Parados: Alejandro Vargas (hijo de Pedro Vargas), doña María de De Jesús (esposa) y el embajador Pablo Maríñez. Sentados: Ivonne De Jesús (hija) y don Mario De Jesús Báez.
Parados: Alejandro Vargas (hijo de Pedro Vargas), doña María de De Jesús (esposa) y el embajador Pablo Maríñez. Sentados: Ivonne De Jesús (hija) y don Mario De Jesús Báez.
20180127 https://www.diariolibre.com

Como aire refrescante para un pueblo necesitado de elevar su autoestima colectiva, tras 31 años de dictadura monocorde, llegó al país al iniciar los 60 el éxito resonante de un compositor dominicano radicado en el exterior, cuyos temas eran interpretados por los ídolos de la canción popular latinoamericana. El afortunado era Mario de Jesús (1924-2008), un joven petromacorisano empleado de Aduanas en Ciudad Trujillo, que había incursionado en la crónica de espectáculos del diario La Nación, emigrado en 1946 a Nueva York. Allí fue redactor de la Revista Teatral y corresponsal de publicaciones latinoamericanas.

Desde 1949 de Jesús se vinculó a la floreciente industria de la música con una oficina de representaciones artísticas y discográficas, conectándose con el sello Verne, pasando a laborar en 1950 con la Peer International, una de las mayores editoras de música, que le enviaría a Ciudad México como subgerente en 1959.

Talento aparte para la composición, nuestro autor llegó al lugar adecuado, en el momento oportuno de la expansión del negocio del disco, con su mochila llena de ambición y deseos de triunfar. Tenía el perfil ideal para servir de interlocutor entre los dueños norteamericanos de la industria y los compositores, músicos, arreglistas y cantantes hispanoamericanos interesados en participar en la lotería del espectáculo y en el fascinante mundo de las grabaciones.

Esta labor la realizó en Nueva York, una plaza clave de la música latina, como lo revela el surgimiento allí del Trío Borinquen, liderado por Rafael Hernández en la segunda mitad de la década del 20, y la presencia de otros puertorriqueños como Pedro Flores y Myrtha Silva. La saga filmográfica de Gardel: Tango en Broadway, Cuesta Abajo y Tango Bar, films rodados en la ciudad de los rascacielos entre 1934-35.

La diáspora latina dio origen a Los Panchos en 1944, trío formado por los mexicanos Alfredo Gil y Chucho Navarro y el boricua Hernando Avilés. Al emplazamiento de cantantes emblemáticos cubanos como Panchito Riset, Vicentico Valdés, Rolando Laserie, La Lupe. Al imperio de las orquestas de Machito & sus Afrocubans, Tito Puente, Tito Rodríguez, Noro Morales, Desi Arnaz, Xavier Cugat, Miguelito Valdés, Pérez Prado y los Mambo’s Kings.

Se radicaron en esos años dominicanos como Manuel Sánchez Acosta -compadre doble de Mario de Jesús-, Luis Kalaff, Ángel Viloria y su Conjunto Típico Cibaeño, Mercedes Sagredo, Nicolás Yabra. Por temporadas, Napoleón Zayas, Negrito Chapuseaux y Simó Damirón, Alberto Beltrán. Bullumba Landestoy recalaría en esa urbe.

Nueva York fue base de la industria discográfica movida por la competencia entre Columbia y RCA Victor. Con el aporte de importantes sellos en la música latina, como Ansonia. Teatros, night clubs como La Conga, Havana-Madrid, El Caborojeño, Copacabana, Chateau Madrid, el legendario Morocco y ballrooms como Alhambra y el célebre Palladium -centro del furor que provocaron en los 50 el mambo y el chachachá-, acogían al talento latino. Las bandas de Xavier Cugat y Enric Madriguera tocaban en el Hotel Waldorf-Astoria. Y la TV lanzaba la serie Broadway Goes Latin, con Edmundo Ros como anfitrión.

México fue otra plaza de negocio que cubrió Mario de Jesús en sus actividades empresariales por cuenta de la Peer para contratar los derechos de autor de piezas musicales. La capital azteca se convirtió en la meca de músicos, cantantes, compositores, bailarines, coreógrafos, libretistas y actores.

Los estudios Churubusco -equivalentes a los de Hollywood- operaban desde los 40 como un poderoso imán. El cine mexicano, esencialmente musical, catapultó a cantantes (Pedro Vargas, Jorge Negrete, Pedro Infante, Javier Solís, Fernando Fernández, Luis Aguilar, Toña la Negra, María Victoria, Flor Silvestre, Amalia Mendoza, María Luisa Landín). A vedettes tal María Antonieta Pons, actrices versátiles como Evangelina Elizondo, tríos como Los Panchos, Los Tres Ases, Los Tres Reyes, a orquestas como las de Luis Arcaraz y Pérez Prado, y a numerosos mariachis.

El cine mexicano reforzó la leyenda de Agustín Lara, quien venía de las audiciones radiales de La Hora Azul por la XEW y proyectó a intérpretes como Juan Arvizu, Néstor Mesta Chaires, Alfonso Ortiz Tirado, Hugo Avendaño. Se benefició de gente como Lucho Gatica, Daniel Riolobos, Rafael Hernández y Libertad Lamarque, quien filmó 45 películas en suelo azteca. Vocalistas como Elenita Santos y luego Rhina Ramírez probaron suerte en México, grabando esta última dos LP’s producidos por Mario de Jesús.

Al ángel creativo del compositor dominicano hay que sumarle como clave de triunfo su extraordinario don para sintonizar con las tendencias en el gusto del público y en el mercado del disco latino. Y la propia ubicación gerencial en el negocio. Factores que le brindaron una plataforma privilegiada para colocar sus números entre los más cotizados intérpretes de la canción romántica del momento, empujando también los temas de otros compositores nacionales. Radicado en México desde 1959 hasta su muerte en 2008, tras casi 20 años con la Peer, fundó en 1968 la Editorial Musical Latinoamericana, S.A. (EMLASA). Su fortuna en esta empresa lo alentó a crear en 1975 la Editora Leo Musical, S.A., dedicada al repertorio de música mexicana y regional.

El trabajo autoral del versátil Mario de Jesús fue inmenso. Sólo en la Sociedad de Autores y Compositores de México registró 276 piezas. Aunque poco se habla de su aporte al merengue, vale recordar que este cangrejero serie 23 es el compositor de temas tan singulares como La Rigola - “A la rigola/ yo no vuelvo más/ tratan a los hombres a palo y pedrá”. Ampliamente difundido en las versiones de las orquestas Riverside, en la voz de Tito Gómez, de Bebo Valdés, con Rolando Laserie, la Billo’s Caracas y Los Melódicos. Aparte de tantas creaciones de merengueros locales.

Ángel Viloria y su Conjunto Típico, con los magistrales jaleos del saxofonista Ramón García, popularizaron salpimentosos merengues como Apriétame, cantado por Dioris Valladares y grabado en 1953 por Ansonia. Un tema alusivo a la coreografía de este baile, como lo hiciera en los años 30 el maestro Rafael Ignacio en Así es como se baila (El Vironay). Además de Te voy a enseñar y Cómo voy a gozar. En voz de Jaime Richette, Viloria grabó Rompecabezas, Bailando sabroso y el gracioso tema Ustedes. Las incursiones merengueras de Mario de Jesús le merecieron en los 50 el galardón Ángel Viloria.

Siendo uno de nuestros compositores más grabados en el último medio siglo, ya antes de 1960 sus boleros habían impactado con temas como No toques ese disco, registrado en 1952 por Bienvenido Granda con la Sonora Matancera. El fusilamiento de la música del tango El Choclo, de Ángel Villoldo, lo transformó en bolero tango como Besos de fuego, en la voz de la puertorriqueña Carmen Delia Dipiní. Ya la pagarás (1954), un exitazo continental con acompañamiento de trío en versión de la newyorkrican Virginia López. Expresión en su lírica del subgénero del amargue vengativo.

Entre los primeros hits de Lucho Gatica está Mi amor ante todo: “Qué deseos de llorar/ Qué deseos de morir/ llevo en el alma/ No me puedo conformar/ al saber que he de vivir/ sin su cariño”. O, creación de Libertad Lamarque, replicada por el mexicano Rafael Vásquez y Los Tres Reyes. Cría Cuervos, en el estilo único de la cubana Olga Guillot. El sugestivo Cuidadito, cuidadito, en la voz veterana de María Victoria. Qué manera de llorar, con el embrujo tristón de Felipe Pirela y el respaldo de Billo Frómeta. Panchito Riset, con su maravilloso gorjeo melódico, puso timbre a Pura fantasía y Nosotros y el mar.

El gran empujón vino con Javier Solís en su canto limpio, varonil y dulce a la vez. El ídolo del bolero ranchera grabó en 1960 para Columbia un LP con mariachi encabezado por Y..., que le da título al álbum. Hit de radio y velloneras, desde el fondo de cuerdas y metales surgía, sobreponiéndose, una voz cautivante fraseando los versos de Mario de Jesús, cuyas líneas todas se inician con esta conjunción. Luego vendría Adelante, con ímpetu avasallante, que tuvo una edición orquestada con Marco Antonio Muñiz.

La saga siguió con el provocador Que se mueran de envidia y el suplicante Ayúdame Dios mío. Culminando con la composición autobiográfica Ese bolero es mío. Sólo la muerte temprana de Javier Solís acaecida en 1966 detuvo esta combinación binaria tan fecunda y espléndida entre México y la República Dominicana. Prohijada por el talento creador de Mario de Jesús y el encanto seductor del cantor azteca.

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