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Aurora Tavarez Belliard, una maestra histórica

La Seño, como todos la llamábamos, es una maestra que continúa en nuestro corazón y en nuestra alma. Su manera de enseñar es algo para recordar con una sonrisa ya que lo que hacía era distinto a las demás. Ponía los mapas en el suelo y se subía sobre ellos para preguntarnos ¿Dónde estoy? ¿Cuál es este océano? ¿Y esta frontera? ¿Qué país estoy pisando? ¿En qué mar me estoy bañando? Era la manera de que no olvidáramos dónde estaban los países de América y las islas del Caribe, sus provincias, sus nombres y todo lo que teníamos que aprender en geografía. Nos hacía cantar, leer poemas, actuar en comedias y otras tantas cosas que nos llevaban a vivir con armonía y dedicación a los estudios.

En ese tiempo, hace muchos años, las maestras y los maestros daban todo tipo de enseñanzas: Matemáticas, literatura, historia, geografía, lectura en voz alta para que habláramos con corrección y aprendiéramos muchas cosas, escribir en nuestros cuadernos los dictados que corregían y había que volver a escribir en corrección varias veces las palabras mal escritas. Hubo un poema que me hizo recitar: “Cuando el árbol de hiere en el tronco, de su ruda corteza destila, como lágrimas triste la sabia que condensan del alma su vida, y digiérase al verlo que llora, al sentir destrozadas su fibras...” Ese poema me ha llevado a estar enamorada de la Madre Naturaleza y a proteger los árboles.

Vino desde Guayubín. Prima hermana de mi abuelo Gumersindo Belliard que también vino desde allá. La Seño fue una maestra que nos enseñó todo a su manera y con su forma muy especial. Nos dictaba y corregía y si había faltas de ortografía nos hacía reescribir cada palabra hasta treinta veces. Escribió varios libros: Simientes del Camino, Rayito de Sol, Lengua Materna, Bronces de la Raza, En el Sendero de Kempis, Historia Patria, Cartilla Silabario, y otros tantos y algunos que no logró publicar. Yo los conservo con cariño y creo que los maestros de hoy deben leerlos para hacer algo más a favor de sus discípulos. Lo increíble es que muchos de los libros ya no hay dónde encontrarlos. Escribió cuentos y poemas. Nos invitaba a hacer personajes de cuentos y nos llevaba a leer y leer libros y contarle sus historias, lo cual es un poder valioso sobre nuestras vidas cuando ya tenemos muchos años de edad, lo hoy que nos ha permitido hacer lo que hacíamos en la escuela y con la juventud, y ahora nos da alegría, calma y bienestar en cuerpo y alma.

La Seño recibió honores y condecoraciones, pero lo que rechazó fue una condecoración que le ofreció Trujillo. Ya vemos cómo era su vida, lo que pensaba y cómo actuaba, porque negarse a recibir eso podía llevarla hasta la cárcel. Sus más de cincuenta años de ejercicio escolar eran como una bendición de Dios para ella y para los que aprendimos de sus enseñanzas.

Moca

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