La disidencia es la norma
Está bien que no haya consenso, pero...
La culpa en principio es de los medios que no hacen el justo discernimiento, pero la otra razón es la carencia de institucionalidad, en que las categorías se pierden en la práctica.
Los órganos son colegiados, en apariencia, pero todos tienen un presidente que se supone cabeza y opinión predominante en cualquier circunstancia.
Sin embargo ¿qué ocurre con frecuencia? Voces distintas pontifican y son asumidas como iguales. Y se da en altas cortes, como el Constitucional o en la Junta, pero también en la Iglesia.
El debate, la controversia, la confusión.
¿Cuál de los pareceres se impone, por ejemplo, en el caso de la Junta: el de Rosario o el de Olivares y Aquino? Igual en el Constitucional ¿Milton o Katia e Isabel?
Cuando habla el uno, los otros replican, y en todas las ocasiones la impresión es que los segundos son tan o más importantes que los primeros.
La democracia es derecho de expresión del pensamiento, y también disidencia, y los consensos se hacen imposibles, pero no favorece a titulares, organismos y sistemas, que el desacuerdo sea la norma y se convierta en costumbre.
Diario Libre
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