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Mis Saudades continúan

Me siguen día a día. Ya lo he dicho. Desde que vine a vivir en Denver, Colorado, que es un lugar precioso, mis vecinos, amigos y amigas, me hacen falta. Aquí, las puertas cerradas, las ventanas encortinadas, no te dejan conocer quién te queda frente a frente. Nadie te invita a tomar una tacita de café, ni a compartir una cena. Para saludarte solo dicen: Hi. Así son estos gringos. Aquí los "vecinos" no son como los nuestros. Si tocas el timbre solo te abren un poco de la puerta. Ni los hijos, si es que los dejan entrar, pasan más allá de la sala. Si por casualidad te invitan a comer, el encuentro va solo dos horas. Yo, que camino por las calles para ejercitarme, no veo a nadie. Ni siquiera asomarse a la ventana. Ni ahora, en tiempo de calor, se sientan al frente de la casa. Solo los ves salir a pasear al perro. ¿Y esto qué es?

Ahora que ha pasado esto de las muchachas secuestradas, torturadas, abortadas, en Cleveland, uno se da cuenta, que aunque el vecindario está lleno de puertorriqueños y dominicanos, la cultura gringa se impone. Ahora, más que nunca siento mi nostalgia. Ahora más que nunca veo y vuelvo a ver la casa de mis "vecinos", y me pregunto ¿Qué estará pasando ahí dentro? ¿Habrá violencia? ¿Algún enfermo? ¿Murió alguien hace unos días y ni por el mal olor del cadáver nos hemos enterado? ¡Oh mi Dios...! Hay miles de desaparecidos. Por eso la pesadilla continúa. Es una pena y una gran vergüenza que la policía no hiciera lo que debió hacer, que no entrara al sótano, que no investigara a fondo cuando unos vecinos le dijeron que vieron a una muchacha, desnuda y atada, gatear por el patio. ¿Y entonces? Si hubiera sido en un vecindario gringo, cuando esa muchacha sacó la mano y gritó, nadie hubiera hecho nada. Tuvieron la suerte, aun al cabo de diez años, de contar con un dominicano.

Además del horror que me ha causado este caso, con él, a pesar de la tristeza, mis saudades crecen más. Extraño a esa amiga que llegaba sin avisar. A ese encuentro en la calle y pararnos a hablar por un momento. A la vecina que te decía lo que iba a cocinar y te le enviaba. A la que llegaba cada tarde a tomar un cafecito. A la otra que te llamaba por teléfono para contarte lo que bueno o lo malo que ha pasado, o decirte que aquella amiga está de tal o cual manera. En fin, a esos vecinos solidarios, conversadores, que no son ni sombra de estos "vecinos" gringos, los extraño. Cuando alguien me dice que no me sienta triste, es que no sabe la falta que me hace mi gente. No es lo mismo venir de vacaciones que vivir muchos años aquí. Y me dirán ¿por qué no vuelves para acá? Les contesto, tengo un pie aquí y el otro allá.

Lo de Cleveland no tiene nombre. La pesadilla continuará en el cuerpo y la mente de esas muchachas. La policía de ese Estado tendrá que revisarse. Y yo continuaré mirando mi vecindario silencioso sin saber quién vive a mi lado, ni el nombre de los que pasean a sus perros, y me pregunto ¿por qué no son "el familiar más cercano", como somos nosotros los dominicanos? Ahora la tristeza por lo de Cleveland envuelve mis saudades.

Denver, Colorado

¿Por qué no son "el familiar más cercano", como somos nosotros los dominicanos?