Bosch, Profesor en Costa Rica

En un contexto de agudización de la Guerra Fría en el Caribe, en octubre de 1960 empezó a operar en Costa Rica el Instituto de Educación Política, una valiosa iniciativa de alcance regional del ex presidente José Figueres avalada por partidos de la izquierda democrática latinoamericana, que contó con apoyo de entidades de EEUU gestionado por el dirigente socialista Norman Thomas y el rumano americano Sacha Volman -ambos ejecutivos del Institute of International Labor Research con sede en New York. Antes, en noviembre de 1959, en la finca La Lucha de Figueres, se reunieron representantes de dieciocho partidos -incluyendo a Luis Beltrán Prieto de Acción Democrática, Ramiro Prialé del APRA, Sánchez Arango de los Auténticos-, acordando su respaldo al Instituto. Justo cuando los eventos que conmocionaban el hemisferio a raíz del triunfo de la revolución cubana encabezada por Fidel Castro -una hazaña milagrosa le llamaría Juan Bosch- disparaban el termostato impactando las relaciones interamericanas.
Como parte de este esfuerzo de concertación política entre fuerzas que propugnaban reformas democráticas esquivando el radicalismo armado para imponer cambios revolucionarios, se editaba en Costa Rica la revista Combate, cuyo primer número vio la luz en julio/agosto del 58. Dirigida por Luis Alberto Monge (antiguo secretario general de la Organización Regional del Trabajo y futuro presidente de Costa Rica), este número trajo textos de Norman Thomas (los incidentes en la escuela de Little Rock y la lucha contra la segregación racial), Rómulo Betancourt (la accidentada visita de Nixon a Caracas), José Figueres (la política exterior USA y el creciente antiamericanismo) y Haya de la Torre (los pueblos y la civilización democrática), miembros de su consejo editorial. Aportes de Víctor Alba sobre militarismo, Sacha Volman acerca de la dictadura de Batista, notas relativas a los sindicatos bajo Trujillo y colaboración de Robert J. Alexander, latinoamericanista especialista en movimientos de izquierda, designado por Kennedy en el grupo que formuló la Alianza para el Progreso.
En un ambiente de camaradería, el Instituto logró nuclear como docentes en la apacible villa San Isidro Coronado a un grupo de reputadas personalidades del mundo político y académico de la región, pensadores latinoamericanos como el líder aprista peruano Haya de la Torre y norteamericanos como el profesor de ciencias políticas Harry Kantor, de la Universidad de La Florida. Bajo la rectoría de Benjamín Núñez, un peculiar sacerdote costarricense formado en sociología en EEUU, participante en la revolución armada del 48 que llevó a Figueres al poder por vez primera, fundador del Partido Liberación Nacional y del movimiento sindical Rerum Novarum, ministro de Trabajo y embajador ante la ONU. Allí Núñez activó como anticolonialista y contra la "Internacional de los Sables" (Somoza, Stroessner, Odría, Pérez Jiménez, Batista, Trujillo), trabando amistad con el delegado del gobierno vasco en el exilio Jesús de Galíndez, mientras ambos servían en el ente mundial y estudiaban en Columbia.
Otros docentes incluyeron al narrador e historiador ecuatoriano Alfredo Pareja Díez-Canseco. A los dirigentes apristas Armando Villanueva del Campo (luego premier en la primera presidencia de Alan García, cabeza del senado y la cámara de diputados) y Andrés Townsend (legislador y diplomático, promotor del Parlamento Latinoamericano, que en los 70 volvería a Costa Rica a dirigir el Centro de Estudios Democráticos apoyado por la Ebert, a quien traté en 1983 en Caracas durante el Congreso de Pensamiento Político dedicado a Bolívar). Los cubanos Aureliano Sánchez Arango (ex ministro de Educación de Prío y líder Auténtico) y el economista agrícola Alberto Arredondo. El jurista paraguayo del partido Febrerista Elpidio Yegros, el ensayista e historiador argentino Dardo Cúneo (embajador de Frondizi ante la OEA), así como los costarricenses Núñez, Figueres, Monge.
Invitado por Figueres y el padre Núñez a participar en la inauguración del Instituto, cuyo primer curso iniciaría en octubre del 60, Juan Bosch respondió a don Pepe desde Caracas el 22 de septiembre, agradeciéndole "el interés que pones en hacerme servir a una idea tan útil y la fe que tienes en mi capacidad". Para decirle a seguidas que no podría viajar. "Dada la estrechez en que vivo y la malísima situación económica del país, una ausencia de tres semanas significaría una catástrofe familiar, de la cual no sabría cómo salir". Sincerándose con el amigo: "Como ya he cumplido cincuenta y un años y me he convencido de que no puedo ganar dinero sino es la pequeña cantidad de cada día, he tenido que adoptar la conducta de abandonar toda actividad improductiva. Desde hace cuatro años, mi función es la del hombre que se reduce a obtener el pan para los suyos. Si de vez en cuando escribo un libro no es por vocación de escritor nada más, sino en busca de algún dinero. Lo único que puedo hacer y trato de hacer es que además de darme a mí cierto dinero, esos libros les den a otros, ideas, dignidad y belleza. Mi querido Pepe, estoy convencido que me tocó nacer fuera de tiempo y de lugar, y he tenido que encarar sin dramatismo el destino de un hombre sin destino, cuyo único refugio, aceptado al cabo de los años, es el hogar. No puedo, pues, ser útil ni al Instituto ni a mi país ni a América."
Pese a ello, Bosch envió un mensaje a los estudiantes del primer curso. En el segundo ciclo participaría ya como docente, accediendo a los reclamos de los responsables del Instituto, incluyendo el dinámico Sacha Volman. Así, el 26 de abril del 61 se dirigía inspirado con el cariño acostumbrado a doña Carmen: "Te escribo desde San José, en el amplio balcón de las oficinas del Instituto, aireado por una fresca brisa de día caluroso en la media tarde. Ayer acordamos darles a los alumnos los miércoles en la tarde para que hagan deportes, y eso me da tiempo para dedicártelo". Observando: "Costa Rica no es el país que dejamos hace siete años, ni San José el pueblo en que nació nuestra hija; esto es ahora una pequeña capital y estoy ahora seguro de que aquí viviremos bien y seremos aun más felices que en Caracas".
"Yo estoy viviendo -creo habértelo dicho- con un compañero, el Director de Estudios del Instituto, Alfredo Pareja Diezcanseco, ecuatoriano, escritor de categoría y hombre fino. Alquiló un buen apartamento amoblado…Por ahora estoy bien atendido en todos los órdenes: comida, ropa, alojamiento; y mi salud es buena". En esa misiva manuscrita, Bosch expresaba su opinión sobre la recién fracasada invasión de Girón: "Con su habitual falta de capacidad para conocer los problemas de nuestros pueblos, los yanquis han provocado un escándalo mayúsculo; y pronto veremos las consecuencias de su error." El 10 de mayo, a 20 días del gran día del ajusticiamiento del tirano, escribía desde San Isidro Coronado a doña Carmen, informándole que en adición a la docencia le habían hecho "Director de Extensión Cultural y Recreación". Debiendo organizar el programa cultural y algunas excursiones con el alumnado, como la realizada a las playas de Puntarenas en la costa del Pacífico. Como los padres de Bosch se encontraban residiendo en Costa Rica, ese fin de semana no pudo visitarlos.
Desde Caracas, doña Carmen respondía alegrándose de "que pudieras llegar a tiempo para la inauguración del curso, ¡cuánto lo celebro! Con todo lo que esto tiene de formal también es un punto de partida emocional, tanto más adecuado si a esto va añadido el reconocimiento previo de valores, como en tu caso. Todo, pues me parece más que bueno, bellísimo. Hubiera dado con gusto hasta las pestañas para estar allí viéndote llegar en este momento preciso de tu vida, al nivel natural de todo hombre que piensa cuando ha coronado la vida: la enseñanza. Pensar no es sino la función de un órgano: transmitir la experiencia y el conocimiento en sano equilibrio, es un privilegio y un deber de los que están dotados de la gracia suma, la de ser verdaderamente hombres, en sentido total".
La educadora en ejercicio que era entonces doña Carmen Quidiello adelantaba a su cónyuge oportunos comentarios de orden pedagógico. "Ahora presumo que estarás en la etapa de trazarte un programa; dividirlo en temas; hacer la gradación de los mismos para su exposición; realizar esquemas y organizar ficheros que aminoren el esfuerzo de la improvisación; escoger la bibliografía…en fin, toda esa cosa menuda pero útil que ayuda tanto a la mecánica de la enseñanza. Tú que eres un creador y a la vez un autodidacta tuviste que tomar los elementos del conocimiento de aquí y de allá, de todas partes y de ninguna, a grandes sorbos o a paladeos insuficientes pero todo asimilado y devuelto en forma de obra de arte, pero ese esfuerzo y esa posibilidad no le es dable realizar a todo el mundo."
Para proyectar desde el hondón de los afectos. "En este instante te veo con los ojos de la imaginación frente a esa audiencia de jóvenes limpios (por propio esfuerzo y propia selección de valores), no tanto por el mito de la edad que en este mundo de resentidos se ha desvanecido; ávidos todos de conocer ejemplos vivos de conducta, no sólo de adquirir información y conocimientos específicos. Me complace tanto saber que tendrás ante ti al levantarte cada mañana un día pleno, estimulante, con requerimientos precisos al intelecto y al espíritu."
En ese paréntesis pluralista de Costa Rica, en el remanso del villorrio montañoso de Coronado, con su hermosa iglesia gótica. Rodeado del respeto de sus alumnos -como el futuro novelista y dirigente sandinista Sergio Ramírez: "hablamos allí unas dos horas, por la tarde en el comedor de la escuela, que era como un internado con alumnos de toda América Latina que llegaban a formarse en las ideas social-demócratas"- y del aprecio de colegas, algunos exiliados como él, fraguó su estampa profesoral Juan Bosch. Para prodigarla luego con creces en suelo dominicano. Durante medio siglo de fecunda pedagogía.
Diario Libre
Diario Libre