, que es la preocupación exagerada y fuera de lo normal por algún defecto percibido en sus características físicas, no entra dentro del campo de la cirugía plástica, sino que pertenece al ámbito de la psicología y de la psiquiatría.
La cirugía plástica tiene limitaciones y riesgos que deben ser comunicados al paciente. Se debe determinar su verdadera motivación. El deseo debe ser realista y la respuesta del cirujano a su preocupación también. Esto es fundamental para la comprensión de la idea que tiene el paciente de su defecto y qué espera de la cirugía. Ante dudas sobre lo que se espera lo más prudente es no realizar la intervención. Esta discusión no puede ser reemplazada por la “complacencia”, cuyo único fin es el pecuniario, ni por el concepto de “Némesis Médica” donde el médico “todo lo puede”.
En los últimos tiempos estamos ante un escenario en donde se ha roto la barrera entre la medicina y el negocio. Andan muchos cirujanos plásticos y pseudos cirujanos estéticos caminando en el filo de una navaja, que está colocada sobre una línea tenue que separa lo excepcional de lo catastrófico. Todo esto, con el único objetivo de ser “complacientes” con ese “cliente” vulnerable que quiere ver efectos mágicos donde la ciencia, en muchos casos, aún no ha llegado. Nos encontramos ante un deprimente teatro en el que la “complacencia” está llevando a la cirugía plástica a una inaceptable morbimortalidad.
“Complacencia” que se manifiesta en la oferta de fantasías, diciéndoles exactamente lo que quieren oír, a esos pobres pacientes que buscan en muchas ocasiones lo que la medicina aún no ha logrado, con el único móvil de atraparlos con los anzuelos de su codicia.
“Complacen” y ejercen la “complacencia”, porque el único criterio que les motivó a estudiar esta especialidad fue el dinero.
“Complacencia” por una sociedad de consumo que les exige estar en el vértice de una pirámide social cimentada en la falta de humanidad.
“Complacencia”, porque hay que cambiar el carro cada año.
“Complacencia”, porque sino el buscón no les consigue mas “clientes”.
“Complacencia”, porque sino el “interesado” se iría a operar con otro que acceda a sus deseos irreales.
“Complacencia” por la presión social, que tiene como paradigma del éxito la ostentación de signos exteriores de riqueza y que les dice, día a día, que hay que viajar a dar “conferencias” en los apartamentos donde “saloneras” les guardan sus “clientes” a cambio del pago de una comisión.
“Complacencia”, porque los que están llamados a ejercer los controles sobre la práctica médica no lo hacen.
“Complacencia”, porque se olvidaron de la razón y la prudencia, y entraron en ese mercado donde seres humanos son tratados, muchas veces, como pollos en una pollera.
“Complacencia”, que ha provocado que el soborno esté ahogando a la medicina en un mar proceloso, repleto de pagos efectuados como coimas, enviadas en sobres lacrados.
Para la “complacencia”, sociópatas que vieron el gran negocio que era dar cursos de “medicina estética”, han formado “escuelas” para charlatanes donde emiten certificados por cursos vía “online” y presencia ocasional, dizque para ser “cirujanos estéticos”, sólo en busca de engañar con malas prácticas médicas a personas alienadas por una ideología de la belleza a cualquier costo y riesgo.
“La verdadera cirugía plástica no puede ser una labor incidental de cualquier otra especialidad” (2).
En fin, “complacencia”, porque nunca en el norte de sus existencias estuvo la palabra humanismo.
¡Cuanta falta hace volver a ser humanos!
Diario Libre
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