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Cruzando la frontera de la vida

Se nos han ido, cruzando la frontera de la vida, muchos familiares, amigos, amigas, y aunque sabemos que la vida material va dejando sus espacios, es muy doloroso, muy triste, nos duele el alma, se agita el corazón, corren las lágrimas y la voz se esconde. Al despedirlos, se van quedando presentes, al recordarlos reímos, cantamos, seguimos al pie de la letra lo que vimos de ellos y ellas, sus consejos quedan escritos dentro de nuestras vidas y nuestra personalidad los toma como si fueran un libro a nuestro favor.

Para mí la vida me ha ido dando tropiezos, alegrías, confesiones, alturas, caídas y una mezcla de dolor y recuerdos felices con los cruces de la frontera de tantos amigos y amigos y hasta simples conocidos. Lloro, río, converso con ellos y ellas. Por eso me gusta ir a los cementerios porque allí me siento a su lado y hablamos, nos contamos cosas que hicimos y otras que dejamos de hacer, lo bueno que tuvimos y los momentos inconfortables por los que pasamos. Eso lo hago con mi madre y mi padre, con mis abuelos paternos y Tía Julieta, con mis primos, y con mi madre lo hacía desde niña. Le contaba cómo me iba en el colegio, le pedía que me ayudara a realizar bien mis tareas, todavía le he ido contando de mi vida, y reímos. Siento que ella está siempre dentro de mí.

Una vez, siendo muy niña, le dije a mi abuela materna, con quien me crié, que iba a la iglesia cuando solo existía en Moca la de La Virgen del Rosario y ella me mandó con un muchacho que trabajaba en la casa. Él se quedó en el parque y yo entré, recé, salí por la otra puerta y me fui al cementerio a hablar con mi mamá. Cuando él se dio cuenta que no estaba ya en la iglesia corrió para la casa y allí le dieron un boche. Cuando yo llegué al cementerio hablé mucho con mi madre, que era la única que estaba allí y tuve la suerte que al regresar a la casa no me pusieron de castigo por haber cometido un “sin permiso”. Tenía cinco años.

A todos mis amigos, amigas y familiares que ya han cruzado la frontera de la vida: “No le digo adiós, le digo hasta siempre”.