Más nacimientos que defunciones
En 1844 la población haitiana era casi cinco veces superior a la dominicana. Hoy, la población dominicana supera en más de dos millones a la vecina haitiana. ¿Cómo podemos explicar eso?
La historia del crecimiento demográfico en ambas partes de la isla es muy rica y compleja, y los factores que han influido en la evolución de cada caso son bastante específicos y requieren de amplias explicaciones.
Aun así podemos resumirlos diciendo que en el curso de los últimos 165 años la mortalidad en Haití, en relación con la natalidad, ha sido muy superior a la dominicana.
Ha habido épocas en que la fecundidad de ambas poblaciones han sido bastante parecidas, pero la fertilidad haitiana ha sido menor debido a que la población haitiana ha exhibido mayores tasas de mortalidad infantil.
Ese es un factor muy importante, pero hay otro igualmente significativo es la menor esperanza de vida de la población de ambos países pues mientras los dominicanos tienden a vivir más años, los vecinos haitianos viven, en promedio, unos diez años menos.
Un factor adicional es la emigración. Desde hace muchas décadas los haitianos han emigrado continuamente desde su país hacia los Estados Unidos, Canadá y Francia, y desde principios del siglo XX estuvieron emigrando hacia otros destinos en el Caribe, como Cuba, Panamá y las Antillas francesas, y hasta África occidental.
En otras palabras, la emigración haitiana es más temprana que la dominicana, y hoy supera en más de medio millón de personas a los dominicanos en el exterior.
Por todas esas razones, más otras que no hemos apuntado, los demógrafos estiman hoy la población dominicana en unos 10 millones de personas, en tanto que la haitiana es estimada en 8 millones, en claro contraste con el año 1844 cuando la población dominicana apenas alcanzaba a 126,000 habitantes mientras la haitiana ascendía a unas 600,000 personas.
De haber habido demógrafos estudiando la evolución de la población dominicana en el siglo XIX, éstos se habrían dado cuenta temprano de que, tarde o temprano, los dominicanos superarían en número a los haitianos.
Hoy hemos podido calcular las tasas del crecimiento poblacional en la parte oriental de la isla, y sabemos que éstas anduvieron en un promedio de 2.4 por ciento anual, para acelerarse a mediados del siglo XX hasta crecer a más de 3 por ciento cada año.
Con esta última tasa una población tiende a duplicarse cada veinte años, y por ello los demógrafos dicen que la República Dominicana experimentó una revolución demográfica entre 1935 y 1960.
Hoy, esas tasas han sido reducidas por la aplicación de políticas de planificación familiar y control de la natalidad, y la tasa de crecimiento poblacional dominicana es de 1.6 por ciento al año, pero en el siglo XIX y toda la mitad del siglo XX el fenómeno fue muy distinto.
Indicadores del alto crecimiento demográfico dominicano son los registros de nacimientos y defunciones en las oficinas del Estado Civil del país.
Después de la catástrofe producida por la Revolución Haitiana, el Tratado de Basilea, las invasiones haitianas de 1801 y 1905, y sus secuelas, una de las primeras personas que intentó determinar las causas de la recuperación demográfica fue el Cónsul británico en Puerto Príncipe, Charles Mackenzie, quien visitó las oficinas del Estado Civil en Santiago de los Caballeros.
Allí encontró Mackenzie que los nacimientos superaban a las defunciones en una proporción de cuatro por uno, según el promedio de los cinco años previos a su visita, esto es, de 1823 a 1827. Por contraste, en Cabo Haitiano el registro civil indicaba 2,514 nacimientos contra 2,065 defunciones.
Después de analizar otros registros de otras partes del país, Mackenzie concluyó que le era muy difícil extraer una conclusión válida por falta de un registro total para ambas partes de la isla, y porque encontró notables diferencias entre Cabo Haitiano y la ciudad de Gonaïves, en donde los nacimientos registrados en 1825 1826 fueron 627 y las defunciones 243, una situación más parecida a Santiago que a Cabo Haitiano.
La otra razón por la que Mackenzie no podía sacar conclusiones definitivas era que debido a la dispersión de la población rural debió existir una alta cantidad de casos de nacimientos y muertes que nunca fueron registrados oficialmente.
El subregistro, la falta de informaciones adicionales concernientes a los patrones de mortalidad que afectaban la esperanza de vida al nacer, así las epidemias y enfermedades que influían directamente en la dinámica demográfica, hacen imposible calcular hoy con precisión las tasas reales de crecimiento y por ello lo que tenemos son tasas estimadas a partir de los registros parroquiales y censos comunales y municipales.
Como quiera, siguen siendo útiles los datos del registro civil como un indicador de la rápida recuperación cuantitativa de la población dominicana en el siglo XIX, antes de que la República Dominicana comenzara a levantar censos nacionales, cosa que empezó a ocurrir a partir de 1920.
En una obra de reciente publicación ("Censos municipales del siglo XIX y otras estadísticas de población"), compilada por Alejandro Paulino Ramos, y publicada por el Archivo General de al Nación, tenemos una extensa muestra de registros de nacimientos y defunciones en algunos pueblos del país en los años posteriores a la guerra de la Restauración.
Agregados por pueblos y parroquias, las cifras de nacimientos y defunciones pueden ser resumidas en la siguiente tabla nacional, comprendiendo los años 1883-1894:
Como se ve, en los diez años consignados la población recibió más de 100,000 personas nuevas porque la natalidad fue consistentemente más alta que la mortalidad.
Esos datos fueron publicados originalmente en el "Boletín Eclesiástico" de la Arquidiócesis de Santo Domingo, luego de haber consolidado los informes parroquiales que se enviaban anualmente desde todo el país.
Las cifras no son totalmente exactas pues equiparan bautizos con nacimientos, y por ello difieren levemente del registro civil del Estado dominicano, como se observa comparando las cifras del año 1897.
El subregistro, la falta de informaciones adicionales
concernientes a los patrones de mortalidad que
afectaban la esperanza de vida al nacer,
así las epidemias y enfermedades que influían
directamente en la dinámica demográfica, hacen
imposible calcular hoy con precisión las tasas reales
de crecimiento y por ello lo que tenemos son tasas
estimadas a partir de los registros parroquiales
y censos comunales y municipales.
En ese año el registro civil del Estado dominicano reportó 14,580 nacimientos y 2,352 defunciones, esto es menos nacimientos y más muertes que el Arzobispado de Santo Domingo. A pesar de estas disparidades, que el demógrafo y el historiador deben tomar en cuenta, estas cifras, y otras similares para otros años, son el mejor indicador que tenemos del crecimiento demográfico en la segunda mitad del siglo XIX.
Para completar este cuadro es importante que los investigadores vayan a los archivos locales guardados hoy en el Archivo General de la Nación, pues allí también aparecen datos demográficos, estadísticas vitales y las cifras del registro civil.
Véase, por ejemplo, el segundo volumen de la útil obra compilada por Alfredo Rafael Hernández Figueroa, con eo título "La Vega, 25 años de historia 1861-1886: Reorganización de la provincia post restauración". En esta obra se reproduce un informe de la Oficialía del Estado Civil del 31 de agosto de 1867, en el que se consigna que en ese mes hubo en aquella provincia 168 nacimientos y 56 defunciones. Estos datos son consistentes con las tendencias señaladas anteriormente.
En varios de los censos comunales y provinciales realizados en el país, particularmente en la región del Cibao y en Santo Domingo, en el último cuarto del siglo XIX, también hay noticias del visible crecimiento de la población nacional, y de las diferencias notables entre nacimientos y defunciones, a pesar de haber padecido una epidemia de poliomielitis y otra de viruelas, de las cuales hablaremos en un próximo artículo.
Mientras tanto, aquí van estas notas para motivar a otros investigadores a continuar la búsqueda de estos datos demográficos en los archivos nacionales hasta que podamos armar series continuas de nacimientos y defunciones, así como de otras estadísticas vitales, que nos permitan comprender mejor los orígenes de la revolución demográfica que vivió el país a mediados del siglo XX.
Nacimientos y defunciones
Año Nacimientos Defunciones Diferencia
1883 13,265 1,945 11,220
1885 13,509 1,889 11,620
1886 12,420 1,803 10,217
1887 14,618 1,675 12,943
1888 14,179 1,398 12,781
1890 14,689 2,133 12,556
1891 16,983 771 16,212
1892 17,639 2,117 15,522
1893 19,523 1,995 17,528
1894 19,218 2,617 16,601
La historia del crecimiento demográfico en ambas partes de la isla es muy rica y compleja, y los factores que han influido en la evolución de cada caso son bastante específicos y requieren de amplias explicaciones.
Aun así podemos resumirlos diciendo que en el curso de los últimos 165 años la mortalidad en Haití, en relación con la natalidad, ha sido muy superior a la dominicana.
Ha habido épocas en que la fecundidad de ambas poblaciones han sido bastante parecidas, pero la fertilidad haitiana ha sido menor debido a que la población haitiana ha exhibido mayores tasas de mortalidad infantil.
Ese es un factor muy importante, pero hay otro igualmente significativo es la menor esperanza de vida de la población de ambos países pues mientras los dominicanos tienden a vivir más años, los vecinos haitianos viven, en promedio, unos diez años menos.
Un factor adicional es la emigración. Desde hace muchas décadas los haitianos han emigrado continuamente desde su país hacia los Estados Unidos, Canadá y Francia, y desde principios del siglo XX estuvieron emigrando hacia otros destinos en el Caribe, como Cuba, Panamá y las Antillas francesas, y hasta África occidental.
En otras palabras, la emigración haitiana es más temprana que la dominicana, y hoy supera en más de medio millón de personas a los dominicanos en el exterior.
Por todas esas razones, más otras que no hemos apuntado, los demógrafos estiman hoy la población dominicana en unos 10 millones de personas, en tanto que la haitiana es estimada en 8 millones, en claro contraste con el año 1844 cuando la población dominicana apenas alcanzaba a 126,000 habitantes mientras la haitiana ascendía a unas 600,000 personas.
De haber habido demógrafos estudiando la evolución de la población dominicana en el siglo XIX, éstos se habrían dado cuenta temprano de que, tarde o temprano, los dominicanos superarían en número a los haitianos.
Hoy hemos podido calcular las tasas del crecimiento poblacional en la parte oriental de la isla, y sabemos que éstas anduvieron en un promedio de 2.4 por ciento anual, para acelerarse a mediados del siglo XX hasta crecer a más de 3 por ciento cada año.
Con esta última tasa una población tiende a duplicarse cada veinte años, y por ello los demógrafos dicen que la República Dominicana experimentó una revolución demográfica entre 1935 y 1960.
Hoy, esas tasas han sido reducidas por la aplicación de políticas de planificación familiar y control de la natalidad, y la tasa de crecimiento poblacional dominicana es de 1.6 por ciento al año, pero en el siglo XIX y toda la mitad del siglo XX el fenómeno fue muy distinto.
Indicadores del alto crecimiento demográfico dominicano son los registros de nacimientos y defunciones en las oficinas del Estado Civil del país.
Después de la catástrofe producida por la Revolución Haitiana, el Tratado de Basilea, las invasiones haitianas de 1801 y 1905, y sus secuelas, una de las primeras personas que intentó determinar las causas de la recuperación demográfica fue el Cónsul británico en Puerto Príncipe, Charles Mackenzie, quien visitó las oficinas del Estado Civil en Santiago de los Caballeros.
Allí encontró Mackenzie que los nacimientos superaban a las defunciones en una proporción de cuatro por uno, según el promedio de los cinco años previos a su visita, esto es, de 1823 a 1827. Por contraste, en Cabo Haitiano el registro civil indicaba 2,514 nacimientos contra 2,065 defunciones.
Después de analizar otros registros de otras partes del país, Mackenzie concluyó que le era muy difícil extraer una conclusión válida por falta de un registro total para ambas partes de la isla, y porque encontró notables diferencias entre Cabo Haitiano y la ciudad de Gonaïves, en donde los nacimientos registrados en 1825 1826 fueron 627 y las defunciones 243, una situación más parecida a Santiago que a Cabo Haitiano.
La otra razón por la que Mackenzie no podía sacar conclusiones definitivas era que debido a la dispersión de la población rural debió existir una alta cantidad de casos de nacimientos y muertes que nunca fueron registrados oficialmente.
El subregistro, la falta de informaciones adicionales concernientes a los patrones de mortalidad que afectaban la esperanza de vida al nacer, así las epidemias y enfermedades que influían directamente en la dinámica demográfica, hacen imposible calcular hoy con precisión las tasas reales de crecimiento y por ello lo que tenemos son tasas estimadas a partir de los registros parroquiales y censos comunales y municipales.
Como quiera, siguen siendo útiles los datos del registro civil como un indicador de la rápida recuperación cuantitativa de la población dominicana en el siglo XIX, antes de que la República Dominicana comenzara a levantar censos nacionales, cosa que empezó a ocurrir a partir de 1920.
En una obra de reciente publicación ("Censos municipales del siglo XIX y otras estadísticas de población"), compilada por Alejandro Paulino Ramos, y publicada por el Archivo General de al Nación, tenemos una extensa muestra de registros de nacimientos y defunciones en algunos pueblos del país en los años posteriores a la guerra de la Restauración.
Agregados por pueblos y parroquias, las cifras de nacimientos y defunciones pueden ser resumidas en la siguiente tabla nacional, comprendiendo los años 1883-1894:
Como se ve, en los diez años consignados la población recibió más de 100,000 personas nuevas porque la natalidad fue consistentemente más alta que la mortalidad.
Esos datos fueron publicados originalmente en el "Boletín Eclesiástico" de la Arquidiócesis de Santo Domingo, luego de haber consolidado los informes parroquiales que se enviaban anualmente desde todo el país.
Las cifras no son totalmente exactas pues equiparan bautizos con nacimientos, y por ello difieren levemente del registro civil del Estado dominicano, como se observa comparando las cifras del año 1897.
El subregistro, la falta de informaciones adicionales
concernientes a los patrones de mortalidad que
afectaban la esperanza de vida al nacer,
así las epidemias y enfermedades que influían
directamente en la dinámica demográfica, hacen
imposible calcular hoy con precisión las tasas reales
de crecimiento y por ello lo que tenemos son tasas
estimadas a partir de los registros parroquiales
y censos comunales y municipales.
En ese año el registro civil del Estado dominicano reportó 14,580 nacimientos y 2,352 defunciones, esto es menos nacimientos y más muertes que el Arzobispado de Santo Domingo. A pesar de estas disparidades, que el demógrafo y el historiador deben tomar en cuenta, estas cifras, y otras similares para otros años, son el mejor indicador que tenemos del crecimiento demográfico en la segunda mitad del siglo XIX.
Para completar este cuadro es importante que los investigadores vayan a los archivos locales guardados hoy en el Archivo General de la Nación, pues allí también aparecen datos demográficos, estadísticas vitales y las cifras del registro civil.
Véase, por ejemplo, el segundo volumen de la útil obra compilada por Alfredo Rafael Hernández Figueroa, con eo título "La Vega, 25 años de historia 1861-1886: Reorganización de la provincia post restauración". En esta obra se reproduce un informe de la Oficialía del Estado Civil del 31 de agosto de 1867, en el que se consigna que en ese mes hubo en aquella provincia 168 nacimientos y 56 defunciones. Estos datos son consistentes con las tendencias señaladas anteriormente.
En varios de los censos comunales y provinciales realizados en el país, particularmente en la región del Cibao y en Santo Domingo, en el último cuarto del siglo XIX, también hay noticias del visible crecimiento de la población nacional, y de las diferencias notables entre nacimientos y defunciones, a pesar de haber padecido una epidemia de poliomielitis y otra de viruelas, de las cuales hablaremos en un próximo artículo.
Mientras tanto, aquí van estas notas para motivar a otros investigadores a continuar la búsqueda de estos datos demográficos en los archivos nacionales hasta que podamos armar series continuas de nacimientos y defunciones, así como de otras estadísticas vitales, que nos permitan comprender mejor los orígenes de la revolución demográfica que vivió el país a mediados del siglo XX.
Nacimientos y defunciones
Año Nacimientos Defunciones Diferencia
1883 13,265 1,945 11,220
1885 13,509 1,889 11,620
1886 12,420 1,803 10,217
1887 14,618 1,675 12,943
1888 14,179 1,398 12,781
1890 14,689 2,133 12,556
1891 16,983 771 16,212
1892 17,639 2,117 15,522
1893 19,523 1,995 17,528
1894 19,218 2,617 16,601
Diario Libre
Diario Libre