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Delincuencia
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Nuestra vida nos ha cambiado

Desde hace algunos años hemos tenido que tomar medidas de seguridad lo cual ha ido cambiando nuestras vidas. Hoy se viola a mujeres, niñas y niños. Si tiene un carro y quieren robártelo, también querrán matarte. El que quiere rebasarte toca su bocina con agresión y hasta te da un tiro. Si a uno se le antoja ir por la noche al cine y luego ir a cenar a un restaurante, hay que ver quienes están a su alrededor, allí puede estar un grupo “selecto” de narcotraficantes gastando un dineral en coca-cola con ron y cerveza y pidiendo que le traigan un mangú con camarones fritos y envuelto en queso Geo, y sus oídos los ponen sobre lo que hablas pues si no les gusta lo que dices, eso te puede crear tremendo problema. Si los reconoces, levántate, sonríeles y te vas tan pronto como puedas.

Si eres rico, trata de no demostrarlo. A los delincuentes les interesa poder disfrutar de lo tuyo para comprar drogas, para disfrutar de su vida, y si te secuestran que se les pague un buen rescate aunque ya te hayan matado. Y hay que tener mucho cuidado si presencias un robo, un secuestro, cualquier hecho delictivo, pues lo saludable es llamar al 911 sin que esos maleantes te vean hacerlo. Otra cosa, no es correcto comprar DC pirateados pues se dice que los preparan los narcotraficantes de “baja categoría”. Las denuncias hay que hacerlas con mucho cuidado ante la policía y la procuraduría, y siempre y cuando te toque la tragedia

Salir a pasear e ir a algún lugar después de las 9 de la noche hay que hacerlo con mucho cuidado y a los hijos menores tratar de controlarlos. Recuerdo un mensaje radial que decía hace muchos años: “Son las 10 de la noche... ¿Sabe dónde están sus hijos?”. Ahora ni se sabe dónde van, con quién van, ni dónde están. A la mafia le encanta la noche para hacer lo que no hacen a la luz del sol. Y si sabes quienes son los vecinos, de dónde vienen y qué hacen, por lo que hay que tener un poco de distancia. Un saludo... y basta. Es preciso también esconder los cheques, las joyas, los documentos, pasaportes, cédulas, etc., y ni abrir las puertas a menos que la persona que toque el timbre sea completamente conocida. Recuerdo que mi madre decía: “Abro las puertas tan pronto me levanto para que entre en la casa la gracia de Dios”. ¿Y ahora...?

Da vergüenza estar dando estos consejos. Como si hubiésemos perdido la libertad. Este artículo lo he escrito con la base de un mensaje que me envió un amigo. Cuídense, piense y reflexione, vea de un lado para otro y de arriba para abajo. ¿Cómo está su vida?.

Moca

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