Caribe, caniba, caníbal

En su viaje de retorno a España inmediatamente después de haber descubierto unas islas en el Océano Atlántico, Cristóbal Colón escribió una carta a su amigo Luis de Santángel en la cual ofreció las primeras noticias que circularon por Europa acerca de un nuevo mundo que él creía entonces formaba parte de Asia.

Esa carta, escrita el 23 de marzo de 1493, sorprende por las singulares noticias que Colón y sus acompañantes recabaron tanto de los primeros taínos con quienes estos maravillados europeos entraron en contacto en las islas Lucayas (hoy Bahamas), en Cuba y Haití, como de otros pueblos más feroces que los taínos decían comían carne humana.

Tanto en su diario de navegación como en esa primera carta "anunciando el descubrimiento del Nuevo Mundo", Colón consignó que en unas islas más lejanas, hacia el oriente de Haití habitaban unas gentes llamadas caniba o cariba que navegaban entre las islas y asaltaban a los poblados taínos.

Colón y su gente creyeron que esa gente debía ser oriunda de unas tierras muy grandes, "casi infinitas" como un continente, llamada Canibana o Caribana, probablemente Sudamérica, de donde hoy sabemos procedían originalmente los pueblos que habitaban las Antillas antes de la llegada de los europeos.

Durante su primer viaje Colón tuvo la oportunidad de conocer algunos descendientes de estos grupos humanos más agresivos y guerreros que ya habían penetrado en la isla de Haití y se habían establecido en la parte nord-oriental de la misma, particularmente en la península de Samaná y en las zonas circundantes a los actuales poblados de Nagua y Cabrera.

Estos eran los "ciguayos", considerados por muchos historiadores como responsables del ataque con flechas que Colón recibió cuando se acercó a las costas de Samaná, en un lugar que el Almirante bautizó entonces como Golfo de las Flechas.

En el curso de su segundo viaje a las Antillas Colón entró en contacto directo con los caniba o cariba, que fueron muy pronto llamados "caribes". Esto ocurrió en las islas de Guadalupe y Martinica, y de ese encuentro se conservan por lo menos dos narraciones.

Una de ellas la escribió el médico de la expedición llamado Diego Álvarez Chanca y la otra fue escrita por un amigo italiano de Colón llamado Miguel de Cúneo.

Álvarez Chanca narra sus experiencias en una carta dirigida al Cabildo de Sevilla. En ella cuenta que el lunes 4 de noviembre de 1493 Colón y su gente desembarcaron en una isla bautizada por el Almirante con el nombre de Guadalupe, y que en ella vieron unas gentes que salieron huyendo tan pronto se acercaron los exploradores a sus casas.

Dice Chanca que el grupo enviado por Colón a explorar la isla: "halló mucho algodón hilado e por hilar e cosas de sus mantenimiento e de todo traxo un poco; en especial traxo cuatro o cinco huesos de brazos e piernas de ombres. Luego que aquello vimos, sospechamos que aquellas islas heran las de Caribe, que son abitadas de gente que come carne umana, porque el Almirante por señas que le avían dado del sitio destas islas, el otro camino los indios de las islas que antes avían descubierto, avía enderezado el camino por descubrirlas, porque estavan más cerca de España y también porque por allí se hacía el camino derecho para venir a la isla Española, donde antes avía dexado la gente".

Más adelante, el mismo día, los hombres de Colón se dividieron en varios grupos para penetrar en la isla. Allí tomaron más de veinte mugeres cautivas que luego el Almirante repartió como sirvientas entre sus acompañantes.

Allí, cuenta Álvarez Chanca, "muchas vezes salimos a tierra andando por sus moradas e pueblos que estavan a la costa, donde hallamos infinitos huesos de ombres e los cascos de las cabezas colgados por las casas a manera de vasijas para tener cosas".

"Esta gente salta las otras islas, que traen las mugeres que pueden aver, en especial mozas y hermosas, las cuales tienen para su servicio e para tener por mancebas, e traen tantas que en cincuenta casas ellos no parecieron y de las cautivas se vinieron más de veinte mozas. Dicen también estas mugeres que éstos usan de una crueldad que parece cosa increíble, que los hijos que en ellas han se los comen, que solamente crían los que han en sus mugeres naturales. Los ombres que pueden aver, los que son vibos, llevánselos a sus casas para hazer canecería d´ellos y los que han muerto luego se los comen; dizen que la carne de ombre es tan buena que no ay tal cosa en el mundo, y bien parece, porque los huesos que en estas casas hallamos, todo lo que se puede roer todo lo tenían roído, que no avía en ellos sino lo que por su mucha dureza no se podía comer. Allí se halló una casa, cociendo en una olla, un pescuezo de un ombre. Los mochachos que cautivan cortánlos el miembro e sírvense de ellos fasta que son ombres y después, cuando quieren fazer fiesta, mátanlos e cómenselos porque dizen que la carne de los mochachos e de las mugeres no es buena para comer. D´estos mochachos se vinieron para nosotros huyendo tres, todos tres cortados sus miembros".

En la otra carta privada que se conserva de este segundo viaje de Colón, su autor, Miguel de Cúneo, relata los mismos hechos que Álvarez Chanca pero con menos detalles, aunque fijándose en otros asuntos de su propio interés. En ambas cartas quedó registrado el canibalismo de los indios caribes.

Por ejemplo, en un pasaje de su carta escrita a su amigo italiano Jerónimo Annaro, Cúneo cuenta que en la misma isla de Guadalupe "cogimos a doce mujeres bellísimas y gordísimas de la edad de quince a dieciséis años, con dos muchachos de la misma edad, los cuales tenían cortado el miembro genital hasta el vientre; juzgamos que se les había castrado para que no se juntaran con sus mujeres, o al menos para cebarlos y después comerlos. Estos muchachos y muchachas habían sido apresados por los dichos cambalos (caníbales); los mandamos a España al Rey como un portento."

A estos primeros testimonios acerca del canibalismo de los caribes siguieron otros en años posteriores, referidos tanto a las Antillas Menores como a ciertas zonas de Mesoamérica y el Brasil. Todavía en 1570, casi ochenta años después del primer viaje de Colón, se registraban casos de canibalismo entre los indios Tupinambá en el nordeste del Brasil.

Estos testimonios han sido cuestionados modernamente por algunos antropólogos e historiadores que han leído las crónicas con otra óptica. Estos cuestionamientos han dado lugar a un amplio debate acerca de canibalismo caribe y de otros canibalismos precolombinos y post-colombinos. De estos últimos hay numerosos testimonios referidos a los mayas y mexicas.

Ese debate continúa hoy. Los negadores del canibalismo caribe utilizan varios argumentos, siendo uno de ellos el hecho de que el canibalismo fue utilizado como pretexto por los conquistadores españoles para asaltar las aldeas caribes de las Antillas Menores y tomar a sus habitantes como esclavos para llevarlos a trabajar a las minas de la Española y la isla de San Juan, hoy Puerto Rico.

Esos ataques fueron calificados por los encomenderos españoles como "guerras justas" porque eran libradas contra pueblos "infieles" que nunca aceptarían ser cristianizados, entre otras razones, por su costumbre de comer carne humana, lo cual justificaba ser castigados convirtiéndolos en esclavos.

El principal escenario de este debate ha sido el mundo académico puertorriqueño, pero los argumentos en uno y otro sentido ha llegado a penetrar ciertos ambientes universitarios norteamericanos. Ese debate es tan interesante que merece un artículo aparte.
20101218 http://www.diariolibre.com

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