La población y los censos

En vísperas del anunciado censo nacional de población y vivienda que comenzará a ejecutarse a partir de la próxima semana, tal vez sea útil recordar como ha evolucionado la población dominicana desde la realización del primer censo nacional hace noventa años, esto es, en 1920.
En ese año la población total del país fue registrada en 894,665 personas, de las cuales el 16 por ciento vivía en centros urbanos, y el resto vivía en las zonas rurales. Esto quiere decir que en toda la República Dominicana había menos de 150,000 personas viviendo en las llamadas ciudades de entonces.
La más populosa de esas ciudades era Santo Domingo que un año antes, en 1919, apenas tenía 26,812 habitantes, mucho menos de las personas que caben hoy en el Estado Quisqueya. La zona rural de la provincia de Santo Domingo apenas contenía 12,060 habitantes.
La importante ciudad de Puerto Plata no era muy grande en ese año pues su población apenas era de 7.370 personas, menos de la tercera parte de los habitantes de la ciudad de Santo Domingo. Sus, campos, sin embargo, albergaban más gente que los de la capital, esto es, 17.479 personas distribuidas en catorce secciones comunales.
En otras palabras, mientras la población total de la común de Santo Domingo era de 38,872 personas, la de Puerto Plata ascendía a 24,819 habitantes, lo que equivale a terceras partes la población de la común capital.
Mao era pequeño entonces y toda la población del poblado apenas sumaba 1,847 personas, aunque la población rural de la común alcanzaba los 7,324 habitantes. El poblado apenas tenía 262 casas, lo cual nos da un promedio de 7 personas por hogar, bastante alto en comparación con la actual estructura del hogar dominicano pero bastante común en zonas de alto crecimiento demográfico.
En 1919 la ciudad de Santo Domingo tenía 916 residentes puertorriqueños, la mayoría de ellos lle gados durante la ocupación militar norteamericana. También había 410 españoles, muchos de ellos catalanes.
Adicionalmente había 318 holandeses, 185 norteamericanos (aparte de las tropas de ocupación), 165 ingleses, 142 cubanos, 138 sirios, 131 franceses, 111 daneses, 90 haitianos, 65 italianos, 64 chinos, 16 palestinos y 15 alemanes.
Los demás extranjeros eran pocos: un turco, un peruano, un ruso, un suizo, un húngaro y un indostano, aparte de 8 colombianos, 7 mejicanos, 6 brasileños, 2 ecuatorianos, 2 griegos y 2 panameños.
En total, el número de residentes extranjeros en la capital de la República en 1919 ascendía a 2,909 personas, lo que equivale a casi un 11 por ciento del total. Dicho de otra manera, una de cada nueve personas en la ciudad había llegado del extranjero.
El censo de 1935 muestra una población de 1,479,417 personas y refleja una tasa cumulativa de crecimiento anual del 3.4 por ciento entre 1920 y dicho año. Ese notable aumento parece reflejar el creciente volumen de inmigrantes llegados al país para trabajar en la industria azucarera, así como la política de puertas abiertas a la inmigración de extranjeros de raza caucásica.
No tenemos a mano todavía la serie completa de las cifras de inmigrantes, pero con mostrar los que llegaron en los años 1919, 1920 y 1921 podemos hacernos una idea del impacto que la inmigración debió tener en el aumento demográfico posterior a 1920.
En esos tres años llegaron al país 19,930 inmigrantes, repartidos de la siguiente manera: 1919 (6,120 personas), 1920 (5,953 personas) y 1921 (7,857 personas). Si la inmigración siguió ese ritmo, y hay muchas evidencias para creerlo así, entonces no es sorpresa que el censo de 1935 registre una tasa de crecimiento tan elevada.
Con la realización de censos nacionales oficiales a partir de 1920 las cifras se hacen más confiables a pesar de los errores censales. Al examinar la curva de crecimiento demográfico se deduce inmediatamente que la República Dominicana experimentó una revolución demográfica en el curso del siglo XX llegando a ser uno de los países de crecimiento poblacional más rápido en el mundo entre 1920 y 1980.
Las tasas de crecimiento intercensal durante este período fueron de un 3.4 por ciento (1920-1935), 2.4 por ciento (1935-1950), 3.6 por ciento (1950-1960), 3.0 por ciento (1960-1970) y 2.9 por ciento (1970-1980), según se desprende del siguiente cuadro:
La industrialización, la urbanización y la emigración fueron factores importantes en la estabilización del crecimiento demográfico de la República Dominicana en los últimos treinta años del siglo XX.
Los programas de control de la natalidad y planificación familias iniciados a finales de los años 60 y 70 del siglo pasado impactaron también las tasas de fecundidad. Por ello la población dominicana llegó a finales del siglo XX creciendo mucho más lentamente que en décadas anteriores.
Esos programas fueron inducidos o financiados originalmente por agencias internacionales de cooperación a través del Consejo Nacional de Población y Familia y la organización Profamilia, entre otras. El Estado dominicano, a través de sus distintas agencias y, particularmente, la Secretaría de Estado de Salud Pública asumió la tarea de disminuir el crecimiento poblacional y se puede decir que, gradualmente, logró ese objetivo.
Como dato revelador del proceso de urbanización basta con señalar que en 1920 solamente 16 de cada 100 dominicanos vivían en pueblos y ciudades, en tanto que hoy más del 70 por ciento viven en conglomerados urbanos.
La República Dominicana ha pasado a ser una sociedad "urbanizada" y ya nadie se refiere a ella como un país "eminentemente agrícola" de población mayoritariamente rural.
Sin embargo, algunas de las ciudades que más rápidamente crecieron en el siglo pasado eran y son ciudades "agrícolas" como Constanza. Este poblado creció a una tasa anual de 12.7 por ciento entre 1950 y 1960; siguió creciendo al 6.17 por ciento entre 1960 y 1970, y a un 9.51 por ciento entre 1970 y 1981.
Aunque la industrialización ha estimulado la urbanización de las principales ciudades del país, en muchos centros poblados la causa determinante de su acelerado crecimiento, entre 1936 y 1970, fue la agricultura comercial destinada a la producción de alimentos para el mercado interno.
Bonao, La Vega, Cotuí, San Francisco de Macorís, Nagua, San Juan de la Maguana, Mao, Esperanza, Villa Bisonó y Dajabón, solamente aceleraron su urbanización después de convertirse en pueblos arroceros y de recibir los efectos de los programas de riego y colonización emprendidos por el Estado dominicano a partir de 1924.
El crecimiento de los pueblos arroceros fue estimulado también por la llegada de decenas de miles de familias campesinas expulsadas de sus predios por terratenientes voraces interesados en desarrollar grandes fincas ganaderas, cañeras y cafetaleras.
También contribuyó a la migración rural-urbana la saturación demográfica producida por el impacto de la medicina moderna y los programas de salud pública en el descenso de las tasas de mortalidad. El crecimiento demográfico vegetativo produjo excedentes de mano de obra que la pequeña propiedad campesina no podía absorber.
El crecimiento de la población urbana amplió el mercado y aumentó la demanda de productos agropecuarios. Los centros de producción de alimentos se convirtieron en focos de atracción para los campesinos sin tierra o para los miles de minifundistas que no podían sostener a sus familias con una agricultura de subsistencia.
Los antiguos pueblos azucareros cuyos campos circundantes no producían alimentos no tuvieron esa capacidad para asimilar inmigrantes rurales y se rezagaron en el proceso de urbanización. Mientras La Romana, San Pedro de Macorís, Azua y Puerto Plata seguían dependiendo del azúcar, sus poblaciones crecían más lentamente que las otras.
Entre 1936 y 1960 las ciudades "industriales" de Santo Domingo, Haina y San Cristóbal crecieron por encima del 6.5% anual. En ese mismo período, los pueblos "azucareros" apenas crecían al 1 por ciento y al 2.5 por ciento entre 1951 y 1960. Los pueblos "arroceros" crecieron a más del 4 por ciento anual entre 1936-70 y al 6.7 por ciento entre 1951-60.
Durante la época de crecimiento acelerado de la población dominicana entre 1935 y 1970 las ciudades industriales encabezaron el movimiento de urbanización, seguidas de cerca por los pueblos arroceros y productores de alimentos.
Los antiguos pueblos azucareros no pudieron salir de su letargo hasta bien entrada la década de los años 70, cuando las zonas francas y el turismo empezaron a transformar su base económica y su estructura productiva.
Al concluir el siglo XX, pues, la República Dominicana exhibía ciertamente rasgos de una sociedad urbanizada, pero no por eso la población rural ha disminuido. De los casi diez millones de personas que habitan el territorio nacional en el año 2010, más de tres millones residen todavía en las zonas rurales.
Sin embargo, haber pasado de una población urbana de casi 150,000 habitantes a otra de más de siete millones es el mejor indicador de que este país ha sufrido no solamente una verdadera revolución demográfica, sino también una profunda revolución social cuyas implicaciones todavía esperan ser estudiadas.
POBLACIÓN TOTAL, RURAL Y URBANA, 1920-2010
AÑO POBLACIÓN RURAL URBANA
1920 894,665 745,255 148,514
1935 1.479,417 1.211,642 266,295
1950 2.135,872 1.627,534 508,337
1960 3.047,070 2.117,713 929,356
1970 4.009,458 2.417,703 1.591,754
1981 5.545,741 2.661,955 2.878,239
1993 7.293,390 3.209,091 4.084,298
2002 8.562,541 3.116,764 5.445,776
2010* 9.884,371 3.103,693 6.780,678
* Proyección estimada
FUENTE: Censos nacionales 1920-2002.
En ese año la población total del país fue registrada en 894,665 personas, de las cuales el 16 por ciento vivía en centros urbanos, y el resto vivía en las zonas rurales. Esto quiere decir que en toda la República Dominicana había menos de 150,000 personas viviendo en las llamadas ciudades de entonces.
La más populosa de esas ciudades era Santo Domingo que un año antes, en 1919, apenas tenía 26,812 habitantes, mucho menos de las personas que caben hoy en el Estado Quisqueya. La zona rural de la provincia de Santo Domingo apenas contenía 12,060 habitantes.
La importante ciudad de Puerto Plata no era muy grande en ese año pues su población apenas era de 7.370 personas, menos de la tercera parte de los habitantes de la ciudad de Santo Domingo. Sus, campos, sin embargo, albergaban más gente que los de la capital, esto es, 17.479 personas distribuidas en catorce secciones comunales.
En otras palabras, mientras la población total de la común de Santo Domingo era de 38,872 personas, la de Puerto Plata ascendía a 24,819 habitantes, lo que equivale a terceras partes la población de la común capital.
Mao era pequeño entonces y toda la población del poblado apenas sumaba 1,847 personas, aunque la población rural de la común alcanzaba los 7,324 habitantes. El poblado apenas tenía 262 casas, lo cual nos da un promedio de 7 personas por hogar, bastante alto en comparación con la actual estructura del hogar dominicano pero bastante común en zonas de alto crecimiento demográfico.
En 1919 la ciudad de Santo Domingo tenía 916 residentes puertorriqueños, la mayoría de ellos lle gados durante la ocupación militar norteamericana. También había 410 españoles, muchos de ellos catalanes.
Adicionalmente había 318 holandeses, 185 norteamericanos (aparte de las tropas de ocupación), 165 ingleses, 142 cubanos, 138 sirios, 131 franceses, 111 daneses, 90 haitianos, 65 italianos, 64 chinos, 16 palestinos y 15 alemanes.
Los demás extranjeros eran pocos: un turco, un peruano, un ruso, un suizo, un húngaro y un indostano, aparte de 8 colombianos, 7 mejicanos, 6 brasileños, 2 ecuatorianos, 2 griegos y 2 panameños.
En total, el número de residentes extranjeros en la capital de la República en 1919 ascendía a 2,909 personas, lo que equivale a casi un 11 por ciento del total. Dicho de otra manera, una de cada nueve personas en la ciudad había llegado del extranjero.
El censo de 1935 muestra una población de 1,479,417 personas y refleja una tasa cumulativa de crecimiento anual del 3.4 por ciento entre 1920 y dicho año. Ese notable aumento parece reflejar el creciente volumen de inmigrantes llegados al país para trabajar en la industria azucarera, así como la política de puertas abiertas a la inmigración de extranjeros de raza caucásica.
No tenemos a mano todavía la serie completa de las cifras de inmigrantes, pero con mostrar los que llegaron en los años 1919, 1920 y 1921 podemos hacernos una idea del impacto que la inmigración debió tener en el aumento demográfico posterior a 1920.
En esos tres años llegaron al país 19,930 inmigrantes, repartidos de la siguiente manera: 1919 (6,120 personas), 1920 (5,953 personas) y 1921 (7,857 personas). Si la inmigración siguió ese ritmo, y hay muchas evidencias para creerlo así, entonces no es sorpresa que el censo de 1935 registre una tasa de crecimiento tan elevada.
Con la realización de censos nacionales oficiales a partir de 1920 las cifras se hacen más confiables a pesar de los errores censales. Al examinar la curva de crecimiento demográfico se deduce inmediatamente que la República Dominicana experimentó una revolución demográfica en el curso del siglo XX llegando a ser uno de los países de crecimiento poblacional más rápido en el mundo entre 1920 y 1980.
Las tasas de crecimiento intercensal durante este período fueron de un 3.4 por ciento (1920-1935), 2.4 por ciento (1935-1950), 3.6 por ciento (1950-1960), 3.0 por ciento (1960-1970) y 2.9 por ciento (1970-1980), según se desprende del siguiente cuadro:
La industrialización, la urbanización y la emigración fueron factores importantes en la estabilización del crecimiento demográfico de la República Dominicana en los últimos treinta años del siglo XX.
Los programas de control de la natalidad y planificación familias iniciados a finales de los años 60 y 70 del siglo pasado impactaron también las tasas de fecundidad. Por ello la población dominicana llegó a finales del siglo XX creciendo mucho más lentamente que en décadas anteriores.
Esos programas fueron inducidos o financiados originalmente por agencias internacionales de cooperación a través del Consejo Nacional de Población y Familia y la organización Profamilia, entre otras. El Estado dominicano, a través de sus distintas agencias y, particularmente, la Secretaría de Estado de Salud Pública asumió la tarea de disminuir el crecimiento poblacional y se puede decir que, gradualmente, logró ese objetivo.
Como dato revelador del proceso de urbanización basta con señalar que en 1920 solamente 16 de cada 100 dominicanos vivían en pueblos y ciudades, en tanto que hoy más del 70 por ciento viven en conglomerados urbanos.
La República Dominicana ha pasado a ser una sociedad "urbanizada" y ya nadie se refiere a ella como un país "eminentemente agrícola" de población mayoritariamente rural.
Sin embargo, algunas de las ciudades que más rápidamente crecieron en el siglo pasado eran y son ciudades "agrícolas" como Constanza. Este poblado creció a una tasa anual de 12.7 por ciento entre 1950 y 1960; siguió creciendo al 6.17 por ciento entre 1960 y 1970, y a un 9.51 por ciento entre 1970 y 1981.
Aunque la industrialización ha estimulado la urbanización de las principales ciudades del país, en muchos centros poblados la causa determinante de su acelerado crecimiento, entre 1936 y 1970, fue la agricultura comercial destinada a la producción de alimentos para el mercado interno.
Bonao, La Vega, Cotuí, San Francisco de Macorís, Nagua, San Juan de la Maguana, Mao, Esperanza, Villa Bisonó y Dajabón, solamente aceleraron su urbanización después de convertirse en pueblos arroceros y de recibir los efectos de los programas de riego y colonización emprendidos por el Estado dominicano a partir de 1924.
El crecimiento de los pueblos arroceros fue estimulado también por la llegada de decenas de miles de familias campesinas expulsadas de sus predios por terratenientes voraces interesados en desarrollar grandes fincas ganaderas, cañeras y cafetaleras.
También contribuyó a la migración rural-urbana la saturación demográfica producida por el impacto de la medicina moderna y los programas de salud pública en el descenso de las tasas de mortalidad. El crecimiento demográfico vegetativo produjo excedentes de mano de obra que la pequeña propiedad campesina no podía absorber.
El crecimiento de la población urbana amplió el mercado y aumentó la demanda de productos agropecuarios. Los centros de producción de alimentos se convirtieron en focos de atracción para los campesinos sin tierra o para los miles de minifundistas que no podían sostener a sus familias con una agricultura de subsistencia.
Los antiguos pueblos azucareros cuyos campos circundantes no producían alimentos no tuvieron esa capacidad para asimilar inmigrantes rurales y se rezagaron en el proceso de urbanización. Mientras La Romana, San Pedro de Macorís, Azua y Puerto Plata seguían dependiendo del azúcar, sus poblaciones crecían más lentamente que las otras.
Entre 1936 y 1960 las ciudades "industriales" de Santo Domingo, Haina y San Cristóbal crecieron por encima del 6.5% anual. En ese mismo período, los pueblos "azucareros" apenas crecían al 1 por ciento y al 2.5 por ciento entre 1951 y 1960. Los pueblos "arroceros" crecieron a más del 4 por ciento anual entre 1936-70 y al 6.7 por ciento entre 1951-60.
Durante la época de crecimiento acelerado de la población dominicana entre 1935 y 1970 las ciudades industriales encabezaron el movimiento de urbanización, seguidas de cerca por los pueblos arroceros y productores de alimentos.
Los antiguos pueblos azucareros no pudieron salir de su letargo hasta bien entrada la década de los años 70, cuando las zonas francas y el turismo empezaron a transformar su base económica y su estructura productiva.
Al concluir el siglo XX, pues, la República Dominicana exhibía ciertamente rasgos de una sociedad urbanizada, pero no por eso la población rural ha disminuido. De los casi diez millones de personas que habitan el territorio nacional en el año 2010, más de tres millones residen todavía en las zonas rurales.
Sin embargo, haber pasado de una población urbana de casi 150,000 habitantes a otra de más de siete millones es el mejor indicador de que este país ha sufrido no solamente una verdadera revolución demográfica, sino también una profunda revolución social cuyas implicaciones todavía esperan ser estudiadas.
POBLACIÓN TOTAL, RURAL Y URBANA, 1920-2010
AÑO POBLACIÓN RURAL URBANA
1920 894,665 745,255 148,514
1935 1.479,417 1.211,642 266,295
1950 2.135,872 1.627,534 508,337
1960 3.047,070 2.117,713 929,356
1970 4.009,458 2.417,703 1.591,754
1981 5.545,741 2.661,955 2.878,239
1993 7.293,390 3.209,091 4.084,298
2002 8.562,541 3.116,764 5.445,776
2010* 9.884,371 3.103,693 6.780,678
* Proyección estimada
FUENTE: Censos nacionales 1920-2002.
Diario Libre
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