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Leonor vive el amor

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Leonor vive el amor
Leonor Porcella
Una auténtica poetisa o poeta como se estila designar a la usanza de esta era reburujada de reivindicación de género. Alada por el don de la inspiración y la destreza de la palabra escrita. Más aun, compositora de frases musicales, otro don que Dios le otorgó y ella ha cultivado con esmero de colegiala aplicada, como la más consagrada compositora dominicana viva que es. Trascendiendo los linderos de la patria con su verbo encendido pleno de resonancias y armonías bien logradas. Los festivales de la canción, los escenarios internacionales, las grabaciones fonográficas, los discos de oro y los galardones, reflejan el brillo de su quehacer autoral, en una carrera pletórica de éxitos alcanzados en buena lid. Ella, una competente y competitiva dama de la canción, cual la diosa griega Diana, la cazadora y protectora de los bosques, flechó con sus canciones los corazones de tantos enamorados. En un mundo dominado por los hombres, Leonor plantó su huella desnuda, irreverente, en cierto modo desafiante. Porque Leonor vive el amor, "cada vez otra vez".

Con una sólida formación académica, nuestra autora estudió en el prestigioso Instituto Greg de doña Rosa de Herrera el secretariado comercial, una perspectiva que luego le serviría para escribir con propiedad lo que es, sin dudas, el himno de las secretarias: una balada con arreglo de Manuel Tejada que alcanza vuelos en la voz de Rhina Ramírez. Porque esa laboriosa, discreta y tolerante pieza clave en el engranaje empresarial -a veces recelada por una esposa temerosa- deja "parte de la vida en una oficina". Asimismo, Leonor realizó estudios de inglés en Ursuline College y de artes en el Brescia College de Western University, en Ontario, Canadá.

Casada con el destacado gastroenterólogo Aulio Brea -quien dejó a su paso por este mundo una estela de bienaventuranzas con el ejercicio calificado y humanitario de la medicina-, formó una familia de hijos y nietos, tan apreciada como son los Porcella y los Brea en la sociedad dominicana. Dos raíces familiares unidas en un árbol robusto de valores cívicos y dolor de patria. Los mismos que ella prodiga en sus esperadas columnas de opinión en el Listín Diario. Con la gracia de una prosa precisa que aborda con agudeza crítica los temas nodales y angustiantes de una sociedad atrapada por la vorágine de unos cambios vertiginosos que anonadan el juicio. Tocando con su pluma valiente el hondón de la patria que nos va quedando.

El aleteo poético le vino en la infancia. Ya a los cinco años la niña precoz de los Porcella ensamblaba versos en sus cuadernos escolares, trazaba metáforas en la pizarra del hogar. Nombraba o renombraba las cosas de su entorno, como sólo los poetas saben hacer. Una destreza temprana reconocida en los concursos literarios del Colegio Santa Teresita, que con el tiempo le serviría en su equipaje de adulta para procesar los misterios de la vida. En 1966 una revista de cultura francesa traduce y publica su poema Éxodo, compilado en el libro Sed y Hambre editado en 1970.

Estos recursos y su vocación musical le permitirían enseñorearse entre sus congéneres con su penacho de versos frescos, atrevidos, en un decir elegante y sugerente que muerde en descarnadas metáforas las formas camaleónicas que asume eso, a lo que le llaman amor. Eran los tiempos de los festivales de la canción en los finales de los 60, en los 70 y 80, seguidos por un público entusiasta. Los compositores establecidos y los nuevos valores autorales asomaban su rostro para competir. Entre tanto hombre participante -veteranos Sánchez Acosta y Babín, establecidos Solano, Troncoso, de Peña, Lugo, y emergentes Zorrilla, Jesús Troncoso, Danny, Yaqui y René-, aparecía casi en solitario esta mujer para sentar sus reales en la canción dominicana y latinoamericana.

Entonces nos dijo sin ambages, como una proclama que se lanza desafiante a los cuatro vientos, dónde podré gritarte que te quiero. Asistida por una médium encantadora llamada Sonia Silvestre, una voz salida de la Nueva Canción que vino a implantar su sello definitivo en la balada, el bolero y la bachata. "Dónde/ si ya no soy ni polvo errante/ para rodar sobre tus huellas/ mi amor", fraseaba la Silvestre, esa meritoria vocalista que ha poblado de sueños, con su canto, toda una generación. Una primera versión con la orquesta del Festival bajo la batuta de Bustamante, fue seguida por la edición comercial con Jorge Taveras. "Rodando el llanto por la tarde/ no quise oír tu voz/ y te dejé partir/ partir sin mí". Otra Sonia (Alfonso) puso su gracia juvenil al tema. Imelda Miller, de México, lo hizo suyo. Con la Silvestre asoció su suerte la compositora, al grabar tres grandes éxitos: Estábamos juntos, Déjame mostrarte mi alma y Te quiero.

Artista importante en su registro autoral es Rhina Ramírez, quien con el tiempo -como sucede con los buenos caldos extraídos de la vid- no sólo ha mantenido vigente su calidad. La ha mejorado con creces. Con arreglo de Manuel Tejada estampó su estilo diestro a El tiempo que pasó no morirá (que figura en un LP producido en México por Mario de Jesús) y a Por tanto amor. Descriptor del galanteo de los previos y del engarce amatorio que "se completa entre sábanas", cuando al arribar al clímax "alcanzamos el cielo". Llevado al festival de la OTI en Lima en 1982. Añadiendo No puedo continuar fingiendo.

La jovencísima Angelita Carrasco ostentó con Luz y Vida la representación de Leonor en el 2do Festival de la Canción. Con Cómo dejar de quererte -igual grabado por Nidia Soufront en Puerto Rico como lo hizo con Llanto del mundo- la Carrasco marcó un hit. La voz primaveral de Luchy Vicioso dio vida a Tontería de los dos y Culpo a la soledad, con giros vanguardistas de Guillo Carías. Xiomara consagró Bailando así los dos, Qué pesadilla y Vete amor. La sensual Vickiana pegó Dame caricias, cuando su estampa bien torneada reinaba en la televisión y los escenarios de los clubes nocturnos. Su rival Olga Lara hizo lo propio con Ahora que te has ido.

Omar Franco ha estado presente como el que más en esta historia. Ven y abrázame, llevada al 8vo Festival, le otorgó un disco de oro: "Despacito que tengo frío/ ven y abrázame/ para hacer estos minutos infinitos". El mejor amor ("amor clandestino/ no es amor prohibido"), Déjame amarte, Lléname los días ("Lléname de gestos, de caricias, de palabras, de silencios"), y A media noche, forman set de calidad en su hechura por Franco. Horacio Pichardo, con respaldo virtuoso de Héctor de León -formidable trompetista, arreglista y conductor- llevó al acetato Llanto del mundo, Para vivir y Cómo dejar de quererte, una pieza que tiene música y ángel. Retomada por Fausto Rey y el Combo de Ventura en versión jazzeada, bebopeada por ese mago moreno. Al igual que Por amarte, "andaría descalzo en el mundo".

José Lacay registró en su voz Quererte así y La vida empieza hoy. Héctor Pablo Leyba, El Caminante. Sergio Hernández, Quiero darte amor, Porque sentiste celos. Juan Arturo, Fuego en la piel, Migajas, De un lucero a la tierra. Grisanti, Sé que tú me quieres. Casado, con el respaldo de Solano, consagró Nunca me dejes ("aunque te lo pida"), para redondear la huella criolla en la obra que nos ocupa.

En la escena internacional llueven los éxitos. Danny Rivera le suma un disco de oro con Cada vez otra vez. Pieza máxima, plena de un amor viajero que viene y se va. "No sé si a ti/ te pasa lo que a mí/mi cuerpo está repleto de tus huellas". Nostálgica refiere: "Te has ido sí/ que triste soy sin ti". Enternecida: "Yo te di /todas noches de mi amor/ y viví/ para acercarme más a ti/ sin saber/ que la distancia alguna vez hace bien". En la voz cálida de este boricua también nuestro se escucha No hay distancia para nuestro amor. Hermosa, cautivante, preñada de metáforas y saudades: "te alejas con el perfume de mi piel entre tu alma". "Somos llanto que se eternizó". Y uno, embrujado, querría mecerse en el vaivén de esas piezas gemelas.

Marco Antonio Muñiz grabaría Porque sentiste celos. En su clímax José José dio aliento a la trilogía Estábamos juntos, Es que te quiero y Vive. Vibrante, estupenda en la versión del mexicano. Suprema en Lucecita Benítez, apasionada y magistral. México enloqueció. Desfilaron Jorge Toledo, Fuego en la piel, las actrices Laura Zapata, Cada vez otra vez y Señora Ternura, y Raquel Olmedo, Soy tu mujer. La cubana Georgina Granados, Cuando te vi partir. Los argentinos Roberto Yanés y Estela Raval, Algo dentro de mí y Escucha amor. Pecos Canvas, Lléname los días. La Sophy, Estabas tú y Sin el pan y la flor.

Combinación fecunda la establecida con la precoz cantante cubana Luisa María Güell. Un tándem autoral-interpretativo en beneficio del arte. A partir de 1982 los circuitos internacionales admiraron una formidable serie temática en el timbre fresco de la Güell: Algo dentro de mí, Ay Amigo mío, ambas súper hits, Te quiero tanto amor, Sonaba nuestra canción, María amor, Para quererte como te quiero, Quién será esa mujer, As de copas, Atención, Corazón de halógeno, Hey, qué fiesta, Fiel amante, Soy tu mujer, Vuelve, Yo no soy un ave mansa, Estaba en mi habitación. Composiciones de nuestra inspirada autora -en algún caso junto a la cantante- que le aportaron en 1986 un disco de oro por el LP Quién será esa mujer.

Tuve la dicha de vivir episodios de este auspicioso vínculo, cuando en El Yarey reinaba Renée Barrios y las visitas de la Güell eran sensación. Habitué de ese glamoroso ambiente, compartí el entusiasmo contagioso de esos encuentros. La primera mesa reservada a nuestra querida y bonita -término que ella gustaba emplear- Norín García Hatton, promotora de Renée y gloria de la radiodifusión de calidad. Su mesa se engalanaba con la grata presencia de la juvenil celebridad y nuestra consagrada compositora. ¡Ah, qué tiempos aquellos!, cuando se podía disfrutar "todo lo bueno del Sheraton", como rezaba animoso el spot publicitario.

Por eso al escribir estas notas de cariño, he podido en cierto modo, como Leonor, vivir el amor. Cada vez, otra vez.