20180901 https://www.diariolibre.com

La Biblia no lo dice, pero en algún momento luego de crearlo, Dios tuvo que sentarse con Adán para explicarle lo que había hecho, los aditamentos que le puso, lo que podía hacer y no hacer, en fin, para lo que estaba hecho. Dios no podía ser tan bárbaro que no hablara con el primer hombre y le explicara las cosas de la vida, como lo hizo luego cuando creó a la mujer. Por considerarlo de interés, paso a elaborar lo que sería la primera conversación de la historia. (No me acusen de irreverente).

Dios: Mira Adán, te he creado de la tierra. Por eso, cuando se terminen tus procesos, volverás a ella en el interminable ciclo de todas las cosas vivas...

Adán: Un momentico, Dios. Tú acabas de decirme varias cosas que no entiendo. ¿Qué es la tierra, qué son los procesos, qué es la vida?

Dios: Perdóname Adán. Sé que ésta va a ser una conversación muy larga. La tierra es el lugar donde te he puesto. He creado infinidad de cosas en el Universo, algunas que puedes ver, como eso que brilla tanto, que llamaremos sol y esa cosa más pequeña que te alumbra suavemente en las noches, que llamaremos luna. Pero hay muchas cosas más. Los puntitos luminosos en las noches, por ejemplo, son las estrellas.

En la tierra tendrás todo lo que necesitas para sobrevivir, pero tienes que cuidarla. A su vez, tendrás que cuidarte de las cosas que te pueden pasar y no me preguntes ahora, porque quiero que lo aprendas por ti mismo. Tú tienes dos deberes ineludibles: cuidarte y cuidar tu planeta. Después aprenderás otras cosas que van junto a esos dos deberes.

Cuando creé todo lo que ves y lo que no puedes ver, lo hice para no tener que ocuparme más del funcionamiento de las cosas.

Todo lo que ves, funciona por medio de procesos químicos, físicos, biológicos (y no me preguntes de eso ahora). Por ello, dentro de un rato sentirás que esa parte que tienes en el medio de tu cuerpo te va a molestar. Es que te dará hambre. Esa es la señal para iniciar el proceso de mantener tu cuerpo. Cuando te ocurra eso, podrás tomar cualquier cosa de las que he puesto en el planeta para comerlas. Para comer, utilizarás esa cavidad que te puse en la parte inferior de la cara. Habrá cosas que te gustarán (te puse el sentido del gusto) y otras que no. Finalmente, acabará comiendo las que te gusten y te llevarás de los otros animales que puse en la tierra para completar tus hábitos.

Adán: ¿Qué es eso de sentido?

Dios: Muy bien. El sentido es algo que te guiará por la vida. La vida es el tiempo que pasarás en la tierra. La verdad es que le he concedido un tiempo determinado a cada especie o cosa.

Habrá árboles que vivirán cientos de años y animales pequeños que morirán en poco tiempo. A ti te he concedido unas 1,200 lunas y tampoco me preguntes cómo llegué a ese número, porque es demasiado complicado para esta primera conversación.

Pero, ojo, podrías durar menos. Depende de ti y de otros procesos que llamamos accidentes, que te explicaré más adelante.

Como te iba diciendo, los sentidos serán físicos: con los ojos, que te puse en la parte alta de la cara, podrás ver lo que ocurre a tu alrededor. Los ojos funcionan con luz, por eso te será difícil ver en la oscuridad. Con la nariz, en el centro de la cara, podrás oler, y por la boca sabrás del sabor de las cosas.

Debo advertirte que de todo lo que comas o bebas, una parte deberás botarla. Luego te explicaré esas funciones que localicé en otro lugar de tu cuerpo.

En los lados de la cara te he puesto dos antenas para que puedas oír. Ahora mismo, cuando oyes lo que te digo, estás usando esas dos antenas que forman la parte externa del sistema auditivo.

Todo tu cuerpo servirá para sentir las cosas. Conocerás aspectos como el calor y el frío, el dolor y otros más. Con tu cuerpo sabrás cómo son las cosas, si son ásperas o suaves; si son duras o blandas.

Pero también te he puesto un sentido que no puedes sentir, valga la redundancia. Es el que te permitirá orientarte por donde vayas y, más tarde, puedo anticiparlo, por la vida.

Adán: ¡Y vuelve con la vida! Finalmente, dime qué es la vida.

Dios: Ya te lo dije. Es el tiempo que pasarás sobre la tierra, pero con el tiempo te darás cuenta que hay muchas formas de vivir la vida. Mi deseo es que la vivas de acuerdo a las instrucciones que te he dado de cuidarte bien y cuidar tu planeta.

Serás hermano de las otras especies animales que he puesto en la tierra y cuidarás los árboles. Ellos no se sentirán mal si le tomas sus frutos para alimentarte y te darán sombra y otras tantas cosas. Tu deber es protegerlos.

Todo lo que está alrededor tuyo tiene vida aunque no lo veas moverse. Ya te expliqué por qué. Por eso, la vida lo es todo, es lo más preciado y es lo que no debe tocarse jamás.

Creo que está bueno por esta primera conversación. Ciertamente no me he recuperado todavía de la tarea de crearlo todo y por lo que veo, es más complicado de lo que anticipé.

Adán: No te sientas mal, Dios, pero es un buen lío. Yo todavía no entiendo nada y siento como que me faltan tantas cosas...

Dios no se levantó de especial buen humor y Adán estaba sumamente ansioso por hacerle tantas preguntas, que la conversación por poco comienza mal.

Adán: Tengo un rato esperándote, porque hay tantas cosas que preguntar, me han pasado tantas cosas desde nuestra conversación, que no me siento bien. Comencemos por ahí, si quieres.

Dios: Bueno, pero el terreno de los sentimientos es muy delicado. Pero quizás tengas razón. Si eso es lo que te va a distinguir de los animales, tal vez debemos comenzar por ahí.

Si te observas bien, eres igual a los animales. Tienes todo lo que ellos tienen y haces todo lo que ellos hacen: comes, bebes, duermes, te rascas cuando te pica, en fin, todos están hechos a mi imagen y semejanza porque los quiero a todos por igual, aunque los he puesto a tu servicio porque tienes una característica que ellos no tienen: tú puedes pensar y eres capaz de juntar esos pensamientos, recordarlos y crear nuevas cosas gracias a esa habilidad. En eso es que más te pareces a Mí: Puedes crear.

Después tú, es decir, los hombres que vengan después de ti, harán experimentos con los animales y buscarán conexiones, pero será inútil. Quedarán muchos vacíos para que puedan formar una teoría coherente.

Dios, interrumpió Adán que estaba cada vez más impaciente, pero a todos los animales les pusiste una pareja y a mí no...

Dios: A ti también te puse una, pero no te la he presentado para que notaras que te faltaba algo. Que vieras a tu alrededor, notaras las diferencias y sintieras el vacío. Claro que tienes una compañera. Se llama Eva y aunque la veas igual, es muy distinta a ti en la forma de ver las cosas y en sus procesos. (¿Recuerdas lo que hablamos de los procesos?) Te la presentaré en un momento. Ustedes deberán multiplicarse. Ya viste los cachorritos.

Tendrás hijos iguales a ustedes que deberán cuidar hasta que puedan valerse por sí mismos. Después, denles la libertad que Yo les he dado a ustedes. Eso sí: enséñenles las cosas que les he enseñado y respeten sus sentimientos...

Adán: Volvemos a lo de los sentimientos...

Dios: Sí, porque gracias a tu capacidad de pensar, puedes valorar las cosas que te ocurren y al valorarlas sentirás alegría, pena, dolor, desasosiego, ansiedad, en fin, una serie de señales que provocarán procesos en tu cuerpo. Unos te harán sudar, otros llorar y otros reírte y comportarte como un tonto, que es, a veces, la forma más inteligente de ser humano.

Los sentimientos y los valores serán los motores de tu vida.

Cuando predominen los sentimientos, tendrás que hacer uso muy firme de tus valores para no sucumbir. Cuando tus valores sean débiles, es poco lo que podrás hacer para controlar tus sentimientos.

Te he puesto un sentimiento especial que es el amor, que tiene una contrapartida, el odio. Ambos te harán hacer las cosas más grandes en tu vida, los logros más grandes y los errores más costosos, pero cuanto hagas en nombre del amor, no lo lamentarás.

A diferencia de los animales, deberás amar a la compañera que Te he puesto al lado y entre ambos complementarse. Vivir juntos no será fácil. Esa es tu gran labor en la vida, porque ambos asumirán el compromiso de mantener la existencia del género humano en la tierra y para ello tendrán que hacer sacrificios. No puede haber competencia entre ustedes, solamente cooperación y ese ejemplo hará sus hijos mejores hombres y mujeres.

Adán: Está bien, Dios. Pero tengo otras urgencias. No es lo mismo cuando el sol está arriba que cuando está la luna. En las noches es difícil ver y siento algo que llamaste frío...

Dios: Es verdad, debí explicarte eso también. Como te dije antes, aún las cosas más extrañas tienen su explicación. Algunas las irás comprendiendo. Otras no te serán tan evidentes, pero, por ejemplo, y ya que lo mencionas, los cambios de temperatura tienen una función importante para mantener la armonía de las cosas.

Para que no me lo preguntes más (recuerden que Dios no estaba en el mejor humor), todo en el universo funciona de acuerdo a una armonía que le he dado. Después verás que actúan como leyes que no se violan porque se rompe la armonía.

Con ese ejemplo, también querrás hacer leyes, pero las tuyas serán imperfectas. Es mas, la diferencia fundamental entre tú y Yo, es que lo tuyo siempre será imperfecto, por mejor que te parezca. Por eso, te advierto, si te dejas tentar tratando de ser como yo, recibirás un castigo ejemplar.

Adán: Entonces, quiere decir que puedo ir por el mundo con las instrucciones que Tú me has dado.

Dios: Claro que puedes hacerlo, pero debes tener en cuenta que no todo será como aquí en el paraíso. Hay muchas cosas que todavía no conoces, y para señalarlo te diré dos cosas: nacerás desnudo como símbolo de que podrás hacer lo que quieras de ti, y morirás sin poderte llevar nada de lo que atesores materialmente cuando vuelvas a verme. Por tanto, lo que debe preocuparte es lo que hagas a favor de la armonía de las cosas, no las riquezas materiales.

Con gran sentido de confianza, Adán salió a la conquista del universo. Pero eso es otra historia.

En la tierra tendrás todo lo que necesitas para sobrevivir, pero tienes que cuidarla. A su vez, tendrás que cuidarte de las cosas que te pueden pasar y no me preguntes ahora, porque quiero que lo aprendas por ti mismo. Tú tienes dos deberes ineludibles: cuidarte y cuidar tu planeta. Después aprenderás otras cosas que van junto a esos dos deberes.

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