20170318 http://www.diariolibre.com

Entre las personalidades que concurrieron el 22/11/46 al Ateneo para promover la creación del Instituto Cultural Dominico Americano, figuraba Manuel A. Peña Batlle (1902-1954), convocante en su calidad de canciller. Abogado, historiador y catedrático, presidió la Cámara de Diputados, fue secretario de Trabajo, de Interior y Policía, dos veces canciller, y embajador en Haití, impulsor de la política de dominicanización fronteriza. Intelectual raigal, brindó acogida a los republicanos españoles tras la Guerra Civil, de memorable impronta en la academia, las artes, la música y otras facetas, como lo relata Vicente Llorens en Memorias de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945.

Nacionalista, presidió al finalizar los 20 la comisión de fijación de límites fronterizos con Haití. Autor de obras históricas claves: La Isla de la Tortuga, Las devastaciones de 1605 y 1606, Los Orígenes del Estado Haitiano, Historia de la Cuestión Fronteriza Dominico Haitiana. Temas cardinales en el deslinde territorial y cultural de las dos naciones que comparten la Hispaniola.

Por EEUU encabezó George H. Butler (1894-1967), embajador entre 1946-48, quien sirvió en el Army durante la 1ra Guerra Mundial y fue vicecónsul en La Paz (1927-29). La renuencia norteamericana a la reelección de Trujillo le hizo blanco de ataques de la prensa oficial en 1946, al no acudir a un desfile conmemorativo del Tratado Trujillo-Hull de 1940. En artículo de El Caribe en 1953, a raíz de la llegada del nuevo embajador Pheiffer, Butler fue recordado como “pretor” de la Roma imperial, responsable de “situaciones indignas de un embajador”. Al hacerle el fo al “desfile popular en honor del Benefactor de la Patria” el 24/9/46.

Tras su salida, Butler fue subdirector del Policy Planning Staff del Departamento de Estado, creado en 1947 bajo el National Security Act que organizó los servicios de inteligencia, a cargo del legendario George F. Kennan –a quien conocí en The Wilson Center en 1977- y luego de Paul H. Nitze. Responsable de trazar la estrategia diplomática y las posiciones del State en el National Security Council (George F. Kennan, Memoirs 1925-1950, 1967).

Entre los que presidieron el encuentro sobresalía el Lic. Julio Ortega Frier (1888-1954), abogado, educador y servidor público, a la sazón rector de la Universidad, de la que fue decano de Derecho. Durante la Ocupación Americana (1916-24), fue Superintendente de Enseñanza, cuando se edificaron modernos planteles escolares al estilo de la Escuela Brasil que aún funciona en San Carlos. Hizo carrera judicial y encabezó la Secretaría de Justicia. Perteneció a la Comisión Consultiva de Relaciones Exteriores, cartera que dirigió entre 1937/38, habiendo sido embajador en Washington. En 1947 presidió la Constituyente que introdujo la reforma financiera que creó el peso y el Banco Central.

Con estudios en EEUU, impartió inglés en la Escuela Normal. Poseía una envidiable biblioteca en materia jurídica e histórica. Asiduo articulista, publicó obras como Guías bibliográficas de los títulos jurídicos del derecho dominicano, Efectos jurídicos de la propiedad aparente y El crédito agrícola dominicano. De él dijo Balaguer en su Memorias que se le reputaba “americanizado” en ciertos círculos, pese a su comprobado “sentimiento de dominicanidad” y probidad profesional “ejemplarizadora”.

Figuraban también, el profesor Osvaldo Báez Soler, secretario de Educación, de dilatada labor magisterial, quien ocupó posiciones diplomáticas. Y el Dr. Barney N. Morgan, director del afamado Hospital Internacional y profesor de la Facultad de Filosofía. Superintendente de la misión de la Iglesia Presbiteriana hasta entrados los 50, junto a su esposa Carol dejó una estela de bienaventuranzas. Las facilidades del Hospital, de servicio gratuito, fueron cedidas a la Iglesia Evangélica, que hoy mantiene un templo y un colegio en México con Rosa Duarte. El Dr. Morgan fue vicepresidente de la primera Junta Directiva y segundo presidente del ICDA, electo en 1948.

En el Comité Organizador se hallaba el Lic. Manuel de Jesús Troncoso de la Concha (1878-1955). Abogado, historiador, narrador y profesor de Filosofía y Derecho Civil, ocupó las secretarías de Justicia e Instrucción Pública, Interior y Policía, Fomento y Comunicaciones, Guerra y Marina y la presidencia del Senado. En 1937, enviado ante el gobierno de EEUU. Vicepresidente, tras la muerte de Peynado en 1940, completó su período hasta 1942, cuando Trujillo reasumió. Publicó Génesis de la Ocupación Norteamericana de Santo Domingo, Ocupación de Santo Domingo por Haití y el clásico Narraciones Dominicanas.

Otro activo en esta fase fue Rafael Díaz Niese (1897-1950), factor central del desarrollo cultural de los 40. Estudió en España, Alemania y se doctoró en Filosofía y Medicina en la Sorbona de París, especialidad en Psiquiatría, dominando varias lenguas. A su retorno impulsó las nacientes instituciones culturales: director fundador de la Escuela Nacional de Bellas Artes, director general de Bellas Artes y subsecretario de Educación y Bellas Artes. Encabezó la cooperación cultural en la Cancillería, representando al país en las conferencias interamericanas y ante la UNESCO. Profesor de Historia del Arte en la USD y codirector de Cuadernos Dominicanos de Cultura, publicó ensayos sobre arte, artesanía, filosofía (el existencialismo de Sartre), y crónicas de viajes. De influencia positiva en nuestra vida cultural.

Dos eminentes juristas asistieron. Temístocles Messina, abogado con bufete desde 1924 y catedrático, fue gobernador del BC, secretario de Trabajo, Relaciones Exteriores, y Justicia. Firmante de la Carta de Bogotá que creó la OEA en 1948, nos representó en las más importantes conferencias internacionales durante la Era. Uno de los “Salomones” que integraban la Junta Consultiva del Poder Ejecutivo a la cual se le sometían los proyectos de ley, convenios internacionales y asuntos de alta política doméstica y exterior.

El otro, Julio F. Peynado (1900-1997), cabeza de la oficina fundada por su padre Francisco J. Peynado, consultora de las principales empresas de inversión extranjera, como las azucareras. Se graduó en Stuyvesant High School de NYC, con estudios en Washington y especialidad en Cornell.

La nota femenina en este elenco la puso Gracita Arredondo, con un fuerte en etiqueta y protocolo, esposa del Dr. Luis F. Thomén, secretario de Sanidad entre 1944/47, catedrático y embajador en Washington, quien egresó de la USD e hizo postgrado en Columbia y en Tulane, con máster en Medicina Tropical y Parasitología. Doctorándose en Public Health en Johns Hopkins.

Por la comunidad americana estuvo Sister Mary Phillip, monja dominica que dirigió el Colegio Santo Domingo en 1946 hasta 1952, el más prestigioso colegio católico de señoritas bilingüe. George Greco, director del Servicio Cooperativo Interamericano de Educación adscrito a la secretaría del ramo, que por convenio bilateral de 1945 brindaba asistencia técnica. Responsable de las escuelas de formación técnica vocacional, de cursos de inglés radiodifundidos y de los capítulos de higiene escolar y educación deportiva.

Asimismo Thomas Moore, Russel McKay y Walter L. Fox. Éste, administrador del ingenio Boca Chica. Mckay, comisionista comercial y reputado golfista del Country Club. Igual, Ricardo Molinari, puertorriqueño, presidente de la Insular Trading Co., distribuidora de Gillette y las plumas Parker. Casado con Pouppe Soler, directora del Golfito Tennis Club de Gascue, en cuyo anexo se edificaron bungalows para alquiler, pioneros en su tipo.

Otros, como John Andrew Hamilton, agregado cultural de la Embajada Americana que sustituyó W. Tapley Bennett y el abogado Lic. Herman Cruz Ayala (1901-63), formaron junto al Dr. Morgan la Comisión de Estatutos. Y hubo Domínico por 70 años.

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