Lecturas en cuarentena: contra Amazon

Hace veintiséis años, Jeff Bezos creó en Seattle la más poderosa plataforma comercial en línea que cada día sigue innovando y que en tiempos del COVID-19, mientras otras muchas empresas quiebran o se han visto seriamente amenazadas por la pandemia, Amazon se ha situado en primer lugar como la de mayor venta en todo el mundo.

En realidad, Bezos no la llamó Amazon hasta 1995. Había sido ejecutivo de una empresa de Wall Street cuando decidió salir y crear Cadabra, que fue como se llamó originalmente. Tenía entonces 34 años y su objetivo fue fundar una empresa destinada exclusivamente a vender libros a escala global. Los grandes libreros de la geografía mundial comenzaron a inquietarse cuando conocieron de las ganancias que obtenía Amazon con sus ventas. Libro que usted no encontraba en las librerías de su ciudad, libro que Amazon se lo hacía llegar a su casa, sin importar en cuál lugar del mundo viviese. Con un millón 300 mil dólares, Bezos ponía en marcha la mayor librería en línea hasta entonces conocida.

Con los años, Jeff Bezos comenzó a diversificar su empresa y, a la fecha, por su intermedio puede obtenerse cualquier artículo mediante comercio electrónico, aunque aún se siguen ofertando libros. A modo de Marketplace todo cuanto pueda venderse (hay sus excepciones) puede conseguirse en la famosa tienda de Seattle. La empresa que comenzó con 5 empleados, hace rato que cuenta con 800 mil en todo el mundo y anunció en abril pasado que, a causa de las ventas extraordinarias logradas durante la pandemia, emplearía otros 100 mil sólo en Estados Unidos. La inversión de un millón 300 mil dólares de 1994, ha permitido alcanzar más de dos décadas después un valor superior a los 220 mil millones, ha crecido 17.5% más que el año pasado y ha permitido que Jeff Bezos tenga una fortuna superior a los 153 mil millones de dólares. Superó a Google y a Apple como la empresa más rica del mundo.

Pero, Amazon ha sido, sino la que más, una de las responsables del cierre de las librerías en todo el mundo, proceso que se inició hace más de diez años. Lo que comenzó siendo una librería en línea –avance y signo indiscutible de los tiempos- terminó convirtiéndose en una antagonista del libro y su comercialización. Jorge Carrión, que escribió un formidable manifiesto con “siete razones” contra Amazon, ha explicado que esta empresa no es una librería, sino un hipermercado, y que para Amazon “no hay diferencia entre la institución cultural y el establecimiento alimenticio y comercial”. Y pone un ejemplo terrible. La sede de la editorial Gustavo Gili, en Barcelona, con 55 años de existencia, Amazon la remodeló por varios millones de euros para convertirla en su centro de operaciones para España. Y en poco tiempo, fueron desapareciendo librerías icónicas de Cataluña, que hoy son tiendas Mango y McDonald’s. La primera “razón” del manifiesto de Carrión –ampliamente reeditado en el mundo- trae como título: “Porque no quiero ser cómplice de una expropiación simbólica”. Porque lo ocurrido en Barcelona es “una expropiación literal, física, pero también simbólica”.

Jeff Bezos se dio cuenta que en 1994 el libro tenía un nicho de mercado. No todos los libros cabían en las librerías. Los principales competidores en ese tiempo eran Barnes & Noble (aún con vida, pero muy restringida) y Borders (que quebró hace una década). Y luego de hacer un curso en la Asociación de Libreros Americanos (dijo Honorato de Balzac que detrás de cada gran fortuna hay siempre un crimen), se apropió de los catálogos de estas grandes plataformas libreras de entonces, y mediante el ISBN creó su tienda donde todos los libros se podían conseguir en un solo lugar.

La segunda “razón” del manifiesto de Carrión es: “Porque todos somos cíborgs, pero no robots”. Bezos comenzó su empresa en el garaje de su casa con cinco personas que luego elevó a once y más tarde a cien. La principal consigna era la rapidez en la entrega. Hoy, aparte de la gran cantidad de empleados Amazon utiliza robots: los Kiva que ayudan a levantar los enormes pesos de las estanterías para facilitar el trabajo a sus empleados y continuar siendo eficientes y rápidos; y los Slam, que escanean y empaquetan. ¿Cuál es la queja de Carrión? Que esos robots transportan al mismo tiempo un patito de goma, unas galletas Oreo, un perrito de juguete y un libro, pues “para Amazon no hay diferencia sustancial entre esas cuatro cosas. Son mercaderías de rango equivalente”. Y, para los lectores, afirma el exitoso autor, “un libro es un libro. Y su lectura –atención y regalo- es un rito, el eco del eco del eco de lo que fue sagrado”.

Tercera “razón”: “Porque rechazo la hipocresía”. En Barcelona hicieron cerrar una librería neonazi que era experta en difundir libros antisemitas. Amazon vende “Mi lucha” de Adolf Hitler junto a libros que defienden el amor sensual por los niños. No pasa nada. Hay una macroestructura, como la define Carrión, de tipo económico y político, “que decide la visibilidad, el acceso, la influencia” y que “está moldeando nuestro futuro”.

Cuarta “razón”: “Porque no quiero ser cómplice del neoimperio”. Amazon no tiene libreros. Cuando empezó, incluso tenía redactores que comentaban los libros para promoverlos. Todo ahora está en manos de un algoritmo. Como me sucede con Netflix. Si veo una peli de guerra, días después me están recomendando otras del mismo género. En Amazon te prescriben: “Los clientes que compraron este producto también compraron...” Como Google, como Facebook, hay un claro interés en dominar el planeta. Con sus propios servicios de inteligencia y sus propios laboratorios ultrasecretos. “Es un estado paralelo, transversal, global, con sus propias reglas y leyes, con su propia burocracia y jerarquía, con sus propios policías”. Carrión no evade la transmisión en directo: “Amazon se apropió del prestigio del libro. Construyó el mayor hipermercado del mundo con una gran cortina de humo en forma de biblioteca”.

“Porque no quiero que me espíen mientras leo”. Es la quinta “razón”. Muchos ignoran que “estamos escribiendo constantemente nuestra autobiografía con nuestros teclados, con nuestras acciones, con nuestros pasos”. Amazon dijo que conocía las frases subrayadas durante los últimos cinco años en los libros leídos vía Kindle. Saben todo sobre nuestras lecturas, en qué páginas las abandonamos, cuáles concluimos, a qué ritmo leemos, cuáles frases subrayamos. El Gran Hermano nos espía.

“Porque defiendo la lentitud acelerada, la relativa proximidad”. Sexta “razón”. La compra y lectura de un libro es un tiempo dilatado. La librería te regala el recuerdo de la compra. Lo buscas, te dicen que no está, vas a otra librería, te ofrecen buscártelo para dentro de dos días, repasas lo que hay en venta, lo tomas, te detienes en el índice, lees la contraportada. En fin. Algún día recordarás dónde adquiriste ese viejo ejemplar del primer Julián Marías, que el “Facundo” de Sarmiento lo compraste en la librería Hostos, que las obras completas de Elliot y aquellos dos tomitos de “El mundo es ancho y ajeno” de Ciro Alegría los conseguiste en la Mateca del barrio 30 de Mayo, que “La trata de esclavos” de Hugh Thomas, junto con los poemas de Whitman los encontraste en aquella hermosa librería de los hermanos Brea Franco en la Santiago, que la “Antología de Discursos” de Demóstenes se te pegó en las manos donde Macalé, que los formidables cuentos de Reinaldo Arenas recogidos en “Termina el desfile” los adquiriste en Blasco, o que aquella novela de Próspero Morales Pradilla (“Los pecados de Inés de Hinojosa”) apareció en la Mateca de la Lincoln, que el “Manual de Economía Política” de Nikitin fue tu única compra en La Trinitaria de la 16 de agosto, pero que nuevas copias del “Enriquillo” de Galván y la primera vez que viste las “Cartas a Evelina” de Moscoso Puello fue en La Trinitaria de la Nouel. Amazon no me regala el recuerdo de la compra.

Séptima y última “razón”: “Porque no soy ingenuo”. Sabemos, como Carrión, que los tres tenores de la globalización son Google, Facebook y Amazon. Ellos tocan la música que gusta al mundo. Soy parte del mundo. A ellas me acojo. Amazon me ve casi mensualmente comprando un robot (“Nosno” se llama) que ayuda a mi mujer con la limpieza cuando al cabo de poco más de un mes de confinamiento colapsó entre la cocina y la mugre casera, solicitando la venta de cualquier artilugio o, sencillamente, adquiriendo libros que no aparecen en Cuesta de inmediato. Empero, todos los libros que pueda adquirir los compro en esta librería, que me reconoce asiduo. Mi resistencia es mínima, pero trato de preservar, como sugiere Carrión, ciertos rituales. Quiero seguir viviendo directamente, sin que me lo mezclen con galletas Oreo –que detesto-o con patitos de gomas para mis nietos, la experiencia de la bibliofilia: “el amor crítico y compartido por los libros, por su historia y por sus historias, por su lenguaje, por su capacidad de penetración intelectual, psicológica, moral, espiritual”. (Por cierto, “Contra amazon” lo adquirí... en Amazon).

Libros
  • Contra Amazon
  • Jorge Carrión
  • Galaxia Gutenberg, 2019
  • 172 págs.
  • Editado en español, francés e inglés, este manifiesto ha tenido un éxito extraordinario. Junto a sus siete “razones” hay otras diez historias más en defensa de las librerías, las bibliotecas, la lectura.
  • Librerías
  • Jorge Carrión
  • Anagrama, 2013
  • 342 págs.
  • Traducido a 13 idiomas. Entre el ensayo cultural y la crónica de viajes, Carrión recorre los tiempos y los espacios de libreros y librerías de toda la geografía mundial.
  • Shakespeare & Company
  • Sylvia Beach
  • Ariel, 2008
  • 235 págs.
  • Su fundadora escribe la historia de esta mítica librería parisiense que fue a su vez lugar de encuentro de grandes escritores. Sylvia Beach fue además quien editó por primera vez el “Ulises” de James Joyce.
  • Imprenta Babel
  • Andreu Carranza
  • Planeta, 2010
  • 383 págs.
  • Babel fue la imprenta familiar de la familia Albión donde historiadores y libreros pusieron a buen recaudo sus historias, durante siglos. Todo se derrumbó cuando su principal cliente decidió publicar sus libros en formato digital.
  • El librero de Kabul
  • Asne Seierstad
  • Círculo de lectores, 2003
  • 283 págs.
  • La librería de Sultán Khan descubre un mundo diferente a la autora. Un escenario atípico lleno de libros prohibidos desde el que la familia Khan se asoma a la devastada realidad del Afganistán de la posguerra.

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