Estoy de vuelta
Sí, ya estoy aquí, en Denver. Traje conmigo la alegría del reencuentro con amigos y amigas de infancia, mocanos que he querido siempre, otros más que no veía desde hacía mucho tiempo, primos, antiguas compañeras de trabajo, asistí a la presentación de libros de excelentes escritoras y escritores, comí lo que aquí no encuentro, caminé por mi querida calle El Conde que aunque deteriorada es un recuerdo cariñoso, y más aún disfruté de la Feria del Libro. En fin que, como siempre, regreso llena de la energía que me dan los míos, los dominicanos y dominicanas. Quizás, por el trajín del día a día, mientras una vive allá, no se da cuenta de lo bueno de los dominicanos y muchas cosas positivas que tenemos. Ver mujeres caminando por las calle con una canasta en la cabeza llena de frutas, a un hombre en un triciclo vendiendo jugos, a alguien en una esquina friendo empanadas, es ver que son gentes sencillas, en la que el trabajo es su prioridad, y eso es ser valiente, honrado, y así son muchos, muchísimos de los nuestros.
Nuestro país es hermoso. La autopista Duarte que recorre el Cibao como un encaje verde, tejido con árboles robustos, con flores de todos los colores, con un cielo transparente, un sol que acaricia la piel hasta dejar sus huellas, con montañas muchas veces vestidas de blancas nubes y en otras mostrando su verdor, su altivez, es para llenarse de júbilo, de emociones, y traerlas dentro de uno mismo, como las traigo yo. Así regreso. Con el alma llena de energía. Así estoy ahora, disfrutando también de mi jardín que me esperó florecido de rosas, claveles, margaritas, lirios, orquídeas y unas florecillas azules que no sé cómo se llaman. Ya lo he dicho muchas veces, lo hermoso de la vida, lo bueno, está formado de pequeñeces. Otra de las cosas que hice fue ir a la procesión de Domingo de Ramos y a la de Jesús Nazareno, en Moca, que en mi infancia rezábamos: "Jesús Nazareno, Rey Poderoso, a pedirte vengo como generoso que las penas mías las conviertas en gozo". Y así se me hizo ahora, traje muchos gozos.
Y otra de las tantas alegrías son los libros. Compré mucho, envié tres cajas por correo (que aun que usted no lo crea, llegaron a la semana de ponerlos en nuestro correo). Ahora estoy envuelta leyendo LA PALABRA PARA SER DICHA, de José Rafael Lantigua que trae el Acento, que a manera de editorial escribió dentro la querida y bien recordada Biblioteca, suplemento semanal del vespertino Última Hora, y si mal no recuerdo en otros periódicos también. "El autor logra salvar del olvido (con este libro), por cuenta propia, estos trabajos que califica de "modestos", los cuales se constituyen, desde sus propias palabras, en memoria, noticia o rendición de cuentas de la pasión por la palabra: sus caminos, sus hendiduras, su plataforma de agua y viento, de libertad y tiempo, de creación y sueños. De esta forma, estos textos reunidos se convierten en un auténtico homenaje a la palabra como acento de nuestra expresión." Se los recomiendo. Lo puede encontrar en la Librería de Cultura, en La Atarazana y en otras tantas librerías.
Ligia Minaya
Ligia Minaya