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Lecturas

Libros

Si hay algo que a mí me apasiona, son los libros. Los traigo por montones cada vez que voy a mi país. En la Feria del Libro los compro, me los regalan y cuando vengo a ver, tengo la maleta llena, y a veces son tantos que tengo que dejar una caja para el próximo viaje ¡Ah, los libros, son un placer, y es un gusto sabroso tirarme en el sofá a leer acompañada de un buen café! Aquí van los ya leídos, por si alguien se anima, los compre y se dé el inmenso placer hacer lo mismo que yo.

Caín, de Saramago. Me he reído a mares con esta diatriba del satanizado asesino de Abel. Le réplica al Dios del Viejo Testamento, le hace preguntas y hasta le acusa de lo que pasó en Sodoma, lo de Abraham al casi matar al hijo, y cosas así por el estilo. Saramago lo hace de una forma irónica, convierte a Caín en un acusador del Dios de los Ejércitos del Viejo Testamento. Nada que ver con el Dios que se creó en el Nuevo Testamento después de la llegada de Jesús. Pero lo que más me gustó es cuando Eva, ya expulsada del Paraíso, vuelve a sus puertas para buscar algo de comer y ahí se encuentra con un arcángel y su espada de fuego. Eva le suplica, se quita la piel de animal que cubre su desnudez. El arcángel ve sus senos, y acerca la mano, Eva se la agarra y hace que los toque. El arcángel, a escondidas de Dios, le trae frutas. ¿Comienza ahí la seducción femenina? Ahí los dejo. Ustedes sabrán qué pensar cuando la lean. Es un libro para mente abierta.

Palomos, de Pedro Antonio Valdez. Irreverente, malapalabrosa, como tenía qué ser una historia de bandas, reguetoneros y adolescentes sin familia, tirados a la calle. La novela que da a conocer cómo y por qué se desenvuelven de manera violenta los palomos. Antonio Valdez supo cómo manejar el tema. Ya lo ha hecho en otras novelas: La Bachata del Ángel Caído, Carnaval de Sodoma, y muchos de sus cuentos. Porque así ha de ser. Si se escribe de gente de la calle, la que vive en barrios marginados, prostitutas, asesinos y degenerados, hay que hacerlo tal como son, sin saltarse las palabras. La recomiendo.

Y cambiando de irreverencias y malas palabras, ahora les digo que leí, más bien lo tengo en mi mesita de noche, Cofre de Oro, de Ana Mirtha Vargas De Windt. Un libro para comenzar el día con energía y fuerza, para meditar y aprender a borrar rencores, dolores y odios, y para que la vida se nos haga más liviana. A veces, una necesita una palabra, una sugerencia, un mensaje, para que esa espinita en el corazón pueda salir sin hacernos daño. Ana Mirtha nos da un pedacito de cielo, una estrellita, un rayito de sol, para saborearlos como se saborea un buen dulce.

Y también traje Nuestra Incierta Vida Normal, de Luis Rojas Marcos, un prestigioso psiquiatra, que en ese libro nos enseña cómo neutralizar la inseguridad y el desasosiego que socaban nuestra paz interior y reducen nuestro nivel de satisfacción con la vida.

Los he leído con deleite. Saboreando cada frase, subrayando, haciendo notas al margen. Y ojalá, a ustedes, mis queridos lectores, les pase igual. Denver, Colorado

Los he leído con deleite. Saboreando cada frase,

subrayando, haciendo notas al margen. Y ojalá,

a ustedes, mis queridos lectores, les pase igual.