Bolereando con Manuel Sánchez Acosta

Manuel Sánchez Acosta

Lo mío con Manuel Sánchez Acosta son viejos amores. Datan de la niñez lejana, hace más de medio siglo. Como sancarleño, gran parte de mi vida comunitaria transcurrió en el parque y su entorno: la iglesia, la Escuela Brasil, con sus canchas de volibol y baloncesto mirando hacia la calle, el colegio de monjas Nuestra Señora de la Candelaria, la escuelita Santo Niño de Atocha, el cine Paramount, la radioemisora La Voz del Trópico. Y algo muy importante, en especial durante los fines de semana, el colmado bar de Mañiñí, dotado de vellonera. De este artefacto panzudo con luces de neón salía la voz metálica y nasal de Alberto Beltrán cantando Ven, un bolero que me atrapó los resortes del sentimiento.

Es obvio que no sabía quién era su autor. Sólo sé que me gustaba ese tema con su pegajosa candencia rítmica, su romántica textura poética y el fraseo del negro dulcero que cantaba con voz de pregón: "Ven,/ no te alejes de mi corazón/ Oye bien las palabras de amor/ que hay en esta canción". Escuchándolo, viajaba gratis a orillas del Sena: "Anoche soñé/ que estábamos tú y yo en París/ en luna de miel/ Era una parejita feliz".

Después le tocó el turno a Mi adoración. Ya entonces iba a las fiestecitas familiares, a los bailes infantiles y juveniles del Centro Sirio Libanés, El Golfito, La Casa de España, el Club de la Juventud y a lo máximo, el Patio Español del Hotel Jaragua. Allí bailé ese bolero, interpretado por Rafael Colón o Marcelino Plácido, con la orquesta de Luis Alberti: "Mi adoración/no quiero que me digas/que no hay un rinconcito/para mí en tu corazón". Desde entonces he adorado este tema.

Luego, en esa misma pista ya mayorcito, llegué al Paraíso Soñado y me quedé soñando "con tus lindos ojos/que quiero ver a mi antojo/para así poder vivir". Allí, Cupido -que mira desde un cristal, según Alberto Cortez- me flechó A primera vista: "Desde aquel instante en que tú me miraste/con tus lindos ojos brotó mi querer/Fue a primera vista/ que nació mi amor". Eran los años en que uno se enamoraba a primera vista, algo que se ha venido complicando últimamente.

En esta empatía con Sánchez Acosta entró también lo que su amigo Bobby Collazo (compositor de La última noche que pasé contigo) llamaba la ritmática, muy importante para el músico de "síncopas endiabladas", que al decir de Pedritín Delgado Malagón era este médico pianista, también percusionista. El ritmo fue tan importante en Manuel -quien era batería en una banda vegana en la cual Luis Alberti era el violín- que tocaba el piano como una tumbadora, este autor de La tambora y el zumbador. Yo diría que los parches africanos retumbaban constantemente en sus oídos, como en el poeta Manuel del Cabral: "Trópico, mira tu chivo/ después de muerto cantando".

 Hermano de Tito Puente y Tito Rodríguez, timbaleros mayores en los Nueva Yores, de Machito Grillo maraquero, de Mongo Santamaría conguero, de la guarachera Celia Cruz y su esposo Pedro Knight (trompeta de la Sonora), del guapachoso Rolando Laserie (timbalero de la Banda Gigante de Benny Moré). Del trompetista cubano Mario Bauzá (que lo vinculó a Dizzie Gillespie) y de Chico O' Farrill, piezas claves del Latin Jazz. De los Vicentico Valdés, Miguelito Valdés (Mr. Babalú), la Lupe y la mulata Graciela.

Relacionado con los pianistas y directores Ernesto Lecuona, Julio Gutiérrez, Marco Rizzo, Noro Morales, Billo Frómeta, Jorge Dalto (pianista del Gato Barbieri), Lalo Schiffrin y Vangelis. Ni hablar de la generación de músicos liderada por Paquito D' Rivera. Con entronques estelares en la nueva tropa rítmica: percusionistas como Giovanni Hidalgo, Guarionex Aquino hijo y un Michel Camilo, que también percute el piano como tambora.

Este Manuel fue el gran Papá Bocó de la música dominicana. Un fanático, a veces casi traumático, de los taca, taca, tum. Pienso que quiso ser timbalero -tocaba la batería en la Santo Domingo Jazz Band que dirigía Billo Frómeta, su compañero de estudios de medicina, antes de que el grupo se embarcara hacia Caracas para amenizar un baile el 31 de diciembre de 1937. O quizá bongocero o sencillamente bailar con los dedos de cirujano sobre el cuero de la tambora. Este Manuel tan dominicano, cubano, puertorriqueño, antillano de los Nueva Yores.

Siempre me picó su Ají Caribe, que realmente "pica como el diablo". Si lo halla por ahí, le advierto, "no le ponga el deo/ que te va a picar". Gracias a su letra en la voz de Negrito Chapuseaux y a la pedagogía inflamante de mi tío médico, Mané Pichardo Sardá, aprendí a no recoger cosas del piso y llevármelas a la boca.

Como muchos jóvenes negros, mulatos y blancos de esta media ínsula, me "inicié" en la brujería bailando como endemoniado su montador merengue Papá Bocó, con ese mago del ritmo que fue Félix del Rosario y su pana El Manso, voz en cuello Frank Cruz, en la atmósfera embrujante del night club Europa de mi primo Felo Haza del Castillo. Se iniciaban los 60's y Negrito Chapuseaux, su coautor, era demasiado blanquito para alcanzar el clímax de Félix y sus morenos.

Después me metí en los ambientes oscuros de las boites, que se pusieron de moda en años 60 y los 70's. Era como entrar en la noche a una noche más oscura. Creo que fue en la voz de Francis Santana, el Songo bolerista y sonero, que descubrí Por más que quieras, al estilo de Benny Moré: "Por más que quieras/ tratar de olvidarme/ sé que es imposible,/es la realidad/Llevas dentro de tu alma/ huellas imborrables/ que no olvidarás". Un bolero muy efectivo grabado en 1965 por Tito Rodríguez con la orquesta de Leroy Holmes. Julito Deschamps lo disparaba en el Bin Blan de la Feria y en La Barrica.

Al finalizar los 70, Renée Barrios actuaba en el piano bar El Yarey del Sheraton. Con su feeling, esta cantante y pianista cubana recreaba los temas de Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, René Touzet, Julio Gutiérrez, Frank Domínguez y Martha Valdés. Allí disfruté estas composiciones y las de Concha Valdés y Lolita de la Colina. Félix Valoy hacía los bailables con una hermosa vocalista que cantaba La Mecedora, un merengue de Sánchez Acosta, infaltable en el repertorio. Me mecí en esa mecedora apambichá cuantas veces pude.

En la producción FolkHoy, Sonia Silvestre, Jorge Taveras y Sánchez Acosta lanzaron La tambora y el zumbador, rescatado por Nandy Rivas en el album 100 temas/100 voces/100 años, de E. León Jimenes. Maribel fue adaptado por Los Solmenos a cadencia chacha. Su poesía tierna ha sido interpretada por Francis Santana y Arístides Incháustegui, al igual que A primera vista.

Rhina Ramírez es una de las más acertadas vocalizadoras de Sánchez Acosta con sus versiones de Paraíso Soñado, Ven, Saona y Cuatro temas, una balada de la cual Chucho Avellanet tiene una versión excelente. Antes, Lope Balaguer supo colocar su timbre magistral a Ven, Maribel y Paraíso Soñado, entre otros stándares replanteados por Daniel Santos, Danny Rivera, Luchy Vicioso, Cecilia García, Fernando Casado, Chino Joa, Expedy Pou, y Graciela. Muñeco de trapo fue convertido en hit por Sergio Vargas.

Hoy, la música de Manuel Sánchez Acosta nos sigue embrujando con su magia, como lo hiciera conmigo hace ya más de medio siglo.

Este Manuel fue el gran Papá Bocó de la música dominicana. Un fanático, a veces casi traumático, de los taca, taca, tum. Pienso que quiso ser timbalero-tocaba la batería en la Santo Domingo Jazz Band que dirigía Billo Frómeta, antes de que el grupo se embarcara hacia Caracas.

20081108 http://www.diariolibre.com

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