¿De dónde viene el ser humano?
En los laboratorios analizan un ratoncito blanco, le inyectan determinada sustancia, su corazón reacciona de una forma, su hígado de otra, sus intestinos se desgastan, y luego dicen que los humanos debemos no usar eso y no hacer lo otro, no comer o beber aquella cosa. Y yo me pregunto ¿Es que descendemos de ratones? ¡Válgame Dios! Ojalá no sea de un ratón asqueroso de esos que andan por las calles, viven en letrinas, comen basura y se la pasan riéndose de nosotros. Algunos dicen que descendemos de los monos. Eso es más aceptable. Basta ver la cara de algunos para darse cuenta de que, además de parecerse a ellos, actúan como tal.
Dicen que Dios hizo al hombre de tierra y, ya humano, le sacó a Eva de la costilla. Ella le dio una manzana a Adán que saboreó con ganas y Dios los echó del cielo. Por el saboreo de su manzana tuvo a Caín y Abel. Supongo que esa manzana Adán debió comerla en repetidas ocasiones y tuvieron otros hijos, algunas niñas, pero… ¿cuáles manzanas le tocó comer a Caín y Abel? pregunto yo. ¿La de su madre o la de sus hermanas? Vaya usted a saber. ¿Se comieron esos hombres las manzanas de alguna vaca, de una mona o de una rata?
Lo que sí entiendo es que, si venimos de los animales, aunque no tengamos cuatro patas, igual cara, cuerpo y piel, algunas actuaciones son iguales a los de ellos. En lo que sí deberíamos parecernos es en hacer lo que ellos hacen: No abuso, seguir las reglas de la naturaleza, tener lo imprescindible, comer lo necesario, y un largo etcétera animal. Esos ascendentes tienen su manera de hablar. Un perro ladra cuando tiene inconformidad, muerde a quien lo agrede. Sin embargo, los humanos tenemos el don de la palabra. ¿La empleamos cuando y como debemos hacerlo? Fíjese que no. Entonces parece que estamos negando nuestros genes.
Pero volviendo a las ratitas, tan blanquitas, tan bonitas, confieso que de ser cierto, me gustaría haber descendido de una limpia y bonita a la que un gato grande y lustroso le hubiera comido la manzana para dejarla embarazada. Porque venir de un mono, como parecen venir algunos, aunque es muy inteligente, es ser tan feo como una mala palabra. ¿O se quedó Dios haciendo muñequitos de polvo? Porque de ser así, muchos le salieron, corruptos, asesinos, tiranos, torturadores y más feos que la palabra sobaco. ¡Ay mi Dios, apiádate de nosotros y haz seres humanos tan fuertes como los caballos, tan honrados como el perro callejero, tan independientes como los gatos, tan libres como las mariposas, formales como las cotorras y tan inteligentes como esa ratoncita de laboratorio! Sé que para tener hijos no hay que comer manzanas y los bebés no nacen de la tierra, pero por favor, de ser así, Dios mío, impón a los seres humanos buenas costumbres y honestidad, nada de corrupción o de violencia, a ver si vivimos una vida mejor, no importa que descendamos de una rata que ojalá no sea inmunda y asquerosa o de un pedazo de lodo que ojalá no sea hediondo.
Hay que ver que el ser humano es un barril sin fondo. Nunca se sabe por qué cambia de un día para otro, y para mal.
¡Ay mi Dios, apiádate de nosotros y haz seres humanos tan fuertes como los caballos, tan honrados como el perro callejero, tan independientes como los gatos, tan libres como las mariposas, formales como las cotorras y tan inteligentes como esa ratoncita de laboratorio!
Denver, Colorado
Ligia Minaya
Ligia Minaya