Miedo al fracaso
No hay nada que paralice más al ser humano que el miedo al fracaso. Todos trabajamos para triunfar, sin embargo el triunfo es muchas veces producto de varios fracasos. Cuando no hacemos las cosas como deben ser o nos las han pedido, es un fracaso. Pero si lo tomamos en cuenta y rectificamos lo que hicimos mal, es un triunfo. Lo que hay que hacer, después de la caída, es levantarse, sacudirse el polvo y continuar, aunque sea pendiente de un hilo. Con los fracasos debemos guardarnos en un rincón hasta que amaine la temperatura, mordernos los labios y apretar los puños ante la adversidad y dejar que el agua se aclare al paso de la corriente. Eso sería una filosofía de la vida. Es cierto que caemos una y otra vez, pero los mismos fracasos nos ayudan a levantarnos. Siempre y cuando no nos quedemos escondidos debajo de la cama y tengamos miedo de salir a pasear.
¿Qué es el éxito? ¿Dinero, varias casas de lujo una en la ciudad, otra en Miami y una en los Alpes suizos y otras en cada playa del país? ¿Un auto que cueste varios millones, otros para cada hijo y la esposa? ¿Y a eso se le llama triunfo? Hoy día las revistas nos traen a un hombre vestido con un traje encantado, a una mujer delgada con melena al viento, tacones muy altos y belleza maquillada, lo cual no es nada malo, lo que sí nos cuesta creer es que esos individuos e individuas son triunfadores felices. Si uno los miras por dentro se da cuenta que solo algunos tienen ese proyecto en la vida. Que aparentan ser lo que no son: fracasados. Ese fracaso puede ser en el trabajo, en el matrimonio, etc. No se habla tampoco de la inseguridad que tienen esos ejecutivos de portada, como tampoco cuentan, en las entrevistas, de sus fracasos, del polvo mordido para entrar en posición ejecutiva.
Con el fracaso, algo que es muy natural y se vive más de una vez, hay que equilibrar la balanza aunque duela, aunque nos tire al fango, aunque sintamos que nos duele la cabeza por la pedrada que nos ha dado la vida. La inseguridad sí es un fracaso difícil de anular. Sé que la presión social es evidente. Si le cuentas a alguien que fracasaste en alguna encomienda, a menos que sea quién se sienta a tu lado, creerá que fracasaste porque no atinas a hacer nada bien. Por eso, el silencio, para reflexionar y pensar, es necesario. Ser rico no es un triunfo de la vida. Es bueno, no lo niego, siempre que se haga con el trabajo correcto, se gane muchos millones la lotería o se obtenga una herencia que llegue a las montañas. Sé que la presión social muchas veces hace bajar la cabeza e intentar un retiro, pero vuelvo y repito, fracasar no nos lleva a la pobreza, por el contrario nos lleva a ser ciudadanos correctos y capacitados, siempre y cuando se entienda que un fracaso, para no ser un fracasado de toda la vida, es una forma de triunfar pensando, tratando de resolverlo o de ver con buenos ojos lo que se hizo, y eso será vivir en paz con quienes están contigo. Cuando entre triunfadores te veas mira a ver de dónde vienen y cómo triunfaron. Quizás hubo fracasos que lograron superar.
Denver, Colorado
Ligia Minaya
Ligia Minaya