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Música, maestro

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Música, maestro
"Fiesta", de Yoryi Morel.

Desde muy temprano, los viajeros y cronistas que describieron la sociedad y el paisaje de la isla de Santo Domingo dejaron noticias acerca de la pasión por el baile y la música entre los dominicanos.

Gonzalo Fernández de Oviedo, quien vivió en la ciudad de Santo Domingo a mediados del siglo XVI, habló de la música y los instrumentos musicales de los taínos, y hasta dejó un dibujo de un tambor taíno llamado por los indios mayahuacán.

Este tambor era utilizado para poner ritmo a sus bailes y cantos, los areítos, que también fueron mencionados por Bartolomé de las Casas y otros cronistas que escribieron acerca de la sociedad colonial en los mismos años en que Fernández de Oviedo redactaba su "Historia General y Natural de las Indias".

Los españoles también trajeron consigo sus melodías y canciones, y sus instrumentos musicales. En diversos documentos de los siglos XVI y XVII se mencionan personas provenientes de España que tocaban música.

La vihuela, el tres y el cuatro, variantes tempranas de la guitarra moderna, fueron los instrumentos más populares en aquella época.

Junto con los esclavos de África llegaron sus tambores y sus ritmos, sus melodías y sus danzas. Extinguidos los taínos, poco debió quedar de sus areítos, aunque hay personas que sostienen que algo debió transmitirse y perpetuarse de la música taína.

Como no hay registros escritos de esa herencia, los académicos piensan que la música dominicana y caribeña son productos del sincretismo afro-europeo. Probablemente sea así, pero todavía hoy se mantiene viva la discusión acerca de los orígenes de la música dominicana.

Numerosos libros y estudios así lo atestiguan. Nada más hay que recordar los estudios pioneros de Flérida de Nolasco, "La Música en Santo Domingo" (1939) y "Vibraciones en el Tiempo" (1948), en los cuales esta autora insiste, con argumentos históricos y musicológicos, que mucho de la música criolla proviene de la contradanza española, así como de otros géneros peninsulares.

Emilio Rodríguez Demorizi, en varios escritos y, particularmente, en su obra "Música y Baile en Santo Domingo" (1971), se adscribe a las tesis de Flérida de Nolasco y habla de un género de música habanera, de la cual pudo haberse derivado el merengue dominicano primitivo.

Ambos autores han sido contestados varias veces por escritores posteriores que resintieron y rechazaron la exclusión de elementos africanos en la música dominicana, como es el caso del merengue, los palos, la mangulina y el carabiné, entre otros.

De entre éstos se destacan René Carrasco, "Album de la Cueva Colonial y "Lo Que se Pierde en Santo Domingo"" (1965), y Fradique Lizardo, en sus obras (La Canción Folklórica en Santo Domingo" (1975), Danzas y Bailes Folklóricos Dominicanos" (1975) y "Cultura Africana en Santo Domingo" (1979).

El historiador haitiano Jean Fouchard, también cuestiona las tesis hispanistas de Nolasco y Rodríguez Demorizi en su obra "La Méringue: Dance Nationale d´Haïti" (1973), al tiempo que explora el origen de la palabra merengue y piensa que podría provenir de Mozambique.

En su obra, Fouchard también aporta otras tesis. Una de ellas es que el carabiné nació en el campamento de las tropas haitianas de Dessalines durante el cerco que este general haitiano impuso a la ciudad de Santo Domingo en 1805. Ese campamento estaba en la estancia de Galá, que entonces quedaba en las afueras de la capital.

Las obras mencionadas anteriormente son importantes porque, aparte de las investigaciones que las respaldan, mantuvieron vivo un debate que, como hemos dicho, continúa en el presente.

Quien mejor estableció los términos académicos de este debate fue el historiador y musicólogo norteamericano J. M. Coopersmith, en una obra ya clásica titulada "Música y Músicos de la República Dominicana" (1949), editada entonces por la Unión Panamericana, luego de haber publicada en dos partes en "The Musical Quarterly" en enero y abril de 1945.

El trabajo de Coopersmith vino a complementar la obra de Julio Arzeno, "Del Folklore Musical Dominicano" (1927), y durante muchos años fue la fuente más rica sobre este tema hasta que empezaron a aparecer otros trabajos académicos que han ido particularizando la visión de los distintos géneros de música dominicana.

Uno de estos estudios modernos es Paul Austerlitz, "Merengue: Dominican Music and Dominican Identity" (1997), reeditada recientemente por la Secretaría de Estado de Cultura con el título "Merengue: Música e Identidad Dominicana" (2007).

Mientras Austerlitz realizaba su investigación sobre el merengue, otra etno-musicóloga norteamericana, Deborah Pacini Hernández realizaba sus pesquisas sobre otro género dominicano, la bachata. De su tesis doctoral salió la obra "Bachata: A Social History of A Dominican Popular Music" (1995), que espera una edición dominicana.

Como se ve, la música criolla también tiene su historia, y esta historia es muy rica y ha sido explorada por muchos autores desde diversas perspectivas.

Una muestra de esas perspectivas la encontramos en la obra "El Merengue en la Cultura Dominicana y del Caribe" (2006), que resultó del Primer Congreso Internacional "Música, Identidad y Cultura en el Caribe", celebrado en el Centro León, de Santiago en abril del 2005.

En esta obra cincuenta autores provenientes de casi todas las ramas de las ciencias sociales y de la música, exploran el merengue desde sus orígenes hasta nuestros días, y estudian sus variantes y manifestaciones culturales, así como sus funciones sociales y culturales, y hasta su importancia económica en la República Dominicana.

Un año antes de la celebración de ese evento, Carlos Velásquez y Alejandro Ureña publicaron en Nueva York una obra titulada "El Merengue y la Bachata" (2004), en la cual trazan, para el gran público, la evolución de ambos géneros musicales.

Otros autores que también han publicado obras novedosas sobre este mismo tema son José Del Castillo y Manuel García Arévalo, "Antología del Merengue" (1989), y Carlos Batista Matos, "Historia y Evolución del Merengue" (1999).

Como en el merengue y otros ritmos no todo es ejecución instrumental ni partituras, pues también hay baile, emociones y comunicación, el académico Darío Tejada publicó una rica y bien documentada síntesis del baile y la música de la República Dominicana.

Tejada tituló su obra "La Pasión Danzaria" (2002) y la publicó en el país después de haber ganado en 2001 el Premio de Musicología de la Casa las Américas, en Cuba.

Muy ajustado es el título escogido por Tejada para su ilustrativa obra en la cual el lector puede seguir la evolución de los bailes criollos, desde las primeras danzas importadas por los esclavos negros desde África, hasta las bachatas de Juan Luis Guerra y Víctor Víctor, en nuestros días.

El título de la obra de Tejada proviene, acertadamente, de un párrafo de la obra del cronista francés Jean Baptiste Labat, quien viajó por el Caribe a mediados del siglo XVII y quedó impresionado con el entusiasmo por los bailes de las poblaciones esclavas y criollas de las Antillas.

Decía Labat, citado por Tejada: "El baile es en Santo Domingo la pasión favorita, y yo no creo que haya pueblo en el mundo que sea más apegado a la danza. La pasión por la danza va más allá de toda imaginación...todos parecen que han viajado desde el vientre de sus madres".

En otros pasajes de su obra, Tejada cita también a Otto Schoenrich, quien visitó Santo Domingo a principios del siglo XX y pudo constatar que "de todas las diversiones ninguna atrae tanto a todas las clases de la población como el baile" (Otto Schoenrich, "Santo Domingo, A Country with a Future", 1918, con edición en español de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, en 1977).

Los títulos mencionados en este artículo son apenas una muestra de la abundante literatura existente acerca de la música y los bailes dominicanos. En otra ocasión volveremos al tema.

Decía Labat, citado por Tejada: "El baile es en Santo Domingo la pasión favorita, y yo no creo que haya pueblo en el mundo que sea más apegado a la danza. La pasión por la danza va más allá de toda imaginación...todos parecen que han viajado desde el vientre de sus madres"