Madre, tú eres mi memoria

Te fuiste apenas yo había nacido y aunque nunca vi tu rostro, sí que con el tiempo, con ya los años que tenía, te vi, vi tu pelo, escuché tu voz, tu sonrisa y desde entonces comenzamos a hablar. Te contaba de mis días en la escuela, de mis notas que subían o bajaban y escuchaba tus consejos.

Todavía estamos en eso, y no por ser este domingo el Día de las Madres. Tú lo has sido cada día, cada año y aunque no te traigo regalos, llevo a ti una sonrisa, una historia de mi vida, una luz, un ramo de flores y te cuento de mi hijo, que hoy es tu nieto y de mi nieto que hoy es tu bisnieto.

Te hablo también de mi padre, tu marido, él que ahora está contigo; de lo que él fue para mí por muchos años. Y te cuento desde siempre de lo que tengo y de lo que no tengo, de lo que busco y de lo que no quiero. Nuestra conversación es larga. Reímos, nos vemos cara a cara, y alguna vez lloramos por todo el tiempo que nos ha separado.

Mamá querida, de mi alma, en mi vida, en mi corazón, en mi pensamiento, en mis manos, en lo que canto y lo que leo, no necesito un solo día al año para ti, estás y estarás siempre en mi sonrisa y en mi pecho que flota cada vez que estás a mi lado. Contigo tengo a mi lado a todos los tuyos y los míos, aquellos que son de sabor dulce. Hoy contigo salgo a pasear.

Madre del alma, muchos besos y abrazos para ti en este Día de las Madres. Sé feliz junto a Dios, que yo también soy feliz junto a Él y también contigo. Mi memoria brilla junto a ti.

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