La isla es una e indivisible
¡Y es verdad! No se le puede pasar un serrucho por la frontera para dividirla. Y también es una, ni dos, ni tres. Claro que la tenemos compartida con Haití. Aunque hay una cultura y un idioma diferente de cada lado, somos siameses. Los politiqueros haitianos decían que era una e indivisible porque querían volver sobre nosotros. Ahora no lo dicen, ni el pueblo está en esas condiciones. Allá hay hambre, falta de trabajo, enfermedades, niños sin familia, analfabetos por montones y por eso cruzan la frontera. Y no solo ellos, todo el que está mal cruza el mar, las montañas y los ríos y pregúntenselo a los dominicanos que vienen a vivir a NY creyendo que aquí está el paraíso. Los mexicanos caminan miles de kilómetros para meterse en USA a trabajar recogiendo vegetales, frutas, limpiando casas y los deportan pero dejan aquí a sus hijos. ¡Oh mi Dios, usted me dirá si esto es bueno! Y no olvide a los africanos que cruzan el mar para entrar en Europa. La culpa la tienen los políticos que gobiernan a sus antojos estos países pobres.
Los dueños del planeta, comenzando por USA, meten la mano en el mundo entero. Y si en lugar de meterse en lo que no les importa ayudaran al cambio de los pobres, la inmigración sería otra cosa. Sé que nosotros no podemos hacer cambiar a Haití. Eso le toca a sus políticos. Que no olviden que los ayudamos con creces cuando pasó el terremoto. Tanto, que hasta hubo mujeres recién paridas que alimentaron con su leche a cientos de niños huérfanos recién nacidos. Los políticos haitianos deben cambiar, que se ocupen de los suyos, que dejen a un lado la política fanfarrona y el presidente bailando jaque-jaque. No sé cómo se hará. Hay que respetar lo que hace el vecino. Pero cuando sus actuaciones nos perjudican, habrá que hacer algo. Pero de que no lo están haciendo bien, es una historia larga de contar. Al igual que México con USA. Lo cual sube el número de inmigrantes cada año. Por aquí y por allá tenemos leyes migratorias, pues a obedecerlas, pero sin retroactividad. Un contrato de trabajo, un sueldo justo, salud y un poco de mejoría, es lo que se debe hacer para que no abandonen su país. No matarlos. No creer que sean los más feos, los más malos, los peores. Hay que recordar que en la construcción de casas y edificios, cortar caña, recoger café y otras tantas cosas, los haitianos son los que trabajan. Se les paga poco, a veces se pasan meses sin pagarles, sin seguro médico ¡Oh, mi Dios...! ¿Serruchamos la isla? Geográficamente somos una isla única e indivisible. Aunque politiqueramente se crea lo contrario.
Punto y seguido. ¿Y ahora, con un Nuncio negro, qué haremos? Dios bendiga al Papa Francisco por su humildad y los cambios que quiere en su iglesia católica. Esa es otra que tiene que cambiar. Nada de cardenales, nuncios y sacerdotes altaneros. Humildes todos. Y que recuerden que ser negro, pobre o haitiano no es pecado.
Cambiando el tema: ¿Y estos políticos que ahora son ministros y no se acercaban a nadie y ahora abrazan a todos porque quieren ser presidentes?
Denver, Colorado
Hay que respetar lo que hace el vecino.
Pero cuando sus actuaciones nos perjudican, habrá que hacer algo. Pero de que no lo están haciendo bien, es una historia larga de contar.
Ligia Minaya
Ligia Minaya