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COTORRA VIEJA NO APRENDE A HABLAR

Ligia Minaya

Escritora

Es lo que me pasa con el inglés. No hay forma de que lo hable como Dios manda. Los apóstrofes, las pronunciaciones enredadas en la lengua, no me dejan entenderlo. Puedo leerlo bastante bien y escribirlo con ayuda del diccionario, pero de ahí a que estos gringos me comprendan hay un abismo. ¡Ay Dios, porqué me tiene que pasar esto! Y a mis años. Cuando voy a una tienda y alguien me entiende, lo he logrado, me digo. Como después de cinco inviernos la piel se me ha aclarado y paso por gringa, la gente me habla en inglés, y es un calvario. 

Hace unos días fui al supermercado a comprar jugos. Di vuelta y vueltas y no los encontraba. Se me acercó un señor y me dijo "May I help you". Yes, contesté. "I'm looking for juice Naked". El hombre me miró como quien ve caer un rayo. Juice, repetía yo, pero el hombre seguía sin entenderme, y yo repetía juice Naked, o sea Naked, la marca, y quiere decir jugo desnudo, sin preservativos. Me entendió cuando le hablé por señas. Al llegar a casa se lo conté a mi hijo, me miró y se rió a carcajadas. "Mamá, con ese inglés tuyo lo que el hombre entendió es que lo querías ver desnudo". Y la verdad es que el tipo estaba tan bueno que me hubiera gustado ver que se quitaba la ropa.

He pasado más de una vergüenza, lo digo sin sentirme culpable. Es que si le cambias el adjetivo que deber ir antes del sustantivo, no entienden nada. Pero nosotros, sí los entendemos cuando hablan su español a saltos. ¿Cómo es posible que por cambiar de posición el adjetivo se queden en la inopia? Otro día fui a la tienda y le pregunté a la empleada dónde quedaba el "fitteen room" (o sea la habitación quince), ella me miró y con una sonrisa socarrona me lo señaló, a la vez que me decía "fitting room" (o sea el cuarto en que me podía probar el vestido). Y cuando la palabra va con un up, out, la cosa se me pone fea. Es que cotorra vieja no aprende a hablar. En primavera me pondré en una escuela para cotejar mi arroz con mango con el inglés que hablan los gringos. Porque mire usted, yo lo hablo, pero ellos no me entienden y ahí está el problema. El que me enseñaron en Santo Domingo fue un inglés palabra por palabra, pronunciado con acento dominicano y ese aquí no vale. Lo peor es que mi nieto que habla español e inglés perfectamente me hace repetir y volver a pronunciar cada palabra. Sin embargo, si él dice abuela's cama, cuando debe decir la cama de abuela, yo lo entiendo. A mi edad no creo que lo pueda hablarlo a perfección y mucho menos escribir una novela. Me parece estar masticando piedras. 

Muchos norteamericanos se esfuerzan en hablar español, a machacones, como nosotros su inglés. Aún así, con mis tropiezos, he tenido alumnos para enseñarles nuestra lengua. Yo les ayudo a ellos y ellos a mí. Por lo pronto, el representante de Colorado ante el Congreso será mi alumno y le voy a enseñar, malas-palabras incluidas, para que se entienda con los hispanos y no pase por las mismas vergüenzas que estoy pasando yo. ¡Ay Dios mío!

Es que cotorra vieja no aprende a hablar. En primavera me pondré en una escuela para cotejar mi arroz con mango con el inglés que hablan los gringos. Porque mire usted, yo lo hablo, pero ellos no me entienden y ahí está el problema.

Denver, Colorado