Conversar en silencio

Hace unos días vinieron dos amigos a visitarme. Saludos, abrazos y besos, y de pronto comenzó la conversación. Creí que íbamos a contar de nuestras vidas porque somos amigos de infancia. Pero no. Comenzaron a hablar de los políticos, todo en su contra. Y yo apenas trataba de decirles que “fulano de tal era mi amigo”, pero no, ni me alcazaba decirle porque ellos hablaban con voz muy alta y se reían de lo negativo que decían de miles de políticos y yo solo tomando un café.

Entiendo que la política de este país no es muy correcta, pero para mí eso sucede en todo el mundo. Y estoy en contra de los políticos “rastreros”, pero si voy a visitar a un amigo podemos hablar un poco de la negatividad política, pero solo un poco, no hacerlo por horas y horas. Eso solo se usa en la televisión, en los periódicos, pero nada personal. Con ese “habla que te habla” los dejado a un lado, y cuando vuelvan juntos a visitarme, le daré “un boche y tres pellizcos” Ja, ja, ja...

Pero aunque me he disgustado, me he reído. Así son las cosas de la vida. Quizás sea mejor escuchar ese chisme y no solo cuando la amiga viene y guarda el silencio. Muchas veces una persona viene y te pregunta de toda tu intimidad, del esposo que hace, de los hijos y si saben idiomas, y no digo más, porque llenaría todas las páginas de DL. Pero a pesar de todos los amigos y amigas “hablan que te hablan, cuentan que te cuentan”, hay que seguirlos queriendo. Y si una está un poco mal, ojalá se cierren la boca y dejen la lengua “pegada del cielo de la boca. Ja, ja, ja..., amigos y amigas siempre queridas.

Hablar es una gran educación y una perfecta conquista.

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