La coyuntura
En el lenguaje de los economistas, la palabra coyuntura significa circunstancia, situación; lo que es en el corto plazo. Escribamos, pues, acerca de la coyuntura.
Los medios reseñan que entre enero y mayo del 2013 la deuda pública creció en US$2,995 millones. Es mucho, pero con un atenuante: en realidad subió en US$2,219 millones, una cifra que sigue siendo muy alta, pero menor que la que se airea. Y la diferencia, o sea US$776 millones, se debe a que en enero el gobierno emitió bonos de capitalización para formalizar parte de su deuda con el Banco Central, que siendo vieja se registra como nueva.
Y formalizarla es un paso de avance, que tendría que ser completado con el reconocimiento total de su monto, y con la disolución del triángulo formado por agentes económicos, Banco Central, y Gobierno, para convertirlo en una relación más sana, de dos: agentes económicos y Gobierno. Y proceder a limpiar y desinflar el balance del Banco Central, poniendo fin a la espiral de creación de deuda cuasi fiscal y a las profundas distorsiones que desnaturalizan el sistema financiero.
A enero-mayo del 2013 el déficit fiscal había ascendido a RD$10,479 millones, comparado con RD$38,903 millones en igual período del 2012, lo que refleja una mejoría relativa. No obstante, hay que considerar que en 2012 hubo elecciones y que tradicionalmente en esos períodos el gasto público se dispara, por lo que no es una buena referencia.
Hay una tendencia para la cual es probable que las autoridades estén visualizando algún tipo de correctivo: el gasto corriente está creciendo con rapidez, mientras la inversión ha permanecido constreñida. Ha aumentado el gasto en transferencias corrientes (incluyendo a la CDEEE), el servicio de intereses y los sueldos. Estas partidas de transferencias e intereses constituyen una carga muy pesada, que se fue gestando a lo largo muchos años, pero cuya solución corresponderá a las actuales autoridades.
Por tanto, convendría acelerar el proceso de reequilibrar el gasto, y otorgar mayor peso relativo a la inversión, eso sí, sin profundizar el déficit, ejercicio complejo y de alta dificultad, pero al mismo tiempo de una rentabilidad muy alta, si se midiera por la confianza y credibilidad que induciría.
En el otro lado del espectro se perfila una tendencia de lento incremento de los ingresos tributarios, que bien podría ser consecuencia del bajo crecimiento económico en el primer semestre o de la profundización de la informalización de la economía como una reacción a la reforma tributaria.
El asunto es que el gobierno está afrontando los costos de inducir la expansión de la economía al endeudarse en el exterior y colocar esos recursos al servicio de la recuperación, lo que hace posible el acomodamiento monetario a las nuevas circunstancias. Y parecería razonable darle el crédito por la reactivación que ya está en marcha en vez de cargarle sólo los costos.
Entre marzo y abril ingresaron al torrente monetario más de US$1,700 millones, provenientes de préstamos al sector público y de inversiones de cartera; es decir, cerca de RD$70,000 millones. Eso ha significado alta liquidez para el sistema financiero, pero aparentemente concentrada en pocos intermediarios financieros, lo que dificulta que se distribuya por canales más amplios.
De todo ese dinero, al 24 de junio más de RD$40,000 millones se encontraban en el Banco Central como depósitos remunerados, y por tanto habían sido retirados temporalmente de circulación, lo que se compara con una liberalización teórica de RD$20,000 millones del encaje legal, que en realidad a finales de junio no pasaba de RD$10,000 millones efectivamente desembolsados.
Eso configura un fenómeno de liquidez virtual. De hecho, el crecimiento de la base monetaria ampliada se ha producido por el crecimiento de su componente restrictivo y en menor medida del expansivo.
La noticia resaltante es que los préstamos bancarios al sector privado salieron de su marasmo y estancamiento y, en mayo y junio crecieron en más de RD$20,000 millones
Las tasas de interés han bajado cerca de tres puntos desde diciembre a junio. Luce que están tocando piso, tanto las bancarias como las del mercado de valores. Y en esto es importante evitar fluctuaciones significativas hacia arriba y hacia abajo. O sea, las señales tienen que ser captadas para que rindan sus mejores frutos.
En consecuencia, es sensible procurar que las señales no se interpreten mal. Eso es fundamental.
En esto el fortalecimiento de las reservas internacionales puede ser una medida de robustecimiento de la confianza, cuya contrapartida lógica es la prudencia fiscal con el objetivo de acercarse al equilibrio y generar superávit primario.
Esto último trasciende la coyuntura, pero no hay que perder de vista que la suma de estas va trillando el camino del largo plazo.
Eduardo García Michel
Eduardo García Michel