El camaleonismo de un criminal
A DECIR COSAS POR ANIBAL DE CASTRO

Había tomado Dragan David Dabic como nombre, y durante 13 años hizo desaparecer a Radovan Karadzic, hasta que unos agentes encubiertos lo detuvieron, el 21 de julio pasado, cuando se dirigía en un tranvía público a su casa. Ahora enfrenta cargos por crímenes de guerra, genocidio incluido, en el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, en La Haya, establecido por el Consejo de Seguridad escandalizado por los horrores de la guerra en la zona balcánica. En el encierro en la cárcel de las Naciones Unidas, de Scheveningen, y comparecencia ante ese tribunal, le antecede Slobodan Milosevic, ex presidente de Yugoslavia, quien murió durante el juicio, en el 2006, antes de ser condenado.
No se pregunta si será condenado, sino cuándo y a qué pena. Su participación personal en la limpieza étnica contra croatas y musulmanes bosnios está ampliamente documentada, para vergüenza de los holandeses que hoy lo acogen como prisionero. Eran holandeses los soldados que bajo órdenes terminantes de no intervenir a menos que se les disparara, dejaron que las tropas de Karadzic masacraran decenas de mujeres y niños indefensos, a los cuales se les negó refugio en el campamento de las tropas de los Países Bajos, parte del contingente de pacificación de la OTAN.
El entonces presidente serbio se encargó personalmente de comandar la masacre de Srebrenica, un episodio más en un exterminio que cobró cerca de 8000 víctimas, y que tenía una finalidad explícita: crear una situación insoportable de total inseguridad sin esperanza de supervivencia alguna para bosnios musulmanes y croatas. Cualquier parecido con la Solución Final de Hitler no es mera coincidencia. El sitio de Sarajevo ejecutado con brutal eficacia durante 43 meses, con fuego diario de artillería y francotiradores serbios convenientemente apostados que disparaban por igual contra mujeres, ancianos o niños, fue otra de las "glorias" militares del carnicero serbio.
El expediente acusatorio revela la crueldad de Karadzic en su tarea de ingeniería social: exterminio, asesinato, aterrorizar civiles, persecución por motivos políticos, raciales y religiosos, persecuciones, actos inhumanos, traslados forzosos y secuestro. Hasta utilizó personal de la ONU como escudos humanos en su desenfrenada tarea de exterminio.
Karadzic era un siquiatra en ejercicio, hasta que sus ideas racistas y ultranacionalistas lo indujeron a incursionar en la política y alcanzar el liderazgo de los serbios. Curioso para alguien de su talante criminal, ha publicado varios libros de poesía e incluso recibido un premio literario de la Asociación de Escritores Rusos. Cuándo Karadzic devino en criminal, no se determina tan sólo por la primera comisión de los hechos de los que hoy se le acusa.
Debió haber operado en él un proceso de conversión que le separó violentamente de la cultura y conocimientos que adquirió durante su temporada de estudios en la Universidad de Columbia, en Nueva York, y su práctica profesional en un hospital de Dinamarca.
Lo que lleva de nuevo al enigma nunca resuelto de cómo el arte y la formación intelectual incluso humanística conviven con la bestia en el hombre. Sensibilidad e insensibilidad en una simbiosis perfecta, y que se manifiesta cada una a su manera, con resultados igualmente notables, pero perturbadoramente diferenciados.
Es el viejo debate académico sobre si la naturaleza o la socialización (nature or nurture) intervienen de manera definitiva en la deformación de quienes se apartan de las normas y principios que rigen la vida en comunidad.
En el caso de Karadzic, sus acciones criminales estaban legitimadas por una colectividad que compartía su nacionalismo extremo y que sin dudas le dio cobertura para que escapara de la justicia internacional durante tantos años. Hitler, Stalin y Mao también gozaron de la complicidad de intelectuales y amplios segmentos sociales que aplaudieron sus crímenes contra la humanidad.
Los años de Karadzic como fugitivo rozan la ficción. Bajo el disfraz del Dr. D. D. Drabic, experto en energía quantum humana, tenía su página en internet, daba conferencias, visitaba cada día el mismo café, donde invariablemente se refugiaba en un libro y hasta iba a sesiones de jazz.
Se ofertaba como un experto en homeopatía, acupuntura, aromaterapia y bioenergía, capaz de asimilar energía en su cabeza a través del pelo. Tal vez por eso lucía una luenga cabellera blanca a tono con una barba de igual color y no menos dimensión. Prometía sanarlo todo, al igual que esos curanderos y obradores de milagros fantasiosos que ilusionan a tontos con terapias alternativas sin credencial científica alguna, y que apelan a la fe para convencer de que con sólo colocar las manos sobre el enfermo desaparecen las dolencias. Hasta vendía unos amuletos en forma de bala y se valía de unos objetos fálicos para su práctica curativa.
Pero los daños que pudo causar como heraldo y practicante de la medicina alternativa siempre serán menores que los infligidos a los bosnios musulmanes y croatas, y a la humanidad.
La prensa europea recogía recientemente la repulsión de una señora británica a quien el Dr. Drabic trató y a cuyos seminarios sobre bioenergía asistía con relativa frecuencia mientras trabajaba para una compañía de importaciones-exportaciones en Belgrado. ¿Cómo describe el hijo de esa señora a Karadzic, alias Dr. Drabic, cuando lo encontró en la oficina de su madre? "Realmente no me impresionó gran cosa, pero sí lo encontré desagradable. Algo extraño, ahora que pienso en retrospectiva, no había nada en él que te atrajera. No había nada en sus ojos, ninguna conexión real, como si él estuviese en la distancia. Más allá de su vestimenta excéntrica y accesorios, no había nada destacable en esa persona".
Precisamente, el camaleonismo le posibilita eludir la persecución al animal. Usurpar una personalidad por más de una década y habitar en la falsedad requieren una distancia del contacto y del calor humano que el histrionismo más acabado no logra superar. Conectar, para alguien por cuya cabeza se ofrece una recompensa de 5 millones de dólares y que arrastra un prontuario de los crímenes más atroces, no está permitido. La empatía le es extraña, porque la adaptación al entorno opera bajo el mismo principio de falsedad que la máscara adoptada, en este caso la de un médico charlatán.
Ya no necesita disfraz: apareció en el tribunal libre de su cabellera y barba, notablemente envejecido para un hombre de sólo 63 años, y vistiendo uno de los dos trajes que le enviaron desde Serbia, donde todavía conserva apoyo. Se ha autoproclamado su propio defensor, tal como hizo Milosevic en sus días de corte.
Y para guardar consonancia con su práctica de sanalotodo, ya inventó una historia de amenazas y peligros para su integridad física. Habrá drama cuando desfilen ante los jueces los sobrevivientes de las carnicerías y relaten los horrores de familias enteras fusiladas por las tropas de Karadzic; de niños a los que les estrellaron la cabeza contra las rocas, porque sus madres no lograron hacerlos callar tras ordenárselo un verdugo; de mujeres que enloquecieron tras ser violadas repetidamente por la soldadesca atiborrada de alcohol.
Se pondrá de relieve una vez más el carácter universal de la justicia cuando se violan sistemáticamente principios y derechos que también son universales, pero que a menudo se pasan por alto por razones de estado o de conveniencia momentánea. Porque será difícil no ligar la captura y entrega de Karadzic al Tribunal Penal Internacional con el interés de Serbia en ingresar a la Unión Europea, ingreso fuera de toda consideración mientras el carnicero estuviese en libertad.
Es el viejo debate académico sobre si la naturaleza o la socialización (nature o nurture) intervienen de manera definitiva en la deformación de quienes se apartan de las normas y principios que rigen la vida en comunidad.
Aníbal de Castro
Aníbal de Castro